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Almeida, de los santiagueros y de toda Cuba (+Video)

Al extraordinario amor a la Patria, otras dos grandes pasiones sumó el Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque: la historia y la música. En la reflexión que Fidel le dedicara al morir, resaltó el hecho que aquel hubiera escrito una docena de libros y compuesto más de 300 canciones.

No obstante haber nacido en La Habana, referente especial de su peculiar idiosincrasia fue Santiago de Cuba, tierra donde, junto a Fidel y Raúl, inició y culminó con la victoria la lucha armada, y en la cual desplegó posteriormente sus grandes dotes de dirigente político y el don de líder popular, que atesoran en la memoria quienes de una forma u otra se relacionaron con él.

Punto de partida para evocarlo, en vísperas del aniversario 13 de su desaparición física este 11 de septiembre, deviene la Granjita Siboney, que concentrara a los combatientes del Moncada antes de partir hacia el cuartel el 26 de julio de 1953, y donde, en los más de 30 años dedicados al museo creado al respecto, no pocas vivencias guarda la especialista en Museología Nancy Elliott Yero.

«Siempre trató de enriquecer el valor histórico, y al conocer que habíamos localizado el auto empleado por Abel Santamaría para trabajar en los preparativos del asalto, así como los muebles originales de la casa, puso todo su empeño en rescatarlos, y al advertir deterioro en algunos objetos, no demoraba en gestionar su conservación.

«Para 1973 yo no había comenzado a trabajar en la Granjita, pero sabemos que fue idea suya convocar a jóvenes arquitectos e ingenieros para diseñar los 26 monumentos que, desde el puente de hierro sobre el Río San Juan hasta el museo, honran a los moncadistas caídos».

MANTENER VIVA LA HISTORIA

Siguiendo el curso de la historia, el Museo histórico 26 de Julio, instalado en la otrora fortaleza del Moncada, no podía quedar ajeno a esa sensibilidad del Héroe de la República de Cuba. La especialista en Museología Ana Santa Cruz Pacheco Pargas rememora momentos muy especiales de sus visitas.

«Nosotros desconocíamos que para diciembre de 2007 visitaría Santiago de Cuba el Presidente Hugo Chávez, pero veíamos el ajetreo en la instalación y un día veo entrar un auto por la posta 3, sin detenerse. La compañera que estaba de guardia le cae atrás, gritando al chofer: “oiga pare, párese ahí”, y al detenerse, y ver a Almeida descender, no sabía lo que iba a hacer.

«El Comandante la saludó y dijo, para que escucháramos todos, que ella estaba cumpliendo con su deber. Luego me pidió que lo acompañara a recorrer el museo, algo que hacía con frecuencia, y le permitía conocer el estado de la instalación, pero esta vez lo hacía con más detenimiento, pues estaba preparando la visita de Chávez.

«Para esa ocasión mandó a cambiar el mobiliario y a rediseñar el montaje museográfico, pidió taquillas para los trabajadores y otras mejoras que iría supervisando. Al salir al patio vio a un grupo de pioneros de Ciudad Escolar 26 de Julio y los llamó para tomarse fotos con ellos, pues le encantaban los niños.

«Previo al aniversario 55 de la gesta moncadista, vino con Temis Tasende, la hija del mártir José Luis Tasende de las Muñecas, y entre otras gestiones buscaba un espacio para colocar el cuadro Absuelto por la historia, que el artista Alexis Leyva Machado (Kcho) y otros pintores habían obsequiado a Fidel.

«En la sala dedicada al triunfo de la Revolución fue montada la obra que sería develada por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, aquel memorable 26 de julio de 2008. Había que ver la atención que Almeida le dio, como expresión del celo hacia el patrimonio, pues decía que aquí la historia tenía que mantenerse viva».

Fiel a ese principio, se afirma que en cada visita a la Ciudad Heroica, a Almeida marchaba directamente del aeropuerto al cementerio Santa Ifigenia, para rendirles tributo, primero al Apóstol José Martí, y luego a otros héroes y mártires, tal como confirma Martha Hernández Cobas, especialista principal de Patrimonio de la Oficina del Conservador de la Ciudad, en esta necrópolis.

«Precisamente en el centenario de la muerte de nuestro Héroe Nacional, el 19 de mayo de 1995, fue la primera vez que coincidí aquí con él. Venía para atender todo lo relacionado con la restauración del mausoleo y otros monumentos, y fue dándole un seguimiento exquisito hasta su culminación.

«Meses después, para un Festival de la Trova, estábamos ante la tumba de Pepe Sánchez y otros trovadores, bastante afectadas, y se nos acercó para interesarse. Al conocer a quién pertenecía, y que solo recibiría algunos trabajos de albañilería, me dijo: “Si yo te mando los mármoles para vestirla, ¿tú crees que estaría para el evento?”.

«Le respondí: “claro que sí, Comandante, faltan dos días, y si usted se va a comprometer, por qué nosotros no”. Eso no solo se cumplió, sino que después nos ayudó con Ñico Saquito, y así siguió, hasta conformar el sendero de los trovadores, donde también están Miguel Matamoros, Emiliano Blez y otros grandes que él también admiraba.

«Además, iba al panteón de Frank País, de Josué y Doña Rosario, se preocupaba por todos los caídos en el Llano y la Sierra, y no admitía en sus tumbas una bandera cubana o del 26 de Julio rota. Visitaba monumentos y panteones de los generales mambises como Guillermón Moncada, José Maceo y su madre Mariana, porque era ferviente admirador de los Maceo.

«Como ha trascendido, también todo lo relacionado con el monumento funerario que se dedicaría al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz se confió a Juan Almeida Bosque, hasta su muerte, de ahí que se aprecie su aporte en algunos de los elementos del proyecto, donde el cambio de la guardia de honor tiene lugar con los acordes de la Elegía a Martí, que le dedicara al Apóstol».

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(Texto tomado de Granma)

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