Por César Gómez Chacón
Notas de prensa fechadas por estos días en la capital de Azerbaiyán dan cuenta de la presencia cubana en el XIII Foro Urbano Mundial, una cita donde confluyen más de 40 mil participantes de todos los continentes.

El evento, organizado por ONU-Hábitat junto al gobierno anfitrión, reúne en la bella urbe a orillas del mar Caspio a líderes políticos, urbanistas, alcaldes y representantes sociales de más de 180 países bajo un lema tan urgente como ambicioso: garantizar vivienda y construir ciudades resilientes.
La delegación del archipiélago caribeño está encabezada por Antonio Curbelo, vicepresidente primero del Instituto Nacional de Ordenamiento Territorial y Urbanismo (INOTU).
El embajador de la isla, Carlos Valdés de la Concepción, al hacer uso de la palabra en nombre de la comitiva cubana, insistió en que su país apuesta por el desarrollo urbano sostenible, aun en medio de condiciones adversas.
Cuba no parte de cero. Desde 2019 cuenta con un Plan de Acción Nacional para implementar la Nueva Agenda Urbana, respaldado además por la Ley 145/2021, lo que le da coherencia institucional y proyección estratégica a largo plazo. El país antillano llega al foro de Bakú para exponer resultados y dialogar desde una experiencia concreta: la de un país que intenta ordenar su territorio y construir ciudades más justas en medio de restricciones severas.

La delegación cubana insiste —con razón— en que cualquier análisis sobre sus avances debe considerar el impacto del prolongado bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos, al que se suma en los últimos tiempos un cerco energético que golpea directamente la vida cotidiana. En ese contexto se diseñan políticas públicas que tratan de garantizar algo tan básico como el acceso a la vivienda para todos.
Ahí radica uno de los puntos más importantes de la participación cubana en el foro: la defensa de un modelo que, aun limitado por recursos, intenta sostener principios de equidad y planificación estatal. Según explicó Valdés, los avances del país se apoyan en tres pilares fundamentales: un marco legal en consolidación, la planificación territorial como eje rector y la acción local como espacio donde las políticas se vuelven realidad.
En un mundo donde el mercado inmobiliario tiende a encarecer la vivienda y a expulsar a los sectores más vulnerables hacia la periferia —o directamente a la informalidad—, la postura cubana introduce un matiz distinto: planificar el desarrollo urbano con criterios de inclusión, resiliencia y sostenibilidad.
Claro que el reto es enorme. Las propias autoridades reconocen tensiones acumuladas en el fondo habitacional, limitaciones materiales y desafíos crecientes asociados al cambio climático. Pero el mensaje en Bakú no es de resignación, sino de continuidad: avanzar en la implementación de la Nueva Agenda Urbana y articularla con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, en particular la Agenda 2030.
Otro elemento clave en la intervención de la delegación cubana es la insistencia en la cooperación internacional. En un escenario global cada vez más fragmentado, la isla apuesta por alianzas interregionales que faciliten el acceso a tecnologías, fortalezcan las capacidades locales y permitan una respuesta más efectiva a múltiples problemas.
El mensaje es claro: el debate sobre las ciudades del futuro no puede desligarse de las condiciones políticas y económicas del presente. Y en ese terreno, el archipiélago caribeño insiste en algo esencial: incluso bajo presión, planificar el futuro sigue siendo una forma de resistencia.
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