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Una mirada de frente y sin intermediarios

Bajante: La visita de la relatora de la ONU y la posición soberana de Cuba sobre los derechos humanos.

Por: César Gómez Chacón.

Cuba abrió una vez más sus puertas y mostró sin maquillajes los desafíos que enfrenta. La presencia en la isla de Alena Douhan, relatora especial del Consejo de Derechos Humanos de la ONU sobre las repercusiones negativas de las medidas coercitivas unilaterales, fue mucho más allá de los titulares en la prensa.

Mirar la realidad del pueblo cubano y sus instituciones desde cerca, sin consignas, sin estridencias, sin intermediarios y, sobre todo, sin la cómoda distancia con la que algunos “expertos internacionales” opinan sobre los problemas ajenos, puede ser el mejor resumen de su visita.

Porque Douhan no vino a repetir lo sabido, sino a ponerle rostro humano a un daño que lleva décadas haciéndose sentir en la vida cotidiana de un país entero.

En sus recorridos por instituciones, proyectos comunitarios, centros productivos y espacios sociales, la funcionaria no encontró un concepto abstracto llamado “bloqueo”. Encontró el efecto acumulado de medidas unilaterales de corte económico, comercial y financiero que –como afirmó a la prensa– carecen de legitimidad y se entrometen en todos los rincones de la vida nacional.

Lo que suele describirse en informes y estadísticas apareció ante ella en forma de historias concretas: el medicamento que no se consigue, la pieza de repuesto que nunca llega, el proyecto de desarrollo que se frustra porque un banco extranjero teme sanciones, el investigador que debe postergar un intercambio académico con sus pares de otros países por una restricción incomprensible.

Personalmente, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez ajustó su apretada agenda para recibir a Douhan y explicarle los profundos efectos del bloqueo de Estados Unidos —hoy más recrudecido— y la afectación adicional que supone la injustificada inclusión de Cuba en la lista de países supuestamente patrocinadores del terrorismo.

El mandatario agradeció además la ayuda enviada por la ONU a los territorios golpeados recientemente por el huracán Melissa y compartió con la relatora experiencias de sus recorridos por las zonas afectadas. “La vida de todos los cubanos y las cubanas ha estado signada por el bloqueo”, afirmó. Subrayó que, ante el huracán, lo primero que se defendió fue “ese derecho que es la vida”, reflejo de la naturaleza solidaria de la Revolución.

El peso invisible de una lista y los obstáculos cotidianos

La relatora en sus distintas declaraciones públicas habló con franqueza: las medidas coercitivas de Estados Unidos, lejos de ser un asunto político entre gobiernos, perjudican directamente a los cubanos, en especial a los más vulnerables. Y ese es un punto a subrayar, porque desplaza el debate hacia donde realmente importa: las personas.

Douhan recordó que desde 1962 Cuba vive bajo políticas que buscan limitar su capacidad de desarrollo. Y subrayó que la inclusión de la isla en la lista norteamericana de países patrocinadores del terrorismo, es una decisión “políticamente motivada” cuyo impacto se multiplica en todos los sectores. Bancos que cierran operaciones, navieras que cancelan servicios, compañías que prefieren evitar cualquier vínculo: la vida económica se encarece, se ralentiza, se complica.

Quizás uno de los momentos más reveladores de su evaluación fue cuando se refirió a los medicamentos. El 69 % de los fármacos necesarios no está disponible, explicó, porque no llegan materias primas para producirlos o porque equipos imprescindibles quedaron inservibles al no poderse comprar piezas de repuesto. Es difícil imaginar un ejemplo más claro de cómo una medida política tomada en Washington puede colarse en la intimidad de un hogar donde alguien espera un tratamiento.

La relatora también mencionó los condicionamientos a terceros países que deciden cooperar con Cuba, incluyendo la amenaza de revocar visados a autoridades que acepten las misiones médicas cubanas. Ese tipo de presión, señaló, no es un detalle menor: es parte del entramado que busca aislar a un país incluso cuando brinda servicios de salud que salvan vidas alrededor del mundo.

Un mensaje y una decisión soberana

La mirada de Douhan no se limitó a describir dificultades; también adelantó el contenido esencial de su informe final, previsto para 2026. En él instará a Estados Unidos a poner fin a medidas que, insistió, “carecen de base jurídica internacional”, y pedirá a la comunidad internacional adoptar acciones para proteger los derechos de los cubanos y permitir el desarrollo de sus políticas sociales.

La funcionaria agradeció la apertura del gobierno cubano para dialogar con instituciones, especialistas y representantes de la sociedad civil. Y no es un gesto menor. La invitación a Douhan —una experta de alto nivel en la ONU en un ámbito que tantas veces ha sido manipulado políticamente contra el gobierno que el pueblo cubano ha elegido soberanamente— es también una señal clara: Cuba no rehúye el debate, sino que lo asume de frente, con transparencia y con la convicción de que los derechos humanos no pueden convertirse en arma geopolítica.

 

El archipiélago rebelde ha sido siempre un país abierto al escrutinio que se ejerce de manera profesional, respetuosa y sin dobles intenciones. De hecho, ha cooperado con más de una veintena de procedimientos especiales del Consejo de Derechos Humanos.

Al término de su visita Douhan arribó a una conclusión rotunda: las sanciones han exacerbado la situación humanitaria en Cuba. Pero se lleva también otra certeza: la importancia del derecho de los cubanos a ser escuchados sin distorsiones.

Su misión no resuelve el cerco yanqui ni sus consecuencias, pero sí coloca un límite moral: ningún estado debería pretender guiar el destino de otro a través del castigo. Y Cuba, con su decisión soberana de abrir este diálogo, lo ha recordado al mundo con la firmeza y la serenidad que le caracteriza.

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