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Más que una celebración, un desafío

Por: Brenda Díaz Ocaña.

Cada 31 de mayo, la Organización Mundial de la Salud celebra a nivel global el «Día Mundial Sin Tabaco», destacando los riesgos para la salud, asociados a que su consumo es la principal causa evitable de muerte a nivel mundial.

El impacto nocivo de la industria del tabaco sobre el medio ambiente es enorme, lo que añade una presión innecesaria sobre los ya escasos recursos y frágiles ecosistemas de nuestro planeta. La magnitud del problema admite comparaciones con grandes epidemias, e incluso causa más muertes anuales que el sida, la tuberculosis y la malaria juntos.

Una persona fallece cada seis segundos por enfermedades relacionadas con el tabaco; la mitad de los consumidores habituales morirá a causa de este hábito, según datos de la Organización Mundial de la Salud.

En Cuba, el tabaco ha sido durante siglos parte del paisaje cultural: desde la hoja que se cultiva en los campos de Pinar del Río hasta el puro que fumaba el campesino en la puerta de su bohío. Pero, esto no impide que la isla se sume a la concientización sobre lo dañina que es esta industria para la salud de cuerpo humano.

A lo largo del mundo, la industria tabacalera emplea estrategias agresivas para captar nuevos consumidores. Los jóvenes y las mujeres de países en desarrollo constituyen los principales objetivos de estas campañas, puesto que los fabricantes diseñan productos con sabores dulces y envases coloridos para atraer a adolescentes.

El Día Mundial sin Tabaco no constituye una celebración ingenua. Representa una oportunidad para confrontar a una industria que prioriza las ganancias sobre la vida.

 

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