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La paz lleva firma femenina

El Día Internacional de las Mujeres en la Diplomacia invita a reflexionar sobre los avances, los desafíos y el protagonismo de las féminas en la política exterior.

Por: Sofía González Angulo, estudiante de Periodismo.

La diplomacia no se ejerce igual cuando quien habla ha tenido que abrirse paso. Las mujeres han transformado el arte de negociar en la inteligencia de tejer acuerdos que duran porque responden a vidas reales, no a cálculos de poder. Su presencia no es solo un gesto de inclusión: es la condición que convierte el diálogo entre naciones en algo que deja de ser el monólogo de unos pocos para hacerse colectivo.

En su 76º periodo de sesiones, en 2022, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró por consenso el 24 de junio como Día Internacional de las Mujeres en la Diplomacia. Una fecha para reflexionar sobre sus contribuciones a la política exterior de las naciones, el papel fundamental que desempeñan en el desarrollo de unas relaciones internacionales más inclusivas y cooperativas, así como los desafíos que enfrentan en el ejercicio de sus cargos.

Los días internacionales se consolidan como un método para educar y poner a disposición del público información sobre cuestiones de interés, abordar los problemas mundiales, celebrar y reforzar los logros de la humanidad. Las mujeres han desempeñado un papel primordial en la política exterior durante siglos; sin embargo, sus contribuciones a menudo se han pasado por alto.

A decir de Tamara Villanueva, embajadora de Chile en la República de Singapur, la presencia femenina transforma la naturaleza del diálogo diplomático, promoviendo acuerdos más integradores, duraderos y con mayor impacto en las comunidades.

Esta apreciación, de acuerdo con la embajadora, se encuentra respaldada por un cuerpo creciente de investigaciones académicas y por informes del sistema de las Naciones Unidas, los cuales han documentado que la participación significativa de mujeres en procesos de negociación de paz incrementa la probabilidad de alcanzar acuerdos sostenibles, así como la inclusividad y representatividad de sus disposiciones.

Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), las diplomáticas están especialmente capacitadas para cerrar la brecha entre las prioridades legislativas nacionales y las iniciativas diplomáticas globales. Ellas enriquecen las dinámicas del oficio porque aportan una visión más centrada en el bienestar colectivo, orientada por valores como la cohesión social, la justicia y la democracia.

En estos tiempos no solo representan a sus países, sino que simbolizan una evolución, pues dicha labor ya no está reservada a unos pocos, sino que está conformada por diversas voces que defienden la igualdad para todos.

Esa transformación hacia una diplomacia más inclusiva y plural tiene en Cuba un ejemplo paradigmático, vinculado al empoderamiento femenino promovido por el triunfo revolucionario de 1959. Las políticas del Estado cubano —igualdad salarial constitucional, representación parlamentaria y acceso a cargos de dirección— han permitido que las mujeres ocupen un lugar creciente en las relaciones exteriores de la Isla.

Entre las figuras más destacadas de este proceso se encuentran dos embajadoras de la paz que, pertenecientes a generaciones distintas, han dejado una huella imborrable en coyunturas cruciales para la nación caribeña. Isabel Allende Karam, la primera mujer en alcanzar el cargo de viceministra en el Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX) y quien fuera rectora del Instituto Superior de Relaciones Internacionales «Raúl Roa» (ISRI), enfrentó desafíos mayúsculos al ser testigo del desmoronamiento del campo socialista durante su misión en Polonia y, posteriormente, al lidiar con la hostilidad del gobierno de José María Aznar en España, donde supo transformar la adversidad en una oportunidad para conectar con la solidaridad de los pueblos.

Isabel Allende Karam, la primera mujer en alcanzar el cargo de viceministra en el Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX)

 

 

 

 

 

 

 

Por su parte, Josefina Vidal Ferreiro, actual viceministra de Relaciones Exteriores, se convirtió en la «cara cubana del deshielo» al liderar las complejas negociaciones para el restablecimiento de los vínculos diplomáticos con Estados Unidos, un proceso histórico que culminó el 17 de diciembre de 2014 y que la prensa internacional destacó como un ejemplo de diálogo y perseverancia.

Josefina Vidal Ferreiro, actual viceministra de Relaciones Exteriores

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ambas, con su valentía y entrega, han demostrado que las cubanas están plenamente capacitadas para aportar una visión más integradora y centrada en el bienestar colectivo a las relaciones internacionales, contribuyendo de manera decisiva a la prevención y resolución de conflictos.

La huella de estas y otras muchas mujeres quedó plasmada en el libro digital Mujeres en diplomacia. Pioneras, el cual reúne las historias de 18 cubanas que abrieron camino en el servicio exterior. La obra es un homenaje a sus legados y un reconocimiento a la perseverancia con la que sortearon los prejuicios y el machismo.

Como señala Allende Karam en el prólogo, aunque no hubo cortapisas formales para el ingreso de las compañeras al MINREX, «costó trabajo eliminar el machismo entronizado en la mentalidad e idiosincrasia cubanas», un desafío que, pese a los avances, aún exige seguir trabajando por una representación plenamente equitativa.

Por mucho que existan compromisos mundiales sobre la igualdad de género, las mujeres siguen estando significativamente infrarrepresentadas en la diplomacia y el liderazgo político. Muestra de ello es que, de los 193 países que integran la ONU —según «Mujeres en la política» de ONU Mujeres y la Unión Interparlamentaria—, solo 28 cuentan con jefas de Estado y/o de Gobierno, y ellas representan solamente el 27,4 % de los miembros de los parlamentos.

De acuerdo con dicha organización, este contraste se ve agravado por el aumento de la violencia contra las mujeres en la política, lo que disuade la participación y socava los avances logrados hasta el momento. En respuesta a ello, es necesario adoptar medidas más contundentes que vayan desde la aplicación de cuotas y el nombramiento de mujeres en puestos de liderazgo hasta acciones para luchar contra el acoso y lograr una representación significativa y equitativa.

Como bien expresó Amina Mohammed, vicesecretaria general de la Organización de las Naciones Unidas: «Todos debemos hacer todo lo posible para que las mujeres estén presentes, se oiga nuestra voz y se valoren nuestras contribuciones».

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