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«No es no»

Por: Gabriela Velázquez Sánchez.

Sandra y su amante comparten una habitación de hotel. Ambos gimen y el entusiasmo por alcanzar un efímero orgasmo espesa el aire. Sandra se extraña porque percibe algo que no esperaba y que invade su cuerpo. De pronto el grito de “corte” interrumpe el clímax; Sandra y Daniel son actores. De pronto todo fue demasiado real.

Sandra tarda en asociar esos instantes con violación. No gritó y no pidió ayuda aún rodeada de personas. Daniel no la golpeó ni intimidó, no hubo coacción y tampoco el juicio de Sandra estaba nublado por alguna sustancia. Sin embargo, Sandra fue víctima de una violación porque “sí” es “sí”.

Ella decide denunciar. Él jura por cuanto familiar menciona, que no hubo tal cosa como violación, pues cuando buscó consentimiento, la actriz calló. En lo adelante el agresor y toda persona que se involucrará en el caso solo le preguntan a Sandra “¿Por qué no gritaste?”, y es ahí, cuando lo que ella dejó de hacer es más importante que lo que vivió.

La experiencia de Sandra, es el argumento del filme Un actor malo, que no pierde verosimilitud. Pero Sandra es también nombres desconocidos, voces que no se atrevieron a buscar escucha porque creyeron que solo gritar y resistirse, validaban su sufrimiento ante la justicia.

El consentimiento no es un contrato, no es el silencio o un “tal vez”. El consentimiento es un sí inequívoco. No es un sí irrevocable, no es el derecho a suponer o decidir sobre el cuerpo de alguien basándose en el pasado o en un estado de pensamiento.

De acuerdo con el Código Penal implementado desde 2022, el sistema de justicia cubano reconoce en su artículo 395 sección primera como agresión sexual a “quien, empleando fuerza, violencia o intimidación, tenga acceso carnal con otra persona, sea por vía oral, anal o vaginal, incurre en sanción de privación de libertad de siete a quince años”.

Asimismo, dicho apartado tipifica diferentes manifestaciones de agresión sexual, que en el anterior Código Penal se encontraban limitadas por el acceso carnal de un hombre contra una mujer si se valía únicamente de la fuerza y la intimidación.

Agresión sexual no se resume en el acto de penetración por la fuerza contra una mujer, es toda acción que, haciendo caso omiso de los derechos individuales y a la libertad de autodeterminación y sexualidad, lacere la integridad física, psicológica y moral de una persona.

Valiéndose de esta tipificación de los delitos sexuales, en 2024 el Observatorio de Cuba sobre la igualdad de género registró en la población femenina mayor de 15 años, 230 casos juzgados en procesos judiciales. Es decir, la estadística solo responde a aquellos delitos que, considerados como tal, trascendieron más allá de la seguridad de los hogares.

Cuántas personas callaron, por desconocer que su pareja o amante tiene la potestad de consentir en su nombre, cuántas por ignorar que la violencia o la intimidación no son los medios para un fin y apostaron por cerrar sus ojos y seguir adelante, eso nunca lo sabremos. Al final del día, las cifras no tienen rostros.

Y es que poco vale un Código Penal que condene, cuando poco o nada se hace para prevenir el delito. Cuando un juez dicta su sentencia, significa que ya una persona se verá inevitablemente identificada por la palabra víctima; de sus circunstancias, de lo que tal vez pudo evitar, culpable por lo que otros dicen que no previó.

La clave está en una Educación Sexual Integral. No esa que, similar a una lección de Biología, señala los órganos de los sistemas reproductores femenino y masculino y con algo de vergüenza demuestra cómo usar un condón. La educación integral debería ser aquella que promueva y capacite en la sexualidad humana como sinónimo de diversidad y respeto.

Una prioridad en la agenda diaria es otorgar desde la niñez y la adolescencia, las herramientas necesarias para juzgar y actuar con mayor igualdad de género. En un mundo que socialmente tiende a justificar a los agresores, dónde las víctimas dudan de sus propias experiencias. Se trata de enseñar a pensar y actuar, nunca a callar y olvidar, enseñemos que “no es no”.

//kbm

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