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«Más que valiente soy terca»

Por: Bárbara Doval / Fotos: Gustavo Cuba Batista

Entrevista exclusiva a la Dra. en Ciencias Filológicas Zaida Capote Cruz a propósito de su elección en 2026, como miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua. De Lengua y Literatura, de solidaridad y de feminismo se dialoga

Por las redes sociales conocí la noticia. Orgullo de amiga, mujer y filóloga se entremezclaron. Era un deber dar a conocer quién es ella, cómo piensa, qué temas ocupan su vida entregada al buen decir. Mientras leía la nota que anunciaba cuándo sería la ceremonia para pronunciar el discurso público que le daría su entrada como miembro de número a la Academia Cubana de la Lengua…se fue la corriente. Pero el regocijo era tal que en desafío al apagón de turno y en franca disputa con el ir y venir de la conexión a internet, me actualicé sobre sus últimos pasos.

En 2025, meses antes, nos pusimos al día sobre nuestros aconteceres, en la Escalinata de la Universidad de La Habana. Allí llegó, sola y feliz, y el encuentro nos sirvió para nuestro habitual resumen de noticias, a unos pasos del Alma Mater y durante la antesala del Concierto de Silvio Rodríguez. Hace unos días, nos dimos cita para el diálogo público, en el Instituto de Literatura y Lingüística, un remanso de paz en el mismo centro del bullicio habanero. Sobre feminismo, literatura y su elección como miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua en 2026, fluyó el diálogo con Zaida Capote Cruz, mi antigua compañera de aula.

“Es un honor muy grande, sobre todo por el modo en que se elige la membresía de la Academia Cubana de la Lengua, que es por votación. Es una especie de reconocimiento de tus iguales y es una responsabilidad también, porque es necesario prestar más atención inevitablemente al ámbito del idioma en cada gesto que hagas.”

Somos profesionales del trabajo con la lengua, pero en realidad somos hablantes vivos y la lengua es un organismo vivo.

“La lengua es impura por naturaleza. La lengua es patrimonio, es una lengua que hemos recibido, que lleva siglos hablándose y cambiando y enriqueciéndose y dialogando con otras lenguas. Es testimonio de nuestro día a día, de nuestras realidades. Por eso hablamos en Español de Cuba y tenemos que velar por el reconocimiento también de esa norma cubana y por la vitalidad, porque el idioma mantenga su vitalidad. Y eso no se hace desde una academia, eso se hace prestando oído atento al habla cotidiana de la gente, estudiando los textos donde las y los que llamamos, en estudios de este tipo, las autoridades de la lengua, o sea, las autoridades literarias, los escritores y escritoras cuando escriben. Ahí hay modos de uso que la academia puede registrar para validar un uso de un modo o de otro.”

Recientemente fue publicado un libro relacionado con los discursos públicos que presentan los miembros elegidos a la Academia Cubana de la Lengua. Pero cuando una lee esos discursos, te das cuenta que están muy aterrizados, que están muy en contacto con la realidad. ¿De qué manera realmente defienden los lingüistas que la lengua tiene que ver con la realidad y con el día a día de cada uno de nosotros?

“Todos usamos la lengua. Y en el caso de estos discursos casi siempre se refieren a un homenaje a algún autor previo. Otros, los más aterrizados en el tema lingüístico, hablan de temas específicos como el lenguaje en el béisbol. Y es una manera también de abordar el vínculo de la lengua con la vida. Yo creo que el dato fundamental para cualquiera es que la lengua ocurre, se ejercita, se ejerce en un contexto histórico, en un contexto geográfico, en un contexto cultural. Y eso es el dato principal. Nuestra manera de hablar no nos llegó, no nos cayó del cielo; es un producto de una historia, es una consecuencia de hechos históricos, de vínculos históricos con otras lenguas, de un desarrollo del propio español.”

“A mí me sorprendió, por ejemplo, Cuando estudiamos algunos textos de ensayo para el diccionario de obras cubanas de ensayo y crítica, ver un texto de Cirilo Villaverde que decía: «Ahí sí no hay tu tía». Yo dije: «¿Pero cómo?». Pues ya en el siglo XIX se decía «Ahí sí no hay tu tía», algo que nos puede parecer que es algo del habla cotidiana hoy. Ese tipo de vínculos, son descubrimientos muy gratos, muy felices porque te das cuenta de que la lengua cambia, se modifica, pero es ella misma siempre. Y es tan hermoso poderlo comprobar. Y se hace leyendo, escuchando a la gente que sabe más que nosotros. Es una experiencia muy rica.”

 ¿Qué pudo revelar a Zaida Capote el discurso presentado sobre los autógrafos de «la Tula», de Gertrudis Gómez de Avellaneda durante su presentación como miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua?

Ese es un libro que debe salir ahora a mediados de año y fue una experiencia muy linda. Esa es una colección de cartas que Avellaneda recibió. No son escritos por ella, son cartas que ella recibió de varios capitanes generales, de O’Donnell, de Serrano, de duques, de nobles españoles, de escritores como Zorrilla, Concepción Arenal, Fernán Caballero… es impresionante, la condesa de Merlín. Ella fue reuniendo esas cartas y las encuadernó en un álbum. Llegaron a mí porque Francisco Rico me avisó que iba a salir ese álbum en subasta en Madrid. Y aquí con las autoridades culturales del Ministerio de Cultura conseguimos que se adquiriera el álbum en el año del bicentenario de Avellaneda y lo donamos a la Biblioteca Nacional.

“Realmente yo creía que eran autógrafos de Avellaneda, eran documentos suyos. Tiene incluso un documento de José María Heredia, que como coleccionista que ella era añadió eso. Y tiene un documento interesantísimo, muy breve, que es una nota del Duque de Angulema, que es el que comanda la invasión francesa a España en 1823. Y ese hombre está escribiendo a la gente en España que él viene a cambiar los vicios de la administración, no sé qué, una notica pequeña pero es un autógrafo ya histórico.  Y Avellaneda lo que hizo fue que coleccionó esos autógrafos y a cada uno le puso una notica de esta sí, de su autoría, y es la parte más interesante. Además de conocer la red de relaciones que armó, saber además que ella con gente de la realeza que le escribe con mucha confianza, ahí te das cuenta de qué lugar ella ocupaba de verdad en la sociedad española de su momento. Es muy interesante para mí las reacciones de ella a las cartas, porque hace noticas que a veces son muy sabrosas. Por ejemplo, a mí me gusta mucho citar una al general Santa Anna, Antonio López de Santa Anna, era el Presidente de México, y ella pone: «Antonio López de Santa Anna fue presidente, o más bien dictador, de la República Mexicana». Da muy claramente que ella era una persona que estaba informada, que estaba atenta y que participaba además de la política de su tiempo.”

Pero, ¿qué te aportó desde el punto de vista personal?

A mí me interesa mucho su arrojo, o sea, más allá del talento indiscutible que tenía, me interesa mucho su figura como una mujer que está haciendo labor cultural en el ámbito de su época y se defiende con todas las armas que tiene a mano. Por ejemplo, hay una carta de, Eugenio de Hartzenbusch, que era el director del Teatro del Príncipe (Teatro de la Cruz), y ese teatro era el teatro del Estado donde ponían las obras de teatro financiadas por el Estado, o sea que era muy conveniente. Pero ahí solo se podían poner estrenos, y ella está queriendo poner una obra que ya había sido puesta, creo que es «La hija de las flores», poner un fragmento en beneficio de una actriz que se va a jubilar. Y hay un momento en que Hartzenbusch le dice: «Haga usted lo que quiera, Tula, yo estoy seguro de que usted lo va… esto no es legal, no se puede, pero usted lo va a conseguir». Y yo digo: tiene que haber acabado con la paciencia de más de uno con tanta insistencia y tanta perseverancia como tenía y el carácter que tiene que haber tenido.”

Hay otra mujer muy importante: Dulce María Loynaz, la primera mujer miembro de la Academia Cubana de la Lengua. Es un camino sin duda que se abona con altura para otras mujeres, también miembros de la academia. ¿Será que nos miden a las mujeres,  con una varita un poquito más alta?

A Avellaneda precisamente no la dejaron entrar en la academia por su condición de mujer. Y entre las cartas que están en el álbum del que hablábamos, hay una que dice: «Todos valemos menos que usted, pero nos derrotó la mayoría, no hay nada que hacer». Creo que es del Marqués de la Pezuela, que era uno de los valedores del ingreso de Avellaneda. Y Dulce María fue sí, la primera cubana que entró en la Academia Cubana de la Lengua, la primera mujer, y fue su directora además. Durante mucho tiempo mantuvo la academia en su casa. Y hoy estamos en un nivel de justicia mucho más cierto porque somos mitad y mitad. Creo que somos 24 y somos 12 mujeres y 12 hombres con los últimos ingresos, incluido el mío.

La reivindicación del discurso femenino tiene que ver con tu quehacer. Yo que te conozco desde mucho antes sé que siempre fuiste feminista en esencia. Pero, ¿qué revela eso para ti como profesional de las letras en sentido general?

Es una perspectiva que te cambia todo. Porque, por ejemplo, yo misma empecé a estudiar a Dulce María por sugerencia de Enrique Saínz —siempre lo digo y le agradezco mucho que me haya sugerido que estudiara a Dulce María—, pero cuando estudiábamos nosotros no hablábamos de Dulce María en la escuela. Nosotros no estudiamos «Jardín», sin embargo estudiamos «Los pasos perdidos» y son novelas que hasta podría establecerse un paralelismo. ¿Qué ocurre? Que a Dulce María no la leía casi nadie, esa es la verdad. Entonces es terrible porque a veces se juzga la obra de las mujeres con un canon demandante de ciertos rasgos que no tienen que ver con la naturaleza de la escritura de esas mujeres por el lugar en que están. Yo no estoy diciendo que ser mujer te haga escribir de una manera o de otra, porque eso me parece completamente falso. Las mujeres, como los hombres, reaccionan al momento histórico, a las discusiones de estilo que se están dando, a todo, y eligen otras vías.

“Por ejemplo, me gusta hacer esta comparación: Carpentier en «Los pasos perdidos» está reescribiendo la novela de la tierra, el diálogo entre civilización y barbarie. Es lo mismo que hace Dulce María en «Jardín», pero nadie lo lee así. Salvo Fina García Marruz, que era un talento igual deslumbrante. Fina se da cuenta de que ahí hay algo de discusión entre la casa y lo público, entre la hacienda y la ciudad. Y de ahí me enganché yo para leer la novela así, y es verdad que es una lectura que puede ser muy productiva. Pero no lo habíamos visto porque como era Dulce María siempre estábamos hablando del intimismo, el lirismo de la novela, y parecía que la novela era una novela que ella había hecho como un poema. En realidad en la novela está la construcción del Canal de Panamá, están las competencias de automóviles, el hundimiento del Titanic… hay muchos rasgos de la época que están ahí, igual como estaban en Carpentier. Igual se discute esa falsa imagen del progreso en el primer mundo contra el subdesarrollo o la falta de progreso en nuestro mundo, y se trata de salvar esa herencia americana frente a la falacia de un progreso que deja atrás a tanta gente. Las novelas se parecen mucho en ese sentido. Sin embargo, a Dulce María no la habían leído así porque tenemos el esquema de que como era mujer lo de ella era la poesía. “

“Cuando trabajé su poesía, recuerdo en una discusión en la universidad que me decían que ella era posmodernista. Bueno sí, ella fue posmodernista en un momento, y parte de la crítica, incluido mi adorado Enrique Saínz, decía que su poesía no había conocido evolución. Y eso es falso. O sea, son los prejuicios los que están hablando en lugar de la crítica, y eso es inevitable cuestionarlo desde la perspectiva feminista. Entonces cuando escribes o lees las obras desde esa perspectiva empiezas a descubrir temas que a veces no se veían si los miramos con los lentes habituales de la crítica literaria.”

Laidi Fernández de Juan, dice que si hay algo que te caracteriza es la valentía. ¿Por qué?

Yo creo que exagera, hemos estado juntas en algunas batallas. Hemos emprendido juntas muchas tareas y labores, no solo de rescate de escritoras, sino de batallas sociales como contra la violencia hacia la mujer. Y yo diría que más que valiente soy terca. Con Laidi he compartido experiencias como «Todas contra la violencia», como la solicitud de ley integral contra la violencia de género, y tenemos muchas experiencias juntas y por eso quizás ella dice eso.

¿Qué es «Todas contra la violencia» y cómo nace?

Nació de un caso específico de un escritor cubano que fue acusado de violentar a su pareja y nosotras lanzamos una campaña. Éramos ocho mujeres entre las cuales estaba Laidi, también Marilyn Bobes, Luisa Campuzano, Sandra Álvarez, Helen Hernández Hormilla y Lirians Gordillo. Es un tema que en otros países es una epidemia y que tenemos que evitar que se convierta en Cuba en una epidemia, porque hay casos, hay denuncias frecuentes. Parte de la falsa concepción, muy arraigada por el patriarcado, de que las mujeres somos propiedad de los varones, de la familia o de la sociedad, y que tienen derecho a maltratarte, a piropearte, a toquetearte, a violentarte de cualquier manera. Entonces ese es el origen de que la violencia haya escalado. Y creo que es un problema que tenemos que enfrentar y que se naturaliza.

A veces, mujeres que tienen una proyección hacia el feminismo dicen: «No, yo no soy feminista radical». Yo creo que hay mucho por hacer en ese campo.

– Sí, sobre todo que la gente aprenda que el feminismo solo se trata de conseguir más justicia para todos, para hombres y mujeres. Porque del feminismo también salió el estudio de las masculinidades, o sea, fue ese descubrimiento del género como formativo de nuestras individualidades lo que hizo saber que también a los hombres les exigen cosas que no tienen por qué ser necesariamente vitales para ser un hombre. Yo creo que hay mucho prejuicio. Yo me divertía mirando las notas de contracubierta de los libros de las mujeres: fulana de tal, un libro que era superfeminista que estaba discutiendo temas de violencia, y decía «pero no es feminista», como librándola del estigma de ser feminista. Realmente yo creo que el feminismo hay que entenderlo como un acto de justicia, porque mientras mejor nos relacionemos, mientras más justas sean nuestras relaciones, nuestra sociedad va a ser mejor y nuestros hijos e hijas van a crecer con mayor libertad. Yo creo que ha habido también una regresión en eso de cuando éramos jóvenes, a veces también por carencias materiales. Creo que nuestra tarea es estar siempre alertas para denunciar allí donde haya casos de violencia y donde podamos ayudar a que la sociedad sea un poco más justa. No desmayar.

Cuando hablábamos de valentía, yo creo que también fue una valentía asumida públicamente que te raparas y fueras parte de esa campaña en defensa de Palestina. Eso no lo hace todo el mundo.

– No sé si valiente, igual me parece exagerado, pero nos dimos cuenta de que era un poco una anomalía haber reaccionado tan rápido cuando tantas mujeres se hicieron a un lado porque tenían un apego a su cabello que yo no, y no se decidían. Para nosotras la verdad que no tuvimos que pensarlo mucho. Eso fue una iniciativa que surgió en el año 23. Lirians Gordillo y yo convocamos a un grupo de mujeres de todas partes, le llamamos «Juntémonos a la acción». Nos reunimos aquí mismo en el Instituto y una de las participantes, Aniet Venereo, fue la que tuvo la idea de raparnos por Palestina en solidaridad con las mujeres y el pueblo palestino. Queríamos que fueran 76 mujeres rapadas para alcanzar los 76 años que entonces duraba la ocupación y el genocidio. Y lo logramos, logramos sobrepasar la cifra con mujeres de toda América Latina, también de Europa y Estados Unidos. Fue una experiencia muy linda que todavía nos mantiene conectadas. Al final siempre piensas que es un gesto simbólico, porque trabajar por la justicia en Palestina es un trabajo infinito que no podemos eludir.

“Hace un par de meses estuvo aquí una editora colombiana que había traducido al español un libro que se llama «Gaza responde», que son textos de un círculo de escritores jóvenes en Palestina para denunciar su realidad. Hay muchas maneras de apoyar al pueblo palestino, nosotras elegimos esa y fue muy potente. Nos rapamos para afirmar el acto y lo usamos para que cada una de nosotras sirviera de pretexto o de imagen a la descripción de cómo había ido evolucionando el genocidio durante cada año transcurrido. Publicamos en Facebook, en un sitio que se llama «Juntas por Palestina», textos donde describíamos lo que había pasado en Palestina cada año desde el 48 con la imagen de nosotras rapadas. Ojalá hubiéramos podido terminar con el genocidio, pero vemos que sigue adelante con la complicidad de muchos gobiernos y poderosos del mundo.”

 Zaida Capote es una mujer irreverente, feminista, valiente, realizada y soñadora. Una mujer realizada en la Cuba de hoy.

Cuba en los medios internacionales es como el desastre, un hoyo negro donde no pasa nada, no hacemos nada, no vivimos. Hace poco yo decía en un acto de solidaridad que hubo un momento en que yo creía que llegar a un lugar y sonreír y demostrar que teníamos dientes ya era suficientemente revolucionario. La imagen que se da es que no se puede ser feliz en Cuba, que no se puede llegar a nada ni trabajar bien. En ese sentido me creo bastante realizada. Soy muy feliz trabajando en el lugar donde trabajo y en lo que trabajo. Tengo una familia que adoro, así que sí, podría decir que estoy realizada.”

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