Por: Cynthia Ibatao Ruiz.
El bloqueo en su empeño de aislarnos del resto del mundo, no ha podido desaparecer la solidaridad y el apoyo que llega a Cuba desde todas partes del mundo. Luego del paso del Huracán Melissa por el Oriente del país, ejemplos de hermandad así lo demostraron .
Aunque el aire todavía huele a tormenta, el sol ha salido para muchos. Ha pasado un mes, desde que la vida se paró por un instante de tiempo en el Oriente de Cuba, vientos de más de 400 Km/h despojaron comunidades de todo, de casi todo, porque quedó la esperanza.
El Huracán Melissa tocó tierra cubana el 28 de octubre, y aunque nos preparamos, la fuerza de la naturaleza fue mayor. Al amanecer, era evidente, necesitábamos ayuda. Y la ayuda llegó.

El coordinador de respuesta de emergencia de la Unión Europea, Jocelyn Lance, declaró a la prensa nacional tras la llegada de un cargamento solidario a nuestro país: “por parte nuestra hemos apoyado con 6 aviones y, de estos, los 3 últimos son parte del stock que tenemos en Panamá. Hay una coordinación con el gobierno cubano para que esto vaya a los más vulnerables y los que más lo necesitan”.
Yoannis Basalo, directora MINCEX Las Tunas afirmó “nosotros tuvimos en el primer minuto todo el apoyo del Programa Mundial de Alimentos que nos ha acompañado también en todos estos días de trabajo acá en la provincia”.
Muchos rincones de Cuba también compartieron donaciones con el oriente del país
Todo tipo de donaciones llegaron, y cada sello de procedencia tuvo una historia distinta: China, Venezuela, México, España, Alemania, Viet Nam, organizaciones Internacionales, sociedades civiles, aportes individuales, navegaron hacia Cuba con un mensaje de solidaridad y apoyo.
A pesar de las continuas restricciones y políticas hostiles que intentan aislar a la Mayor de las Antillas de la comunidad internacional, en un contraste magnífico, amigos de todo el mundo demostraron que Cuba no está sola, y menos en los momentos más difíciles.
Corazones de cubanos, dentro y fuera del archipiélago, también latieron con el Oriente del país, y en un gesto de profunda humildad, donamos lo que pudimos, conscientes de que en esa parte de la geografía nacional hacía más falta.
Poco a poco se intenta volver a la normalidad, pero esos días no se olvidan. Cuando se hable de Melissa, no sólo contaremos la historia del desastre, será necesario hablar de empatía, de hermandad, de cariño, y de la fortaleza de las palmas de Oriente, que, aunque se doblan, no se rompen.
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