Por: Brenda de la Caridad Díaz Ocaña.
El Día Internacional de la Biodiversidad Biológica es un llamado a actuar y a transformar nuestra forma de vivir y a reconectarnos con la naturaleza. Se trata de la preservación de la diversidad biológica, el entramado de especies y ecosistemas que hace posible la existencia humana.
La UNESCO, organización de las Naciones Unidas con un mandato científico, lidera los esfuerzos mundiales para proteger la biodiversidad vinculando la ciencia, la naturaleza y la cultura.
Esta, señala que es de vital importancia que las estrategias para la protección de la biodiversidad también incluyan medidas para la protección de la pobreza y la promoción de un desarrollo sostenible.
Cuba se suma en una celebración que trasciende lo puramente ecológico para convertirse en una declaración de principios desde la esfera gubernamental. El canciller Bruno Rodríguez Parrilla, Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, en su intervención el 22 de mayo del año 2025 con motivo de esta jornada, reiteró la voluntad del gobierno cubano de realizar los esfuerzos necesarios para proteger la biodiversidad nacional y global, un compromiso que se materializa en el Plan Nacional sobre Diversidad Biológica.
Rodríguez Parrilla fue más allá del discurso institucional y lanzó una advertencia –en la red social X— que conecta lo local con lo global: «urge un cambio en los niveles de consumo, explotación y contaminación ambiental que promueve el sistema capitalista mundial», señaló.
El Día Internacional de la Diversidad Biológica no busca generar una alarma estéril; pretende movilizar voluntades y recursos, puesto que, cada persona puede adoptar acciones concretas para producir cambios significativos.
La diversidad biológica constituye la infraestructura invisible de la civilización. Sus servicios de polinización, purificación del agua y regulación del clima carecen de precio en el mercado. No obstante, su pérdida tiene un costo incalculable. El momento de actuar no es mañana, es hoy.

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