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La resiliencia del turismo como motor de transformación y crecimiento

El Día Mundial de la Resiliencia del Turismo, proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), cobra especial relevancia en un contexto marcado por la pandemia de la COVID-19. Esta celebración invita a reflexionar sobre la importancia de adaptarse y recuperarse frente a situaciones adversas en el sector turístico.

Además es un llamamiento a la acción para que todos los países del planeta desarrollen estrategias nacionales de rehabilitación tras las perturbaciones, incluso, mediante la cooperación entre el sector público y el privado, así como la diversificación de actividades y productos.

En el caso de Cuba, la resiliencia en la industria turística es un tema prioritario pues esta área es el principal renglón de la economía en la mayor de las Antillas.

El archipiélago caribeño implementa planes de desarrollo para fortalecer el turismo, como ampliar los mercados emisores, la promoción de destinos menos conocidos, la mejora de la infraestructura turística y la adopción de medidas de sostenibilidad ambiental.

Asimismo, trabaja en estrecha colaboración con organizaciones internacionales y otras naciones para intercambiar buenas prácticas y experiencias en materia de resiliencia turística. También se lleva a cabo programas de capacitación y sensibilización para mejorar la preparación y respuesta ante futuras crisis.

Un claro ejemplo es el proyecto Turismo Azul Resiliente en un cotexto de cambio climático en playa Santa Lucía que avanza con el objetivo de potenciar el uso sostenible del ecosistema marino costero en ese destino turístico de la provincia de Camagüey.

Dentro de las aspiraciones de esta iniciativa está la creación de un área protegida, cuyos límites se reevalúan actualmente por varios expertos del territorio.

Las proyecciones están encaminadas a vincular a los viajeros a las bondades de playa Santa Lucía, como el tratamiento con fangos medicinales, visitas a la salina El Real y el avistamiento de flamencos.

Igualmente, constituye una fortaleza la preparación y el conocimiento de los lugareños para propiciar el intercambio cultural con los foráneos, en aras de aunar criterios que contribuyan a la protección del entorno.

 

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