Por: César Gómez Chacón.
Cuando vísperas del pasado Día de los padres, el Grupo Moncada hizo su presentación ante el numeroso público congregado en el parque del Mónaco capitalino, una nueva voz se escuchó por los altavoces.
Jorge Enrique Gómez, con la emoción a flor de piel, dedicaba el concierto a su padre, quien por primera vez no estaba acompañando su mayor creación.
La desaparición física de Jorge Gómez Barranco, ocurrida en marzo de este año, marcó el final de una época para la cultura cubana. Fundador, director, compositor y alma del Grupo Moncada desde 1972, dejó una obra inseparable de la historia musical y política de la Revolución Cubana. El Moncada fue su mayor legado.
Muchos pensaron que la agrupación no sobreviviría a su ausencia física. Sin embargo, lejos de apagarse, el proyecto artístico que creó el Maestro Gómez continúa vivo sobre los escenarios.
Hoy Moncada sigue defendiendo el repertorio que durante más de cinco décadas lo convirtió en una de las agrupaciones más reconocidas del país. Y lo hace con una formación renovada, integrada por jóvenes músicos que han asumido el compromiso de preservar una herencia artística construida sobre la identidad cubana, la canción comprometida y la constante experimentación sonora.

Al frente de esta nueva etapa se encuentra precisamente Jorge Enrique, quien es también un destacado tecladista. Sobre sus hombros recae la responsabilidad de conducir el grupo sin renunciar a la esencia que le imprimió su padre. Su liderazgo y esfuerzos de los últimos meses ha permitido mantener la continuidad artística y, al mismo tiempo, abrir espacios para nuevas propuestas y gustos de todas las edades.
Junto a él trabaja como productor su hermano Raulito Gómez, hijo mayor de Jorge, quien ha desempeñado un papel fundamental en la organización y proyección de la agrupación. Entre ambos han asumido la tarea de custodiar un legado que forma parte de la memoria cultural de varias generaciones de cubanos.
También resulta imprescindible la labor de Tamara Valladares, compañera de vida de Jorge Gómez durante décadas. Desde una posición discreta pero decisiva, coordina ensayos, presentaciones y múltiples detalles organizativos que permiten el funcionamiento cotidiano del grupo. Su presencia garantiza la continuidad de una obra a la que ha estado vinculada durante gran parte de su vida.
Moncada sigue cantándole a la vida, haciendo bailar sin dejar de renunciar a pensar. Cambian los rostros sobre el escenario, pero permanecen la música, las canciones y el espíritu de aquel proyecto nacido hace más de medio siglo. Esa es, quizás, la mejor manera de honrar la memoria de Jorge Gómez.
¡Su historia sigue y seguirá creciendo!

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