A mi Cuba en la distancia

Más de dos mil seiscientos kilómetros separan a Granada de la Mayor de las Antillas, varios siglos de historia definen sus barreras idiomáticas, pero hay cubanos que continúan buscando en sus mares las similitudes con su isla, porque existen vínculos que trascienden el poder de la distancia. Quizás los años borren la exactitud de las memorias, pero para Alan Jareño Amil la nostalgia posee un valor incalculable, aun cuando pueda convertirse en una herida que no cierra.

Ingeniero químico de profesión, emigró hacia suelo granadino por motivos laborales y, desde entonces, no existe un día en que su mente deje de trasladarse hacia sus sitios más queridos o piense en la familia que reside en su tierra. Ha encontrado en otro país su proyecto de vida, pero no pierde la oportunidad para sumarse a las luchas de Cuba como participante activo de los proyectos de la Embajada cubana y durante el reciente fórum virtual Conectando Raíces que busca reforzar los vínculos con la diáspora. 

Sufre como cualquier cubano las agresiones contra la isla caribeña y aunque la lejanía geográfica le impida experimentarlo en carne propia, apoya a quienes levantan puentes de amor entre Granada y Cuba, en tiempos donde un cerco energético intenta borrar la sonrisa de su pueblo. 

¿Qué significa para usted acompañar las luchas de los cubanos desde suelo granadino? 

Significa muchísimo, pues en la actualidad la presión mediática termina afectando directamente al pueblo cubano. Muchos activistas no se dan cuenta de que las acciones de Washington contra el gobierno de la isla en realidad recaen sobre los ciudadanos. Me parece hipócrita que algunos digan ayudar al pueblo, mientras los servicios principales se ven afectados por sanciones que impiden la entrada de combustible.

Por eso siempre invito a las personas a informarse bien antes de emitir criterios. Mi forma de combatir es aconsejarles que no apoyen a quienes lucran con el sufrimiento de nuestras familias.

Yo sueño con un país donde mi madre no tenga que soportar interminables horas de apagón, mis sobrinas estudien con electricidad y no a la luz de una vela y los hospitales dispongan de recursos suficientes para las operaciones. Por eso, continuaré defendiendo lo mejor para mi pueblo, aunque hoy viva en Granada, Cuba seguirá siendo la tierra que me vio nacer.

¿Cómo sobrelleva la preocupación por su país en la distancia?

Soy una persona muy cubana y siempre trato de enfrentar las dificultades con optimismo. Cuando converso con mis amigos del barrio y los veo preocupados por los problemas diarios, les pido que no pierdan el ánimo y busquen fuerzas en algunas de nuestras costumbres, como jugar o conversar. También les pido que no dejen de ayudar a los ancianos, quienes fueron nuestros maestros en la escuela y también en la vida.

¿De qué formas contribuyen los cubanos residentes en Granada con quienes permanecen en la Isla?

Siempre estamos pendientes de nuestras familias y amigos. Sabemos que la situación no es fácil y, dentro de nuestras posibilidades, enviamos dinero, compramos baterías, paneles solares y otros recursos que puedan aliviar un poco las dificultades. También mantenemos una comunicación constante. A veces esa ayuda no se ve, pero existe. La mayoría de nosotros tampoco gana grandes salarios aquí, sin embargo tratamos de aportar lo que podemos.

Además, hemos creado un grupo de WhatsApp donde compartimos ofertas de empleo y nos apoyamos mutuamente. Es una forma de solidaridad entre cubanos. En mi caso tengo un empleo estable, pero eso no significa que deje de preocuparme por quienes aún buscan oportunidades.

¿Qué importancia le confiere a la unidad entre los cubanos residentes en Granada?

Es muy importante porque, aunque Granada es un país que nos ha abierto las puertas, siempre pueden existir manifestaciones de xenofobia por parte de algunas personas que desconocen la historia de cooperación entre ambos pueblos.

Cuba ha tenido un papel importante en el desarrollo de Granada y esa es una realidad histórica ampliamente conocida. El gobierno granadino mantiene una relación cercana con nuestro país y nosotros debemos contribuir a fortalecer esos lazos.

Por eso, siempre le digo a los cubanos que dejemos a un lado las divisiones. Seamos de izquierda o derecha lo importante es mantener el respeto, apoyarnos mutuamente y trabajar unidos como comunidad.

¿Considera que gracias a esa unidad la diáspora podría contribuir al desarrollo de Cuba?

Sí, pero para hacerlo necesitamos toda la información posible. He visto con optimismo algunas medidas del gobierno encaminadas a reducir trabas burocráticas y otorgar mayor autonomía en determinados ámbitos. Creo que esos pasos pueden abrir nuevas oportunidades.

La próxima edición del fórum digital del proyecto Conectando Raíces podría ser un buen punto de partida pues aumenta la unidad desde la diáspora. Agradecería la presencia de dueños de nuevas empresas para escuchar sus experiencias en ese sentido.

¿Cómo valora el trabajo conjunto entre la Embajada, la comunidad cubana y las autoridades granadinas?

Muy bueno, en los últimos meses se han organizado conciertos y eventos culturales y gastronómicos con la participación de la Embajada de Cuba, residentes cubanos, el gobierno y el pueblo granadino.

Gracias a esas iniciativas, ya se han recaudado importantes cifras destinadas a la ayuda humanitaria para Cuba y se espera continuar ampliando esa colaboración.  Por parte del joven equipo diplomático cubano hemos sentido una presencia muy activa. Nos convocan a las actividades oficiales, a las celebraciones por los aniversarios de las relaciones diplomáticas y a las acciones de solidaridad con Cuba.

Además, es una fortaleza contar con una oficina consular en Granada porque facilita los trámites y brinda una atención cercana y permanente. En cuanto al pueblo granadino, nuestros nexos comenzaron a fortalecerse durante el gobierno de Maurice Bishop, en 1979. Por esa época Cuba desempeñó un papel decisivo en la construcción del Aeropuerto Internacional Maurice Bishop. A ello se le suma la presencia histórica de colaboradores cubanos en sectores como la salud, la agricultura y la construcción.

¿Considera que con el apoyo de la diáspora y el pueblo granadino podremos construir la cubana que soñamos? 

Estoy convencido de que una Cuba mejor es posible, siempre que aprendamos a escucharnos, dejemos atrás las confrontaciones y trabajemos unidos. Quienes no buscan ayudar no deberían marcar el rumbo del futuro. 

Sueño con una Cuba llena de industrias, empresas eficientes y facilidades al mercado. Pero, por encima de todo, considero que la educación debe seguir siendo la prioridad. Los profesionales que ahora llevan los renglones económicos anteriormente fueron formados por maestros y ese papel se olvida, quisiera que volvieran los maestros con la misma vocación que antes.

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