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Entrevista al combatiente Ramón González Suco (+ Video)

Por: Alicia Cascaret Crombet

La propuesta de esta semana del programa Entrevista, de Cubavisión Internacional, es el diálogo entre Ramon González Suco, uno de los primeros hombres que enfrentó a las fuerzas invasoras y el periodista Abdiel Bermúdez Bermúdez, sobre la invasión mercenaria en la Ciénaga de Zapata, en abril de 1961, en la occidental provincia de Matanzas. Relatos de nuestra historia contados por sus propios protagonistas.

González Suco fue de los primeros hombres que enfrentaron en Playa Larga a los mercenarios instigados por el imperialismo norteamericano para derrocar la reciente Revolución triunfante de 1959.

Con una introducción del periodista Bermúdez sobre los hechos acaecidos en ese lugar se inicia el encuentro, recordando que González Suco fue uno de los primeros en hacerle frente al enemigo, con sólo 22 años, hoy veterano de las Milicias Nacionales Revolucionarias.

Suco como suelen llamarle, confiesa sí se tiene miedo en esos momentos, pero “si lo vences eres un hombre valiente, si no lo vences eres un hombre cobarde. Eramos 5 veteranos de la llamada limpia del Escambray”.

“En la lucha contra bandidos éramos 5. Tenía experiencia en la micronda para trasmitir información y junto a los otros 4 compañeros cada media hora informábamos sobre la situación de la playa. Las trasmisiones estaban dadas por la deficiencia energética del lugar”. Agregó que en esos momentos se cuidaban más de la tierra que del mar, porque había un alzado sanguinario que ahorcaba a los milicianos con alambre.

El 15 de abril de 1961 el enemigo bombardeó los aeropuertos de Santiago de Cuba, San Antonio de los Baños y Ciudad Libertad y Fidel alertó sobre otros posibles ataques, por lo que se movilizaron las fuerzas.

Suco cuenta que tenían una metralleta de 90 tiros que no habían usado nunca y eso resultó ser un arma de asalto, por lo que no se podía hacer un uso extensivo. “Informamos a la Comandancia que se nos habían acabado las balas y estábamos siendo atacados por una lancha. No sabíamos nada de invasión”, dijo.

Recuerda que salieron por la carretera y avistaron hombres. Se escondieron en espera de la llegada del batallón revolucionario. Continúa su relato diciendo escuchaba las órdenes de mando del enemigo y se percataba de su superioridad en armamentos y hombres. Suco y sus compañeros pertenecían al Batallón 339 de Cienfuegos.  Y comenzaron a buscar la forma de salir de ese cerco. “Estábamos esperando que nos localizaran y nos mataran. Los más absurdos pensamientos venían a mi mente”. Recordó que era tan joven que no sabía qué era un matrimonio, tener hijos, pensó en su madre “qué pronto voy a desaparecer”, se dijo.

Fueron hechos prisioneros junto a campesinos del lugar. Señaló que las tropas revolucionarias se acercaban al lugar, junto a la aviación, y la disciplina de los mercenarios se resquebrajó. Sobre todo, cuando el jefe de los invasores, al tomar prisionero a un tanquista e interrogarlo sobre las fuerzas revolucionarias que se acercaban al lugar, este le dijo: “lo que viene por ahí ni cien invasiones como ésta lo detiene”. El jefe de los mercenarios respondió: “nos han embarcado”.

A Las primeras horas de la madrugada, recuerda Suco, las tropas invasoras se estaban yendo en estampida. Él indicó: “las palabras de ese tanquista hicieron que los mercenarios abandonaran la playa”.

Suco guarda en sus recuerdos como llegó al Central Australia y tiene la posibilidad de conversar con el líder de la Revolución Cubana Fidel Castro Ruz “ese era el colmo de mi ficha miliciana”, pero también Fidel se interesó por su estado de salud, de los posibles daños a Playa Larga, el personaje que venía al frente Porfirio Bertod Matos, que se presentó como ex combatiente de la Sierra Maestra, pero se comprobó que mentía, según las investigaciones.

“En Cienfuegos me daban por muerto”, señaló. Cuando llegó a su provincia la alegría invadió a todos.

Al recordar el momento más triste de esos días, Suco expresó: “mi compañero José Luis, cuando vió los aviones enemigos pensó eran nuestros, les hizo señas y una bala lo decapitó”. Recuerda con tristeza y dolor que ese compañero estaba en vísperas de casarse. “Eso me hizo mucho daño y siempre he dicho que José Luis no se pudo casar con su novia, pero se casó con la Revolución”.

“Nos fuimos formando en etapas muy diferentes”. Habla de las misiones internacionalistas que cumplió. “En Venezuela tuve el honor de que Hugo Chávez, junto a otros compañeros, me condecorara con la Orden Francisco de Miranda, de primera clase. Siempre he estado en el grupo de vanguardia de la Revolución y ese es el legado que le dejo a mis hijos y nietos”.

Al final de la entrevista recuerda el Desfile de la Victoria y cómo a su paso por el malecón las mujeres y los niños salían a saludarlos y fue creciendo en ellos ese sentimiento de lo admirados que eran por su entereza y valentía. En la Plaza, Fidel los saludó ardientemente “nos cubrió el uniforme de ese batallón. Los muertos desfilaron con nosotros”.

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