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La injerencia de EE.UU. y el alto precio que pagan los cubanos

El miércoles de esta semana la Cámara de Representantes votó una resolución de condena al gobierno cubano y de apoyo a protestas en la isla pasando por alto que las mismas son promovidas y financiada desde Estados Unidos.

El pueblo de Cuba paga hoy un alto precio por defender su soberanía de la injerencia en sus asuntos internos del Congreso de Estados Unidos, estiman hoy analistas.

El miércoles de esta semana la Cámara de Representantes votó una resolución de condena al gobierno cubano y de apoyo a protestas en la isla pasando por alto que las mismas son promovidas y financiada desde Estados Unidos, según pruebas presentadas por autoridades y organizaciones populares de Cuba.

El congresista Jim McGovern (Massachusetts), uno de los demócratas que votó en contra de la resolución, defendió su decisión al señalar que la medida no reconocía «el papel que juega Estados Unidos en contribuir al sufrimiento de los cubanos de a pie».

La resolución refiere que se centra en «expresar la solidaridad con los ciudadanos cubanos que se manifiestan pacíficamente por las libertades fundamentales, condenar los actos de represión del régimen cubano y pedir la inmediata liberación de los ciudadanos cubanos detenidos arbitrariamente».

Al respecto, el canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, calificó en su cuenta de Twitter de hipócrita la política de la Casa Blanca hacia Cuba y acusó al gobierno norteño de financiar acciones subversivas contra su país.

En los últimos días, el gobierno cubano presentó numerosas pruebas de los vínculos entre los promotores de una marcha ilícita y representantes de organizaciones como la Fundación Nacional Cubano-Americana y Movimiento Democracia, con sede en Florida.

Sectores de la ultraderecha cubanoamericana asentada en ese estado norteamericano hasta representantes gubernamentales explicitaron su apoyo a esta acción y reiteraron su deseo de que provoque un cambio de régimen en la isla.

En este sentido, especialistas de diferentes ramas sociales alertan sobre la Guerra No Convencional o guión de golpe de Estado blando que se intenta aplicar en Cuba siguiendo los parámetros de una supuesta lucha no violenta.

Recientemente, algunos analistas internacionales abordaron el tema y señalaron que los cubanos están pagando un alto precio por mantener su soberanía y sostener un proyecto independiente de Estados Unidos.

El argentino Ricardo Aronskind, economista y Magíster en Relaciones Internacionales, en un artículo que publicó el sitio www.elcohetealaluna.com dijo que “es tan grotesco todo. Son tan previsibles los ‘medios internacionales’ tocando la misma sinfonía al unísono, la repentina sensibilidad con los derechos humanos, con las penurias que sufre un pueblo latinoamericano”.

Si ahora vamos a ser los cruzados de los derechos humanos, empecemos a hablar en serio y no según el recorte que nos prepara el Departamento de Estado, planteó en referencia a la manipulación de Washington en ese campo.

La Revolución cubana no es perfecta pero si perfectible, dijo recientemente Israel Rojas, la voz líder del dúo cubano Buena Fe, al abordar los disturbios financiados por Washington en una vasta operación para intentar cambiar hacia el capitalismo al gobierno socialista sustentado por la gran mayoría de los cubanos.

Ese desafío lo enfrentan hoy los cubanos, quienes sometidos a más de 60 años de bloqueo en todos los sentidos (económico, comercial y financiero), se niegan a entregar su soberanía e independencia a Estados Unidos.

La campaña SOS Cuba impulsada en las redes sociales por una empresa estadounidense radicada en la Florida es un ejemplo que evidencia los planes de Washington.

Desde allí, sectores hostiles mantienen como rehén la política de la Casa Blanca hacia Cuba y siempre hablan de libertad y derechos humanos, y ocultan que la política hacia la isla es un negocio particular de muchos que hacen carrera y fortuna promoviendo la agresión y el cambio de régimen.

Durante años, Washington empeñó esfuerzos, financió, manipuló y recurrió a todos los medios para torcer el rumbo que fijaron la inmensa mayoría de los cubanos en su carta magna.

Son más de 60 años promoviendo la desestabilización, introduciendo enfermedades, privando a los cubanos de alimentos e intentando crear malestar, según denuncias de las autoridades locales, de organismos internacionales y de movimientos de solidaridad en todo el mundo.

Nada de eso es sorprendente, pero sí lo es que los estrategas de Joe Biden decidan permitir -otra vez más- que Miami defina la política exterior hacia Cuba, según David Brook, un columnista del diario The New York Times.

En opinión del exembajador de Cuba en Washington José Ramón Cabañas, quienes mantienen una posición extrema son aquellos que están conectados a programas de cambio de régimen, financiados por organizaciones con pasado terrorista y cuyos vínculos con los promotores de la subversión ya están demostrados.

(PL)

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