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Entre la historia y la salud, una bebida milenaria

Por: Stephany Lorente Sánchez. 

Cada 21 de mayo se celebra el Día Internacional del Té, una fecha proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2019, mediante una resolución reconoce la larga historia de esta bebida, su importancia cultural y su impacto económico en millones de familias de países en desarrollo, especialmente en regiones menos adelantadas.

¿Desde cuándo se consume?

El té tiene su origen en el sur de Asia, específicamente en China, donde comenzó a consumirse hace más de cuatro mil años. De acuerdo con registros históricos, su descubrimiento se atribuye al emperador Shen Nong —cerca del año 2737 antes de nuestra era—, cuando unas hojas de la planta Camellia sinensis cayeron por accidente en agua que hervía.

Durante la dinastía Tang, entre los siglos VII y X, el té pasó de ser un brebaje medicinal a convertirse en una bebida popular en toda China. Posteriormente, monjes budistas llevaron las semillas a Japón y comerciantes árabes introdujeron la planta en Occidente, lo que inició su expansión global.

Parte del día a día

El té comenzó a consumirse de forma periódica como hábito cotidiano en el siglo XVII en Europa. La infanta Catalina de Braganza —princesa portuguesa y luego reina consorte de Inglaterra— impulsó su popularidad en la corte británica a partir de 1662.

A mediados del siglo XVIII, el té se había consolidado como la bebida nacional de Inglaterra, desplazando al gin y a la cerveza en el desayuno y la cena. De esta tradición surgió la costumbre de «la hora del te» (tea time), institucionalizada en el siglo XIX como un ritual diario que combinaba la infusión con un pequeño aperitivo.

Entre el placer y la salud

Más allá de su relevancia cultural, el té se ha posicionado como la segunda bebida más consumida en el mundo, solo superada por el agua. Esta popularidad responde, en parte, a sus beneficios para la salud.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura destaca que el té contiene antioxidantes naturales —conocidos como polifenoles— que ayudan a proteger las células del daño oxidativo. Su consumo regular se asocia con la reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares, la mejora del metabolismo y la protección de la salud ósea.

Cada variedad ofrece ventajas específicas: el té verde, el más popular en Asia, es rico en catequinas y favorece la concentración mental; el té negro, preferido en Occidente, contiene teanina, un aminoácido que promueve la relajación sin causar somnolencia: el té blanco, por su parte, posee la mayor concentración de antioxidantes debido a su mínimo procesamiento.

Su Impacto global

En la actualidad, el té se cultiva en más de 50 países. China, India, Kenia y Sri Lanka encabezan la producción mundial.

Naciones Unidas refiere que la industria del té constituye el principal medio de subsistencia para millones de familias pobres que viven en los países menos adelantados.

Su producción y procesamiento contribuyen a la lucha contra el hambre, la reducción de la pobreza extrema, el empoderamiento de la mujer y el uso sostenible de los ecosistemas terrestres. Cada 21 de mayo, la fecha busca concienciar al público sobre estos aportes y fomentar acciones colectivas a favor de un consumo responsable.

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