A 131 años de su caída en Dos Ríos, su pensamiento sigue guiando la prensa cubana
Por: Nora Becerril Caballero
El periodista que en una hora desocupada deja correr la pluma, a vagar suelta por entre margaritas y ojos de poetas, la embrazará con lanza, y montará en el caballo de ojos de fuego cuando le ofende una verdad querida el periodista enemigo, o como maza la dejará caer sobre los tapaculpas del tirano. (Martí, 1975)
Así describía Martí lo que para él era un buen periodismo ético. Utilizaba sus ideas como arma y en defensa del mundo, trabajando sobre la base de todas sus experiencias vividas como referencia para difundir la verdad sobre la conciencia, la razón y el honor de los hombres. Considerado el más grande patriota, revolucionario e intelectual cubano del siglo XIX, hoy conocemos al José Martí que hizo de su capacidad creadora, el medio más asombroso y exacto, al servicio de la dignidad plena del hombre.
En este mes del aniversario de su muerte, resulta indispensable mirar al periodista, al que hizo de la pluma un arma de libertad y de la prensa un campo de batalla ideológico. Para Martí, la prensa no podía limitarse a informar de manera ligera o frívola. Su objetivo era mucho más alto. Por eso, el periodista debía ser, a la vez, soldado y maestro. Esa convicción lo acompañó desde muy joven.
A los 16 años, junto a Fermín Valdés Domínguez, fundó El Diablo Cojuelo, un boletín satírico y mordaz contra el colonialismo español. Allí dejó clara su rebeldía: “nunca supe yo lo que era público, ni lo que era escribir para él, mas a fe de diablo honrado, aseguro que ahora como antes, nunca tuve tampoco miedo de hacerlo”.[1] Aquellas primeras letras le costaron el presidio y el destierro, pero jamás el silencio.
El 23 de enero de 1869, desde la imprenta El Iris, situada en la calle Obispo, en La Habana Vieja, se edita La Patria Libre, que se autotitula “semanario democrático-cosmopolita”. Este posee mayor formato y cantidad de páginas, tiene forma de tabloide y mejor calidad de papel. Martí y Fermín intervienen como redactores, pues este órgano es confeccionado por Mendive y el abogado Cristóbal Madan. Un semanario que gozó del prestigio de publicar el único número del drama patriótico-simbólico Abdala.
Crónicas desde el monstruo: una advertencia profética
Entre 1880 y 1892, Martí escribió más de cuatrocientas crónicas para diarios de toda América Latina. Advirtió sobre el expansionismo estadounidense con una lucidez asombrosa. “Viví en el monstruo —confesó— y le conozco sus entrañas”. Y agregó en una de sus cartas: “El Norte ha sido injusto y codicioso. Ha pensado más en asegurar a unos pocos la fortuna, que en crear un pueblo para el bien de todos”.
El análisis político social que hace de la sociedad norteamericana, deviene en los importantes cambios económicos que tienen lugar en Estados Unidos y su influencia en las relaciones de este con los demás países. En sus Obras Completas aparecen editados todos los trabajos periodísticos dedicados a este país, bajo la denominación Escenas Norteamericanas.
Martí deja un sustrato medular de su cultura e ideas independentistas en las más renombradas publicaciones de la época: La Habana, El Elegante, El Almendares, La Revista de Cuba, de la Mayor de las Antillas; La Juventud, El Avisador Cubano, El Avisador Hispano-Americano, El Porvenir, La Revista Ilustrada y El Latinoamericano, de Nueva York; La Opinión Pública, de Montevideo; La Pluma, de Bogotá; La Nación y El Sudamericano, de Buenos Aires; La República, de Honduras; La Revista Azul y El Partido Liberal, de México, y La Opinión Nacional, de Caracas, son claros ejemplos de ello. De esta forma refuerza su opinión “(…) en las redacciones de periódicos es donde hierve ahora el genio, que antes hervía en cortes, en conventos y en campos de batalla”.[2]

Patria: el periódico que fue un soldado
Pero su obra cumbre como periodista fue Patria, órgano del Partido Revolucionario Cubano, fundad0 el 14 de marzo de 1892 en Nueva York. Nace este periódico, por la voluntad de los cubanos y puertorriqueños independientes de Nueva York, para contribuir sin premura y sin descanso, a la organización de los hombres libres de Cuba y Puerto Rico”. Y afirmó: “Eso es Patria en la prensa. Es un soldado” e insistió en que el periódico debía ser útil, formativo y movilizador: debía enseñar desde “el zapato hasta el caer muerto”.[3] Además, reflexionó sobre la ética del oficio: “El desinterés del periodista es esencial. Aflige cobrar por lo que se piensa; y más si, cuando se piensa, se ama. Un periódico sin generosidad es un azote. Un periódico generoso es una columna”.
Un periodismo con ética, sin concesiones
Lejos de la crónica política, Martí también escribió para los más pequeños. En La Edad de Oro, dejó una lección eterna: “A los niños no se les ha de decir más que la verdad”. En La galería de las máquinas, argumentó que mentir a la infancia es condenarla a una vida equivocada. Por eso, su periodismo fue también pedagógico, tierno y profundamente humano.[4]
El pensamiento martiano no es un culto arqueológico, sino una fuente viva para la formación ética y política. Y en el campo del periodismo, eso es especialmente cierto. Resumió su visión con una imagen poderosa: “La prensa es el can guardador de la casa patria”. Hoy, en un mundo de desinformación, manipulación mediática y nuevas formas de colonialismo cultural, esa metáfora sigue siendo una orden: defender la verdad es defender la patria.
Esto lo conduce a afirmar: “Yo escribo para los de mente alta, siento para los de alma grande: no curo de los otros”. Este era Martí, el hombre que siempre confió en el mejoramiento humano y practicó su esperanza a través de la palabra limpia, creadora, crítica y sincera: “yo soy siempre aquel loco incorregible que cree en la bondad de los hombres y en la sencillez y naturalidad de la grandeza”.
José Martí no fue solo un periodista excepcional: fue un paradigma del periodismo revolucionario. Supo mezclar la crónica, el ensayo, la poesía y la denuncia política con un estilo único, ético y profundamente latinoamericano. En este mes de su caída en combate, Cubavisión Internacional reafirma que el mejor homenaje al Apóstol es practicar cada día un periodismo digno, veraz, comprometido y anticolonial. Como él mismo dijo “El periodismo ha de ser un culto, que lo sea la virtud (…) No debe hacerse de la pluma arma de satírico, sino espada de caballero”.
[1] (Martí Pérez, J.J. (1975). “El Diablo Cojuelo”, en Obras Completas, t.1. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales).
[2] Martí Pérez, J.J. (1975). “Nuestras ideas”, en Obras Completas, t. 1. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales.
[3] Martí Pérez, J.J. (1975). “Apuntes. Sobre Periodismo”, en Obras Completas, t. 1. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales.
[4] Martí Pérez, J.J. (2009). “La galería de las máquinas”, en La Edad de Oro. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales.