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Mucho más que películas y corales: Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano

Por: César Gómez Chacón

Cuando celebramos la edición 44 del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, y en medio de las actuales circunstancias de Cuba y del mundo, la cita del celuloide en La Habana se muestra –una vez más– como plataforma propicia para el intercambio y la defensa de lo mejor del séptimo arte en esta parte del planeta.

Considerado una de las citas culturales más importantes de los países desde el Río Bravo hasta la Patagonia, y de aquellos que integran el Caribe, el evento organizado por el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC), es mucho más que la proyección de películas, documentales y otros audiovisuales que compiten por un premio en la capital cubana.

Lo que algunos pretenden rebautizar y minimizar como el “Festival de La Habana” es, desde su fundación en 1979, una trinchera donde se salvaguardan los mejores ideales descolonizadores e integradores de nuestros pueblos de América.

Contemporaneidad, junto a lo mejor de las tradiciones artísticas en la región, son cartas de presentación en cada una de las 44 emisiones de un festival nacido en la profundidad del pensamiento y la acción de hombres como Fidel Castro, Gabriel García Márquez, Alfredo Guevara, Fernando Birri, Humberto Solás, Santiago Álvarez, Julio García Espinosa, y muchos otros intelectuales revolucionarios latinoamericanos.

Por eso, el evento que transcurrirá del 8 al 17 de diciembre de 2023 bajo el eslogan “Luz verde ¡acción!”, es un nuevo reto que situará, pantalla grande mediante, a la isla mayor del Caribe en el centro de los debates en pos de ese mundo mejor y esperanzador que merece el continente y la humanidad toda.

El 44 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, de modo presencial pero sin descartar lo virtual, es también un acto de resistencia anti hegemónica, en momentos cuando las nuevas tecnologías parecen tragarse en los dispositivos móviles la magia de disfrutar las mejores creaciones audiovisuales en la complicidad de la sala a oscuras, donde cientos de corazones palpitan, lloran y ríen a la vez.

Más allá del Coral

De unas 2 mil obras inscritas a la cita de este 2023, los organizadores  del festival anunciaron en conferencia de prensa la exhibición de 199 películas de 19 países. Solo una ínfima parte de ellas se llevarán a casa los codiciados premios Corales que otorgan los Concursos de Ficción, Documental y Animación, Óperas Primas, Guiones Inéditos y Carteles.

Un jurado integrado por importantes personalidades del cine y otras disciplinas del arte y la literatura tendrán a su cargo, como en cada edición, el reconocimiento de aquellos materiales cuya significación y valores artísticos contribuyan al enriquecimiento y reafirmación de la identidad cultural latinoamericana y caribeña.

De igual forma, instituciones diversas de la cultura cubana e internacional entregarán sus respectivos premios a aquellas realizaciones que más atraigan la atención del público a sus intereses específicos.

Argentina, Brasil, México, Colombia y Chile serán los países más representados, mientras Cuba, en su calidad de anfitrión, expondrá una treintena de títulos.

Pero Festival del Nuevo Cine Latinoamericano ha sido siempre un acontecimiento que rebasa las paredes de las salas de proyección. Encuentros y seminarios, paneles y exposiciones, una muestra de lo mejor de la producción cinematográfica contemporánea de otras áreas del mundo, se unen a conciertos al aire libre, tertulias al sabor de un café o de un sabroso mojito criollo; así como la siempre esperada y agradecida presencia de estrellas del celuloide nacional y mundial.

Todo ello conforma el ambiente que vivirá por estos días la siempre seductora capital de los cubanos.

Se trata además, de un evento cinematográfico aderezado –como ningún otro– por la asistencia de un público ávido, porque conocedor, que repletará las salas de cine, y las actividades colaterales del festival, lo que ha sido desde su edición inaugural hace 44 años el sello más distintivo de los encuentros habaneros.

No hay secretos ni cartas escondidas en este esfuerzo enorme que hacen las autoridades cubanas por mantener anualmente la realización del festival, aún en medio de carencias económicas y materiales, de amenazas y de presiones imperialistas.

Defender y contextualizar el concepto del “nuevo cine” es hoy más importante que nunca, cuando tanta bazofia enajenante es producida y sostenida por millonarias casas productoras de un mundo que se pretende unipolar.

Proteger y amparar el patrimonio cinematográfico latinoamericano de la competencia del mercado de la ignorancia y de la no-ética, es cuando menos una necesidad de subsistencia, un grito a conservar y visibilizar lo más auténtico de nuestras raíces independientes.

Agreguemos solo dos paréntesis a una declaración dada a conocer recientemente por la Asociación Hermanos Saíz, organización que agrupa a los jóvenes intelectuales revolucionarios cubanos. Sea ésta  la mejor invitación al 44 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano en La Habana:

“Que la herejía de nuestro cine cubano (y latinoamericano) venga acompañada siempre de la belleza, la dignidad y el amor a nuestro país (y a nuestros pueblos del Sur)”.

 

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