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Y sin embargo… Una puerta abierta al diálogo digno

Por: César Gómez Chacón

El Estados Unidos trumpista sigue confundiendo y cerrando caminos. Al bloqueo naval impuesto a Venezuela —que impidió la llegada a Cuba de combustible venezolano o de terceros países— se suma la nueva Orden Ejecutiva de la administración de Donald Trump que amenaza con aranceles a quienes suministren petróleo a la Isla.

El resultado es claro: el bloqueo histórico se ha transformado, de facto, en un bloqueo energético, concebido para provocar mayor escasez, tensiones internas y alimentar la vieja narrativa del “colapso de Cuba”.

No es una idea nueva. La obsesión con el colapso conecta con la teoría del “Estado fallido” y con una matriz de opinión que, desde hace décadas, intenta justificar el bloqueo, las presiones políticas y  finalmente la agresión directa contra la Revolución Cubana.

Sus dos pilares siguen intactos: la asfixia económica —codificada desde los años sesenta en el Memorando Mallory— y la amenaza de la fuerza. En ambos casos, el objetivo es el mismo: doblegar la voluntad soberana de un país pequeño que se niega a aceptar el dominio imperial.

Pero ese “colapso” no vive en la mentalidad de los cubanos. Frente a la presión máxima, Cuba responde con resistencia creativa: defensa de ideas, convicciones y una confianza probada en la victoria colectiva. Sí, vienen tiempos difíciles —ya se han vivido antes—, pero también prevalece la certeza de que se superarán con talento, esfuerzo y unidad.

Lo que está en juego no es solo Cuba: estas medidas castigan a empresas, países y actores foráneos que aspiran a relaciones comerciales normales con la Isla. ¿Con qué derecho se impide el acceso de un país al combustible que otros están dispuesto a vender, comercializar e incluso —si fuera el caso— a regalar.

En este contexto de guerra política, ideológica, cultural y mediática —una guerra no convencional de cuarta generación—, el primer secretario del Partido Comunista y presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez reiteró en su mas reciente conferencia de prensa una posición que no ha variado con los años:

Cuba está dispuesta a dialogar con Estados Unidos. Dialogar sobre cualquier tema, sin presiones ni precondiciones; en igualdad de condiciones; con respeto a la soberanía, la independencia y la autodeterminación; sin injerencias en los asuntos internos.

La historia demuestra que, cuando han existido canales de comunicación, ha sido posible cooperar, y se coopera aún, en temas de migración, seguridad, lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, como también en medio ambiente, ciencia, salud, cultura y deporte. Los cubanos no odian al pueblo estadounidense; reconocen sus valores y han encontrado por décadas, en los encuentros entre pueblos, múltiples espacios de beneficio mutuo.

Cuba no es una amenaza ni un país terrorista. Su doctrina defensiva es la Guerra de Todo el Pueblo, estrictamente defensiva. Cuba no alberga bases militares extranjeras; el único enclave militar foráneo en su territorio es la base naval estadounidense en la bahía de Guantánamo.

La puerta al diálogo sigue abierta desde el archipiélago. Pero el mensaje es inequívoco: con presiones, amenazas o predisposiciones no hay diálogo digno posible. Si Estados Unidos apuesta por una relación civilizada entre vecinos, Cuba está lista. Con dignidad, sin renuncias y con la firmeza serena de quien defiende su soberanía.

Mientras tanto, desde la isla rebelde se sigue trabajando en promover la articulación internacional entre las fuerzas de izquierda y los movimientos sociales, para denunciar, para encontrar respuestas, para combatir esta y cualquier otra ofensiva imperialista.

//llhm

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