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Universidad de La Habana: 25 años protegiendo las tortugas marinas

Por: Idalma Moreno

El Programa Universitario de Estudio y Conservación de las Tortugas Marinas en Cuba realiza desde hace 25 años la noble tarea de la investigación y el monitoreo a los quelonios en las playas de la Reserva de la Biosfera Península de Guanahacabibes en el extremo más occidental del archipiélago cubano. Liderados por la Doctora en Ciencias Julia Azanza Ricardo, cada año evalúan con anterioridad las acciones a seguir en la temporada de anidación que comprende los meses de julio, agosto y parte de septiembre.

Se organiza el personal a participar, los instrumentos de trabajo necesarios y los aseguramientos que les permiten una mejor estancia en el recóndito paraje. Este año 2023, al igual que en ocasiones anteriores, llegan hasta el extremo más occidental de la isla caribeña para dar continuidad al proyecto.

A partir de la necesidad de llevar la conservación paralelamente con las investigaciones científicas, surge el Programa Universitario para el Estudio y Conservación de las Tortugas Marinas. Este programa tiene la particularidad de ser el único en el país que involucra a colaboradores voluntarios, lo cual ha permitido multiplicar los esfuerzos de conservación de especies tan amenazadas como las tortugas marinas.

Noche a noche, durante varios meses en el año, las playas del sur del Cabo de San Antonio acogen las tres especies de tortugas en una de las zonas de anidación más extensas del archipiélago cubano: Chelonia mydas (Tortuga verde), Caretta caretta (Caguama) y Eretmochelys imbricata (Carey), en ese mismo orden es el nivel de arribo a la Península.

Allí se reúnen los voluntarios y especialistas del Parque Nacional Guanahacabibes para recorrer las playas durante el horario nocturno, con el objetivo de cuantificar la cantidad de ejemplares que suben a hacer los nidos en la arena.

Durante casi tres meses ocupan los campamentos de las playas señaladas, mientras otros prefieren las casas de campaña. Cada noche, como hormigas laboriosas, marcan nidos, miden especímenes, estudian eclosiones, siguen rastros, cuentan la cantidad huevos, también el total de nidos, los cuales son señalizados  e identifican la fecha entre otros datos de interés con el objetivo de recopilar información crucial para la conservación de los quelonios.

Cada equipo de trabajo permanece durante 15 días, hasta que es relevado por otros voluntarios, quienes continúan el monitoreo otras dos semanas. Así transcurren los días, hasta finalizar el estudio de la temporada a mediados de septiembre.

Según los datos del proyecto, las tortugas salen en su gran mayoría entre las 11 de la noche y la una de la madrugada y pueden poner en cada anidación entre cien y 200 huevos. Sin embargo, pueden llegar a depositar cerca de unos 500 huevos en toda la temporada. No obstante, las estadísticas apuntan que solo algunas de cada mil tortugas nacidas llegarán a ser adultas, por los depredadores.

Al nacer, los neonatos tienen que recorrer largas distancias, desde el nido hasta el mar. En el trayecto, existe el peligro de los cangrejos y otros animales. Una vez en el mar, son devorados también por los peces.

Año tras año, las tortugas regresan a las playas en que nacieron; hacen el mismo recorrido, en sentido inverso, que debieron hacer para luchar por sus vidas al salir del nido en que 50 días antes, sus persistentes madres las pusieron, dentro de pequeños huevos en hoyos que hicieron ellas mismas en la arena.

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