Por: Brenda de la Caridad Díaz Ocaña.
Cada 21 de mayo, la comunidad internacional conmemora el Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo. Esta fecha, proclamada por la UNESCO en 2003, invita a reconocer el valor de las diferencias culturales como motor de entendimiento mutuo y progreso colectivo. La jornada plantea una pregunta urgente: ¿cómo convertir la multiplicidad de identidades, lenguas y tradiciones en un activo para la paz?
La respuesta no reside en el simple reconocimiento, sino en la práctica del diálogo horizontal. Este intercambio sin jerarquías permite superar estereotipos; un ejemplo concreto es la iniciativa “Rutas de la Diversidad”, desarrollada en más de 30 ciudades iberoamericanas. Allí, comunidades indígenas, afrodescendientes y migrantes comparten sus expresiones artísticas y saberes ancestrales.
La diversidad cultural no es un mosaico estático, es un proceso vivo, siempre transformador. Su defensa requiere abandonar la tolerancia pasiva y exige acciones concretas, políticas inclusivas y un compromiso diario con la escucha activa, solo así el diálogo se convertirá en herramienta de desarrollo, y no en una declaración vacía.
Con la aprobación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, la comunidad internacional ha reconocido el papel fundamental que desempeña la cultura como motor del cambio y del desarrollo. La consecución de sus 17 objetivos no será posible sin el aprovechamiento de la fuerza y el potencial creativo que emanan de la diversidad de culturas de la humanidad y sin un diálogo constante para garantizar que todos los miembros de la sociedad se beneficien del desarrollo.
En Cuba, un archipiélago donde confluyen las herencias taína, española y africana, este día adquiere un matiz particular: no se trata solo de tolerar las diferencias, sino de ratificar la cotidianidad de una nación que se reconoce diversa desde su propia génesis.
Mientras en otras latitudes el debate sobre la multiculturalidad enfrenta resistencia, la isla reafirma su proceso de transculturación; la jornada se convierte en un ejercicio práctico de ciudadanía, desde los trovadores que mezclan son cubano con rap en el «malecón habanero» hasta las comparsas santiagueras que dialogan con el teatro comunitario de origen oriental, convirtiéndose en una invitación para mirar el mestizaje como una herramienta de desarrollo.
Esta fecha brinda la oportunidad de celebrar los enormes beneficios de la diversidad cultural, entre los que se incluye el rico patrimonio inmaterial de la humanidad, y de reafirmar nuestro compromiso de construir un mundo más pacífico, basado en los valores del entendimiento mutuo y el diálogo intercultural.

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