Por César Gómez Chacón
Duele y compromete. Cuba rinde este 15 de enero de 2026 homenaje a sus nuevos hijos mártires. La Habana recibe los restos mortales de los 32 combatientes internacionalistas cubanos caídos heroicamente en desigual y traicionero combate durante la agresión militar yanqui contra la hermana República Bolivariana de Venezuela el pasado tres de enero. ¡La Patria os contempla orgullosa!

Al pie de la escalerilla del avión, de donde descienden las urnas cubiertas por la bandera de la estrella solitaria, son recibidos por el general de Ejército Raúl Castro Ruz, y el presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez.
El general de Cuerpo de Ejército, Lazaro Alberto Álvarez Casas, ministro del Interior, afirma en su sentida alocución: “Nuestros compañeros regresan como una nueva luz”.

El pueblo habanero en representación de toda Cuba acompaña con disciplina y recogimiento el recorrido de sus héroes desde la terminal aérea hasta el edificio del MINFAR, donde recibirán el primer homenaje popular. Se rinde honor a quienes ofrecieron su vida en cumplimiento del más alto deber revolucionario: el internacionalismo.
El silencio marca el sentimiento de una nación que sabe enfrentar la pérdida sin renunciar a sus principios. El dolor es visible. Se asume con la serenidad de quienes comprenden que el sacrificio tiene sentido cuando la causa es justa.
Resuenan en las mentes las palabras del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, al despedir en 1973 a las víctimas del crimen de Barbados: “Cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla”. Hoy Cuba llora a sus hijos. No es debilidad: es canto y llanto de la gloria, es denuncia, es dignidad, es advertencia de que vendrán nuevas victorias.

Los 32 combatientes son honrados como defensores de la soberanía de los pueblos, como fieles continuadores de la tradición revolucionaria cubana. Cayeron gloriosamente enfrentando al enemigo histórico, en defensa de la Revolución Bolivariana. Su entrega confirma que la solidaridad no es consigna, sino compromiso real, asumido al precio de la propia vida.
No es esta una despedida. Es la bienvenida a quienes se incorporan con su ejemplo a las nuevas batallas que tiene la Patria por delante.
Al dolor se suma una decisión que no admite dudas ni matices. Cuba no se intimida ante la agresión ni se arrodilla ante las amenazas. Cada uno de estos combatientes caídos refuerza la determinación de un pueblo que ha aprendido, a lo largo de su historia, que la soberanía se defiende con firmeza, con sacrificio, y hasta la última gota de sangre si es preciso.
Hoy, frente a sus mártires, la nación más unida que nunca ratifica que no renunciará a su Revolución, ni a sus principios, ni a su deber internacionalista. La Patria se mantiene en pie, alerta y decidida. Quienes apostaron por el pánico en una madrugada de traición encontraron resistencia tenaz; quienes buscaron quebrar la dignidad de este pueblo hoy solo han conseguido fortalecerla.
Honor y gloria eterna a los combatientes internacionalistas cubanos. Cuba combate con ellos hasta las últimas consecuencias. Cuba honra. Honrar honra. Tiemble la injusticia.
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