Por: Anislaydis Ramírez Osorio
Cada 12 de junio se conmemora el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, una fecha proclamada por la Organización Internacional del Trabajo OIT por sus siglas en 2002 con el objetivo de visibilizar y erradicar una de las violaciones más graves a los derechos de la niñez.
Según los últimos datos conjuntos de la OIT y UNICEF en 2021, a nivel global 160 millones de niños, niñas y adolescentes realizan alguna forma de trabajo infantil, y más de la mitad de ellos lo hacen en condiciones peligrosas.
En Cuba, el panorama presenta particularidades que lo diferencian del resto de la región.El país cuenta con un avanzado marco legal de protección a la infancia, altos niveles de escolarización y un sistema de seguridad social universal.
La isla ha ratificado los convenios 138 y 182 de la OIT, y su legislación interna es de las más avanzadas: la Constitución de la República, el Código de la Niñez y Juventudes, el Código de Trabajo y el Código de las Familias protegen el derecho de niñas, niños y adolescentes a crecer sin cargas de adulto.
La infancia es una etapa para jugar, aprender, crecer. El trabajo infantil no es solo una infracción laboral, es una violación a la educación, la salud y el juego.
Es un fenómeno multicausal: pobreza familiar, exclusión social, falta de escuelas de calidad, normas culturales que normalizan el trabajo temprano, crisis económicas y migración.
El juego y el aprendizaje son la única labor que un niño debe cumplir. Un mundo justo empieza cuando un niño puede ser niño.
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