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El rostro de la historia, exposición sobre el Líder de la Revolución Cubana

La muestra se compone de 20 fotos de Fidel Castro captadas en el momento en que el hálito de reflexión irradia su rostro en expresiones que pudiéramos considerar familiares, o domésticas, aunque no todas pertenecen a ese ámbito.

El rostro de la historia, exposición de Alex Castro inaugurada en agosto en la galería El reino de este mundo, de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, es un suceso singular que merece el mejor de los reconocimientos: contemplar todas y cada una de sus piezas. No me refiero a esa costumbre de pasar por la galería y verlo todo, una y otra vez, moviéndonos de un lado a otro, sino de regresar más tarde, cuando la memoria juegue con las exactitudes.

Veinte fotos de Fidel Castro

La muestra se compone de 20 fotos de Fidel Castro captadas en el momento en que el hálito de reflexión irradia su rostro en expresiones que pudiéramos considerar familiares, o domésticas, aunque no todas pertenecen a ese ámbito. La ropa que viste marca el derrotero. La mirada y el gesto se unen a la vestimenta, para dialogar con las manos y concederle un rango fundamental en la expresión, aunque no protagónico. Son instantáneas, conceptualmente hablando, porque el lente de Alex Castro ha conseguido capturar el instante de iluminación en el más personal de los movimientos. Es un don que estas fotografías aportan: la sensación de movimiento. Incluso aquellas en que Fidel parece meditar, u observar o escuchar atentamente, dan la sensación de que dejará la posición en ese mismo instante.

Se trata de un testimonio vivo, paciente, fiel a la gestualización más íntima de Fidel. Algo singular y de riesgo, sobre todo si tenemos en cuenta que la ha titulado El rostro de la historia.

El título sugiere en primer orden que se refiere a esa historia mayúscula de la patria donde el Comandante juega un papel primordial. Las fotos, sin embargo, lo presentan en íntimos instantes de gesticulación, pícaro en más de una ocasión. La complicidad que sus ojos y sus manos transmiten lo entrega humanamente simple, cordial, en apariencia fuera de esas mayúsculas funciones que emprendió como nadie en nuestra historia.

Descubrimos así que ese «rostro» del título lleva un doble signo en la intención del artista: el rostro del líder que hace marchar la historia de la patria es justamente el mismo que dialoga en momentos familiares, o íntimos. En exquisita síntesis, revela el fotógrafo la dualidad de la expresión. De ahí que, en la última del recorrido propuesto por el trabajo de curaduría, digno de elogio, hallemos a Fidel de uniforme verde olivo, en la tribuna, como si se tomara un momento de ensimismamiento.

La faz esencialmente humana va a definir los mejores momentos de nuestra historia patria. Vale el gesto de volver, más de una vez, a contemplar este suceso que se exhibe durante el mes de septiembre.

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