Estás aquí

La moda del jaboncillo

Muy a tono con la moda “ecológica” que se extiende por el Norte Global, empresas transnacionales venden una alternativa “eco-amigable” de detergente, etiquetada como orgánica, hipoalergénica, biodegradable, vegana y no testada en animales.

Por Diana Rodríguez-Cala

Sociedad Cubana de Botánica

Muy a tono con la moda “ecológica” que se extiende por el Norte Global, empresas transnacionales como Ecozone de Reino Unido y NatureOli, Shep’s y la ONG Greenwill de Estados Unidos, venden una alternativa “eco-amigable” de detergente, etiquetada como orgánica, hipoalergénica, biodegradable, vegana y no testada en animales (http://www.amazon.com/Ecozone-Hypoallergenic-Organic-Soap-Nuts/dp/B00DI7J8AK).

Este producto, que se ha hecho muy popular entre aquellos ciudadanos del Norte Global afanados en disminuir su huella ecológica, se trata de los frutos de árboles tropicales del género Sapindus, entre los que sobresale en América Sapindus saponaria. Resulta que el uso de los frutos de esta especie como medicina, repelente de insectos,  detergente y artesanía, es parte del acervo cultural tradicional de muchos pueblos americanos, entre ellos el cubano. Así lo confirman el gran botánico cubano Juan Tomás Roig en sus libros sobre nombres vulgares y plantas medicinales, el eminente botánico puertorriqueño Pedro Acevedo en el fascículo de la Flora de Cuba correspondiente a la familia de estos árboles (Sapindaceae) y la ilustre Dra. Ramona Oviedo Prieto, de las botánicas cubanas más importantes en la actualidad.

 

Este detergente “ecológico” cuenta con más de diez certificaciones, entre las que se destacan “naturally sourced“ (las fuentes son poblaciones naturales) y “fair trade“ (comercio justo). Sin embargo, dónde y cómo estas empresas anglosajonas se abastecen de estos frutos de forma justa y sin promover plantaciones, no aparece claramente en las descripciones del producto. Mientras tanto, parte del patrimonio natural y acervo cultural milenario de una región es vendido por empresas y ONGs foráneas. El “Protocolo de Nagoya”, acuerdo firmado y ratificado por varios países de América tropical como Cuba y también por el Reino Unido (www.cbd.int/abs/about), precisamente busca contribuir a la erradicación de este tipo de situaciones.

Este acuerdo es suplementario al Convenio de Diversidad Biológica, con el objetivo de propiciar una infraestructura legal para la justa y equitativa compartición de los beneficios originados del uso de los recursos genéticos de un país o región. ¿Será que la venta de este detergente por parte de Ecozone o de NatureOli, se revierte en beneficios justos y equitativos para la tierra nativa de Sapindus? Las etiquetas en los productos pueden decir muchas cosas y a la vez desvirtuar ciertas realidades.

 

En Cuba Sapindus saponaria es conocido como jaboncillo o meao de caballo. Es un árbol que persiste en zonas modificadas por el desarrollo de la sociedad cubana, específicamente en las ciudades y pueblos costeros de todo el país como Playa y Cojímar en La Habana, o Melena del Sur, Batabanó y Quivicán en Mayabeque. Se usaba no solo como detergente, sino como árbol medicinal contra la fiebre y los problemas del riñón, y como ingrediente del tradicional pru. Pero esa tradición ha sido olvidada o relegada a una práctica que simboliza el atraso, la pobreza y la escasez de recursos, lo cual no podría estar más alejado de la verdad, y por demás se opone a lo que actualmente simboliza el detergente de jaboncillo en Europa y Estados Unidos. Toda una paradoja: la población cubana sufre el desabastecimiento en productos de aseo, pero en su tierra se dan los frutos de un árbol reconocido desde hace milenios por sus propiedades como detergente y que se hace moda en el mal llamado “primer mundo”. ¿Qué pasa entonces que en Cuba esta práctica no hace común? ¿Es desconocimiento, desprecio, o ambos? Son varios los factores que convergen para dar lugar a esta paradoja. La herencia genética y cultural de 400 años de colonialismo invisibiliza nuestras ventajas, esa errónea percepción de inferioridad que aqueja a los criollos todavía hoy, incluso tras un proceso de emancipación tan cruento y sacrificado. A eso se suma la globalización intencionada y maliciosa de la sociedad de consumo, lo que sin dudas hace mella en nuestra capacidad de reconocer y aprovechar sosteniblemente las potencialidades de nuestro territorio. Otro tanto no menos importante lo pone la deficiente educación en torno a la biodiversidad e historia ambiental cubana y caribeña.

Se hace necesario que la educación en Cuba aborde profundamente las interrelaciones entre la historia, el postcolonialismo y la diversidad biológico-cultural cubana. Somos la cuna de una naturaleza única en el mundo, de la que formamos parte y con la cual tenemos el derecho y el deber de interactuar de forma sostenible. Ahora que la situación derivada del covid-19 deja más tiempo a la reflexión en soledad, se impone meditar qué sabemos y cómo valoramos la naturaleza cubana, y qué problemas cotidianos podemos resolver con el uso sostenible de la biodiversidad local.

 

Agradecimientos:

A la Lic. Arlet Meno por las fotos del producto comprado a través de Amazon. A la Dra. Ramona Oviedo Prieto por las fotos del árbol en Batabanó y sus enseñanzas sobre la flora cubana. Al Dr. Duniel Barrios por la foto de su recolecta de frutos en Quivicán.

Reseña bibliográfica de la autora:

La autora se licenció en Ciencias Biológicas de la Universidad de La Habana en 2015. A partir de ese año comenzó a trabajar en el Herbario Nacional de Cuba “Onaney Muñiz“ del Instituto de Ecología y Sistemática (Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente) hasta 2019. Durante ese tiempo hizo un master en Ecología y Conservación en la Universidad de Aberdeen, Escocia, Reino Unido. Actualmente se desempeña como Vocal de la Sociedad Cubana de Botánica, cargo que asumió desde 2018, y Autoridad Lista Roja del Grupo de Especialistas en Plantas Cubanas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Ha trabajado temas de ecología, conservación de biodiversidad y educación ambiental.

 

 

8 comentarios en “La moda del jaboncillo

  1. Completamente de acuerdo con Diana Rodriguez-Cala, a pesar de que la biodiversidad pueda ser un tema transversal en nuestros programas de estudio, se necesita mejores formas de lograr la verdadera compresión del valor de nuestra biodiversidad, su altisimo valor de uso y sobre todo su importancia para la subsistencia de nuestro pueblo y su soberanía en todos los sentidos, así como nuestra responsabilidad ética para con su uso y manejo de forma sustentable.

Deja una respuesta