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Girón, la memoria viva en la poesía y la canción

Por: César Gómez Chacón

Abril siempre vuelve. Hoy, nuevamente, en medio de amenazas y peligros sobre Cuba. Vuelve como un latido de alerta, como página de una historia que se resiste al olvido.

Abril de 1961 fue punto de quiebre y reafirmación definitiva. Y como en toda gran gesta, fue canto, fue verso, fue palabra convertida en memoria.

La victoria contra el imperialismo yanqui en las arenas de Playa Girón, hace 65 años, se escribió con fusiles y cuatrobocas; se escribió también con la sensibilidad de quienes supieron traducir la épica en poesía y música. Desde entonces, nombres esenciales de la cultura cubana han vuelto una y otra vez sobre aquellos días, para fijarlos en la conciencia colectiva.

Abril florece… pero también combate

En el poema “Abril sus flores abría”, de Nicolás Guillén, la belleza natural del mes se ve abruptamente interrumpida por la agresión:

“Abril sus flores abría,

manto azul, corona verde,

rey de serena fragancia

que apenas las hojas mueve,

cuando desde el alto norte

flota de piratas viene…”

Metáfora contundente: la paz rota por la violencia, la fragancia herida por la invasión. Guillén no se limita a narrar; denuncia, señala el origen, desmonta la máscara de los agresores:

“Pagados están en dólares

y en inglés órdenes tienen

de que en Cuba ningún ensueño,

ni una flor, ni un árbol quede.”

La esencia del poema no es solo la agresión, sino la respuesta. El pueblo —ese sujeto colectivo que define la Revolución— no retrocede, no se dispersa, sino que actúa con fuerza casi natural:

 “…pero el pueblo los achica,

los achica y los envuelve,

los envuelve y los exprime…”

Girón empieza a convertirse en símbolo: el momento en que una nación entera se levanta y demuestra que la historia y la victoria se escriben con sacrificio y sangre.

Los zapaticos blancos: la inocencia herida y la justicia que nace

Si Guillén nos da la dimensión épica, Jesús Orta Ruíz (el Indio Naborí), en su “Elegía de los zapaticos blancos”, nos sumerge en el drama humano más desgarrador.

Nemesia, la niña carbonera, es la Cuba humilde que empieza a soñar con dignidad:

 “Pero siempre tuvo el sueño

de unos zapaticos blancos.”

La Revolución aparece entonces como salvación concreta, tangible:

“Era la Revolución,

era el sol de Fidel Castro,

era el camino triunfante

sobre el infierno de fango.”

El poema crece en esperanza… hasta que la violencia irrumpe brutalmente:

“Eran los aviones yanquis,

eran buitres mercenarios

agujereando los lirios

de sus zapaticos blancos.”

La imagen es devastadora: no solo se mata, se intenta destruir el símbolo de la dignidad conquistada. Pero incluso en medio del dolor, el poema no se rinde. Nemesia supera el llanto; comprende, resiste, afirma:

 “Sabe que los milicianos

rompieron a los traidores…”

Y la elegía se transforma en promesa colectiva:

 “para que todas las niñas

¡tengan zapaticos blancos».

Nadie se va a morir: la fe en medio del fuego

Décadas después, la memoria encuentra nuevas resonancias en la canción “Preludio de Girón” del inmenso Silvio Rodríguez.

Aquí la guerra se vuelve casi metafísica, un espacio donde conviven la muerte y la vida, el miedo y la determinación. El trovador lo define:

“El aire toma forma de tornado

y en él van amarrados

la muerte y el amor.”

Pero lo más poderoso es la afirmación casi desafiante ante la adversidad:

“Nadie se va a morir, menos ahora…”

Es una declaración de fe colectiva. En medio del combate, lo que se defiende es algo mayor que la vida individual: es la continuidad de un proyecto, de una nación, de un sueño compartido.

Y en ese contexto, la Patria deja de ser abstracción para convertirse en escudo, en sentido:

“el canto de la Patria es nuestro canto.”

La historia a través del llanto y la gloria

“Girón, la victoria” de Sara González recoge el espíritu de lo alcanzado y lo proyecta hacia el futuro. La canción asume el sacrificio; lo asume como parte esencial del triunfo:

“no hay libertad regalada,

sino tallada sobre el mármol y la piedra…”

Y convierte los sucesos en un acto profundamente humano, cotidiano, vital:

“se tiene que luchar y ganar,

se tiene que vivir y amar,

se tiene que reír y bailar…”

No se trata solo resistir, sino de vivir plenamente. De vencer y construir, entre muchas cosas: la alegría.

El estribillo resume esa dualidad de dolor y gloria que lleva a la victoria:

“Canto y llanto de la tierra,

canto y llanto de la gloria,

y entre canto y llanto de la guerra,

nuestra primera victoria.”

Girón: la conciencia que hoy nos guía

Guillén, Naborí, Silvio, Sara y muchos otros poetas y cantores de la Revolución cubana reinterpretaron los hechos, los humanizaron, los conviertieron en símbolo permanente.

Girón no quedó en 1961. Abril vuelve, sí. Pero no vuelve vacío. A más de seis décadas regresa cargado de flores… de historia y de fe en la victoria. Vuelve con la certeza de que, ante los nuevos peligros que hoy acechan a Cuba, hay un pueblo listo a volver a las armas para defender la Patria y su Revolución socialista, la de los humildes, por y para los humildes.

//llhm

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