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Cuando Cuba ayudó a fundar los Estados Unidos

Por: César Gómez Chacón

Cada 4 de julio los estadounidenses celebran el nacimiento de su nación. Se conmemora la Declaración de Independencia de 1776 y la victoria sobre el Imperio británico. Sin embargo, hay una historia muy poco conocida (u olvidada) que hoy se torna imprescindible retomar. A más de dos mil kilómetros de la Filadelfia fundacional, la pequeña Cuba, desde el Caribe, desempeñó un papel muy significativo en aquel alumbramiento.

Vale significar que ya a finales del siglo XVIII, La Habana era una de las ciudades más prósperas del Caribe. Mientras se preparaba la ofensiva final contra las tropas inglesas en Yorktown, el general español Bernardo de Gálvez necesitaba reunir con urgencia una enorme cantidad de dinero para sostener la campaña aliada de España, Francia y los independentistas norteamericanos. La respuesta llegó desde La Habana.

Aparece así una de las páginas más hermosas de la historia común. En apenas unas horas, un grupo de damas habaneras respondió al llamado de las autoridades y entregó sus joyas, cadenas, anillos, pulseras y otras alhajas para recaudar cerca de un millón doscientos mil pesos (equivalente al dólar entonces). Aquella extraordinaria colecta permitió financiar parte de la operación militar que culminaría pocos meses después con la rendición británica en Yorktown, considerada el triunfo definitivo de la independencia de los Estados Unidos.

No fue el único aporte cubano. La Habana era entonces la principal base naval española en el Caribe y desde su puerto partieron cañones, pólvora, alimentos, medicinas y municiones para las campañas de Bernardo de Gálvez en Pensacola, Mobile y otras posiciones británicas del Golfo de México. Al cerrar ese frente, España impidió que Inglaterra reforzara a sus tropas en las trece colonias.

También combatieron hombres vinculados a Cuba, integrados en los batallones españoles y criollos que participaron en aquellas operaciones. Aunque sus nombres rara vez aparecen en los libros de historia estadounidenses, formaron parte del esfuerzo internacional que hizo posible el nacimiento de esa nación.

Al recordar hoy el 4 de julio, no puede obviarse una de las grandes ironías de la historia. Mucho antes de que existieran el bloqueo norteamericano, las amenazas y los actos de genocidio contra la mayor de las Antillas por parte del imperio estadounidense, Cuba había contribuido con su riqueza, sus recursos y el sacrificio de sus habitantes a la independencia de los Estados Unidos.

Traer a la memoria colectiva este capítulo que unió a Cuba y a los entonces nacientes Estados Unidos de América, no es para reclamar gratitudes eternas, sino para reivindicar una verdad auténtica que nunca debe olvidarse: cuando la joven república norteamericana luchaba por conquistar su libertad, encontró en La Habana una mano amiga. Y esa es una página que ningún conflicto posterior podrá borrar. Debería ser, por el contrario,  una razón más para unir en armonía a dos pueblos vecinos hermanados por la historia.

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