Sumario: Una mujer, madre, docente, investigadora, comunicadora: Anita Fernández de Careaga, de la tercera generación de las Madres de Plaza de Mayo revela su historia y su amor por Cuba en entrevista con Cubavisión Internacional.
Por: Bárbara Doval Martínez.
En pleno período especial llegó a Cuba, cuentan que recién operada pero no quiso perder la oportunidad. En un Concierto de Buena Fe con el tararareo de sus canciones le conocí. Luego la vi en una convocatoria que hizo la Upec a compartir experiencias en uno de los más pobres barrios habaneros. Más tarde he escuchado su voz entre las participantes del Coloquio Patria.
Habla de paz, de tejer redes, de ofrecer espacio a las voces de todos. Va con una historia grande sobre sus hombros y más que aparentar fatiga, ofrece siempre una sonrisa. Desde su sencillez se mueve inmensa por La Habana.
-¿Por qué Cuba una y otra vez, tiene que ver Esther Ballestrino de Careaga?
– Cuba, una y otra vez, sí, tiene que ver con con Ester Ballestrino. Tiene que ver con todo, en realidad. Yo desde que desde que soy pequeña, soñaba con conocer esta isla, que se me hacía ejemplo de lo que habían soñado las y los 30. 000 en Argentina, que fue una derrota que costó muy cara.

“Es lo que había soñado mi abuela. Mi abuela fue invitada por la Revolución Cubana en su primer año y fue embarazada de mi mamá en el 60. Era el único lugar que yo quería conocer viajando sola, sin nadie que me acompañe, porque desde que tengo uso de razón, Cuba está bloqueada.”
Un bloqueo económico y un bloqueo también mediático. Los medios hegemónicos dan las noticias que quieren, tergiversadas y mentiras abismales. Yo quería conocer por mí misma esta Tierra y cuando la conocí me enamoré. Me enamoré de sus lazos solidarios, del ayudar a los demás, del compartir lo que hay. Pese a estas dificultades que siempre atravesó, tiene un desarrollo que otros países sin bloqueo no tienen. Y una solidaridad y un compromiso el uno con el otro, la una con la otra, que a veces parece natural, pero no lo es.
“Así que sí, tiene que ver con Esther, tiene que ver con las y los 30.000 y tiene que ver conmigo. Cuba es mi lugar en el mundo.”
Anita Fernández es de una estirpe de mujeres valientes que defendieron la vida por encima del horror. Madre y abuela ambas conocieron el significado de perder a un ser querido por el sólo hecho de amar la vida. Ambas fueron víctimas de la dictadura en Argentina. Su madre Ana María de Careaga estaba embarazada

“Sí, vengo de una estirpe de mujeres valientes. En verdad, somos mujeres que amamos a la vida y, como dice Eladia Blázquez, no es lo mismo transcurrir que honrar la vida.
“Mi mamá, Ana María Careaga fue secuestrada cuando tenía 16 años, en una zona muy céntrica de la ciudad de Buenos Aires, en plena luz del día. Estaba embarazada de menos de tres meses, embarazada de mí. Fue secuestrada, la llevaron a un campo de concentración, que hoy sabemos que se llamó Club Atlético, un campo de concentración de tortura y exterminio.
“La despojaron de absolutamente de todo de su ropa, sus cosas, su pelo, incluso su nombre. Pasó a tener una letra y un número. Fue brutalmente torturada.”
Ella, en un primer momento, no dijo que estaba embarazada para tratar de protegerme. Y luego, cuando se enteraron que estaba embarazada, la castigaron también por haber mentido. La tortura era constante.
La tortura en su propio cuerpo y también la tortura de oír los gritos de otras compañeras, compañeros que estaban secuestrados en las mismas condiciones. La comida, el lugar nauseabundo. Todos los meses que estuvo ahí, estuvo con los ojos tapados, tabicados, una venda en los ojos y con cadenas en los pies.
Mi abuela salió a buscarla, como las madres buscaban a sus hijos, desesperadamente, y se fueron encontrando con otras madres. Ahí se formó el movimiento de Madres de Plaza de Mayo para, entre todas, ayudarse a buscar a sus hijas e hijos. Mi mamá cumplió 17 años en el campo de concentración.

Ella tuvo todo su embarazo sin ningún control médico, torturada, sin alimentarse, en esas condiciones. No pensaban que ello iba a nacer. Pero bueno, Suecia fue el primer país que nos dio asilo, así que hacia allí fuimos.
En esa época, tenían derecho a dos llamadas. Hicieron una llamada cuando llegaron para avisar que habían llegado y dejaron la otra para ver, qué pasaba conmigo. Cuando nací, mi mamá llamó para avisar que había nacido y ahí se enteraron que tres días antes habían secuestrado a mi abuela, Esther Ballestrino de Careaga.
En una carta escrita por Esther a su hija, la madre de Anita le confiesa lo terrible que fue sentir que estaba desaparecida, que aunque no había entonces sentido la tortura física, ya eso era una tortura . “Una vez estaba en la calle se cruzó con mi abuelo, su marido, y no lo reconoció.”
“Me angustia mucho pensar que de pronto ambas estaban viviendo esa otra situación de tener a tu familiar desaparecido y de sentir en carne propia lo que había sentido una de la otra. Pero bueno, pese a todos los pronósticos, pese a toda la pérdida, siempre apostamos a la vida, como apostó mi abuela, porque podría haber ido a Suecia, ella también tenía la protección de ACNUR y no quiso, volvió a la Argentina con las madres.”
“Las madres le dijeron qué haces acá si ya recuperaste a tu hija y ella dijo yo voy a seguir hasta que aparezcan todos y bueno, luego la secuestran, fue víctima de los vuelos de la muerte, que es una forma que encontraron los genocidas para deshacerse de los cuerpos que era arrojando a sus víctimas vivas al mar. “
“En el 2005, como decían las madres, el mar no quiso ser cómplice y devolvió los cuerpos de las tres madres de una de las monjas francesas que fue secuestrada en el mismo operativo y hoy esos restos están sembrados en la iglesia de la Santa Cruz, pese a que mi abuela no era religiosa, pero esa fue la última tierra libre que sus pies pisaron, dicen los fieles, y ahí descansan sus restos. Yo digo que la vida y honrar la vida siempre puede más.”
“Decían que yo no iba a nacer y nací. Mi mamá, estaba embarazada de menos de tres meses, en mi primera formación, y por las torturas que recibió, hubo material genético que tenía que ir a un lugar y fue a otro, tuve varias operaciones, me dijeron que no iba a poder tener hijos y tengo dos hijos maravillosos que también honran la vida.
Hay que ser valiente, hay que honrar la vida por mi abuela, por mi mamá, por las y los 30.000 y por todos los pueblos del mundo porque nos merecemos un mundo más justo para todas y todos.
– ¿Qué ha perseguido el Podcast Mujeres al Sur?
El Podcast Mujeres al Sur es darle voz a las y los que no tienen voz, es hablarle a los que el poder real no les habla, es incluir a los excluidos y es además, comunicar nuestras propias identidades como pueblo, como mujeres, muchas veces borradas de la historia, pero no solo las tragedias que atravesamos, también nuestro arte, nuestra cultura, nuestros amores.
El podcast de Mujeres al Sur atravesó desde nuestras músicas, nuestras escrituras, nuestros colores, hasta las grandes injusticias que hemos vivido, hasta el trabajo cotidiano que muchas veces recae en nosotras, que normalmente cae en las más excluidas, en general en lo que sea trabajos de cuidados, recae en mujeres más humildes. Fue un poquito de cada cosa, pero sobre todo es tejer redes, no van a poder romper nuestro tejido social, eso es lo que quiere este sistema, ¿no?, aislarnos, cada uno en su mundo, cada uno se encarga de uno y acá no, acá somos mujeres tejiendo redes, apoyando unas a otras, dándonos voz, acompañándonos, la verdad que fue un proyecto extraordinario.
-Otro proyecto que defiendes es Radio Caput. ¿Qué persigue?
“Radio Caput nació como símbolo de resistencia cuando ganó Mauricio Macri en Argentina. Muchas compañeras y compañeros se quedaron sin trabajo. La situación era muy compleja y Juan Martín Ramos Padilla, que tenía un cargo de dirección y renunció cuando gana Macri, no podía trabajar en Derechos Humanos con un gobierno que no respeta los Derechos Humanos.”
“Él es periodista y se le ocurrió hacer esta radio. Una radio que le dio voz a muchos periodistas, comunicadores que se quedaron sin sus espacios y que creció no solo para hablarle a los demás, para comunicar y llegar con nuestros espacios a donde los medios hegemónicos no quieren llegar, sino también para hablarle a nuestra gente, para darle esperanza a nuestra gente. Uno también le tiene que hablar a su propio público y Radio Caput hizo las dos cosas. Fue fundamental para que el macrismo se termine, para denunciar lo que estaba pasando y ahora está en red también con otros medios comunitarios, con otros espacios.”
“Tratamos de trabajar todas y todos juntos como se hace también acá en el Coloquio Patria y un poco lo que lo que hace el Podcast Mujeres al Sur, lo que hacemos en el Patria, lo que hace Radio Caput, lo hacen muchas y muchos compañeros y la idea es transmitirnos unos a otros, trabajar en conjunto, poder romper ese cerco mediático, ese bloqueo mediático que se da en todos nuestros países. El poder real no quiere que lleguen nuestras voces y mucho menos las voces de las y los excluidos. Entonces de eso se trata, Radio Caput rompe esa barrera.
-¿Con esta quinta edición de Patria cómo fue el crecimiento?
“Yo recuerdo lo impresionante del primer coloquio, mucho más pequeño. Y fuimos avanzando y me emociona mucho. Este año, con el mundo en el que estamos viviendo, con este mundo tan terrible, tan injusto, que apunta a aniquilar .Todos los días tenemos una noticia espantosa, este coloquio nos encontró, nos dio fuerza, nos abrazó y siempre aprendo. Este año aprendí mucho, mucho, mucho de Cuba, del trabajo que están haciendo en la conexión con las provincias, que por el problema de combustible no se acercaron, sino que hicieron una conexión extraordinaria que no se cortaba, uno que va a muchos congresos y cosas siempre se cortan, no se escucha, se escuchaba todo perfecto, los intercambios extraordinarios.”
Si había un corte, se esperaba, estaban todos ahí, la verdad que funcionó muy bien y nos contaban las experiencias, cómo habían llevado a cabo algunas experiencias de comunicación, de trabajo con los barrios y fue extraordinario. Con estos intercambios de expresar cada una, cada uno, lo que hace en sus propios países, lo que tenemos en común, las diferencias y cómo se puede trabajar en conjunto, logramos romper un cerco. Nos llevamos mucho para trabajar y da esperanza. Primero porque lo pudimos hacer, porque lo hicimos muy bien y porque ya tenemos trabajo para el próximo y tenemos casa, tenemos casa patria y sabemos que vamos a avanzar más, que vamos a seguir construyendo, que vamos a seguir aprendiendo. Patria también se trata de eso, de intercambiar y de aprender, cada uno aportar su conocimiento y llevarse el otro y hacer cursos y es absolutamente necesario: educarnos, comunicarnos y tejer redes. Es patria, es patria y punto.
-¿Coloquio Patria es una de las maneras de continuar esa lucha por la justicia?
El Coloquio Patria es una de las maneras de continuar esa lucha por la justicia. Es una manera fundamental de continuar esa lucha por la justicia. En el Coloquio Patria nos encontramos muchas y muchos que buscamos ese mundo mejor, que buscamos esa justicia para todas y todos e intercambiamos, profundizamos nuestros conocimientos, nos nutrimos la una del otro y hacemos patria, patria y punto, como explica siempre Rosa Miriam Elizalde cuando ven el periódico Patria de José Martí que decía punto y pensaban que era un error y no, es patria y punto, bueno, eso es el Coloquio Patria.
La justicia más tarde que temprano o más temprano que tarde, llega. No se puede vivir en un mundo de tanta exclusión, y para que llegue tenemos que hacer estas cosas, tenemos que acompañarnos, tenemos que organizarnos, tenemos que aprender la una del otro, el uno de la otra y estar juntos porque nadie se salva solo.
-Eres una militante de batallas que interpretas por la justicia, de cara a las generaciones más jóvenes. ¿Qué crees que podemos hacer desde la comunicación?
Creo ciegamente en las juventudes. Pienso que la juventud tiene esa fuerza, esa garra, son los que pueden cambiar el mundo, son los que tienen que hacerlo. Desde la comunicación tenemos que hacer mucho porque tal vez lo que les falta a esas juventudes es conocer su propia historia y en realidad eso no es culpa de ellos, es culpa nuestra, si no pudimos transmitir las historias propias.
Siempre hay que conocer qué pasó, qué pasa para saber qué puede pasar y para transformar qué queremos que pase, para construir eso. Hay una responsabilidad nuestra muy fuerte con las juventudes que es la de comunicar, comunicar con la verdad, comunicar sin enojarnos, comunicar con nuestras experiencias, pero fundamentalmente comunicar escuchándolos a ellos y a ellas, porque si nosotros no escuchamos a nuestras juventudes no les vamos a poder comunicar, no les vamos a hablar a ellos y son ellos los que van a construir ese mundo. Nosotros los vamos a acompañar, pero son ellos, son ellos los que tienen esa cosa maravillosa que tiene la juventud, esa fuerza, esa energía, ese amor por la vida.
“Claro, no pueden tener ese amor por la vida si nosotros les decimos que no hay esperanza. Tenemos que escucharlos, tenemos que escucharlas, tenemos que trabajar junto a ellos, comunicar de manera que les pueda llegar, que podamos intercambiar, porque hay esperanza. Soy una convencida que ellos y ellas, las juventudes, nos van a acercar a ese mundo más justo que estamos buscando.
-Este año vivimos el centenario del Comandante en Jefe Fidel. ¿Compartes de manera especial algo relacionado con su vida y obra?
Este año vivimos el centenario de Fidel. Me emociona mucho, sí. Fue un hombre increíble. Esos seres humanos deberían multiplicarse, esa capacidad de pensar, esa capacidad de escuchar, esa capacidad de estar junto al pueblo, de entender lo que necesita el pueblo, de interpretarlo y de dar la vida por transformarlo, por solucionar los problemas.
Un hombre que se adelantaba, que nos decía lo que iba a suceder. Lo que hizo en materia de comunicación, lo que pensó en materia de ciencia, de cultura. Fidel representa todas las cosas que hoy en día nos quieren sacar y ahí uno se da cuenta lo necesario que es.
Quieren acabar con la salud, quieren acabar con la educación, quieren acabar con la cultura. Desprecian esas cosas. La salud va a ser solo para unos pocos, la educación va a ser para unos pocos y no va a ser de calidad y la cultura ¿para qué? No sirve, la desprecian.
Él apuntaba todas esas cosas y las trabajaba y las logró. Yo me acuerdo de adolescente, escucharlo y me maravillaba no solo que nosotras y nosotros, quienes lo admirábamos, lo escuchábamos, sino que sus enemigos se quedaban anonadados oyéndolo. Creo que hasta sus enemigos lo admiraban profundamente y por eso les daba más odio todavía. E intentaron matarlo muchísimas veces y no pudieron. No pudieron ni vivos ni pudieron muertos. Yo tengo que tener a Fidel eterno, eterno.
-¿No te cansas de luchar contra la injusticia?
Claro que no me canso de luchar contra la injusticia, por supuesto que no, soy feliz. Ojalá alcancemos ese mundo más justo y no tengamos que luchar contra las injusticias, simplemente podamos disfrutarlo. Pero bueno, la lucha siempre es con alegría y nunca me voy a cansar.

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