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Cuando el estrecho se cierra y la tierra se abre

La crisis por el cierre del estrecho de Ormuz dispara los precios de los fertilizantes mientras la ONU advierte de un colapso alimenticio global. Cuba, asfixiada por el bloqueo y sin combustibles, responde con ciencia, tradición campesina y solidaridad internacional como el programa Sembrando Vida. Un llamado urgente a la soberanía alimentaria para que el hambre no sea la próxima pandemia.

Por: Valia Marquínez

¿Por qué el cierre de una ruta marítima en Medio Oriente podría impactar la seguridad alimentaria desde Asia hasta América Latina? Por el Estrecho de Ormuz, esa angosta cinta de mar, transita hasta el 30 por ciento del comercio mundial de fertilizantes y buena parte del petróleo y gas que mueve la agricultura moderna. Con la paralización del transporte marítimo por las agresiones de Estados Unidos e Israel contra Irán, los precios de la urea y el amoníaco se han disparado, y la capacidad de compra de los agricultores está en su nivel más bajo de los últimos cuatro años.

El hambre vuelve a colocarse en el centro de las tensiones mundiales, mientras la Agenda 2030 insiste en garantizar el ODS 2, la FAO advierte que el planeta podría enfrentar una nueva crisis alimentaria global en apenas seis a doce meses.El tiempo se está agotando”, escribió en su perfil de la Red Social X el representante de la ONU, Jorge Moreira Da Silva. “Sin una solución, dijo, podríamos estar enfrentando una crisis alimentaria global en cuestión de semanas.

Cuando comenzó la crisis, sabíamos que algunos países, algunos países de África y el sur de Asia, se verían afectados. Ahora la situación es mucho peor porque todo el mercado de fertilizantes se ha derrumbado.

Por su parte, el economista jefe de la FAO, Máximo Torero, también fue categórico al afirmar que “el margen para la acción preventiva se está agotando rápidamente”. Y añadió que “las decisiones que tomen gobiernos y agricultores hoy serán determinantes para evitar una crisis alimentaria generalizada”.

Eso es un llamado directo a la resiliencia, a la soberanía alimentaria y a repensar las rutas logísticas pues la FAO teme un “colapso agroalimentario sistémico”.

 Solo en abril, el índice mundial de alimentos subió un 2 % interanual; la carne aumentó 6,4 % y el trigo 0,8. En paralelo, la inseguridad alimentaria aguda crece en regiones del Sur Global donde millones de familias sobreviven entre conflictos, pobreza y cambio climático.

En Cuba, la amenaza de una crisis alimentaria global encuentra además un escenario marcado por el recrudecimiento del bloqueo y el cerco energético impuesto por Washington. Las órdenes ejecutivas firmadas por el presidente Donald Trump el 29 de enero y el primero de mayo de 2026 profundizaron las limitaciones para acceder a combustibles en un mercado internacional. Desde la agricultura cubana, los expertos reconocen que el impacto golpea directamente el riego, el transporte y la producción de alimentos.

Frente a la escasez, los polos productivos concentran hoy parte esencial de las siembras, mientras cultivos más resistentes como la yuca, el maíz o la calabaza ganan protagonismo por requerir menos agua y menos consumo energético. A la vez, resurgen prácticas tradicionales como la tracción animal y se expanden organopónicos, huertos intensivos, patios y parcelas familiares en barrios y comunidades.

La innovación científica también entra al surco y ante la falta de fertilizantes e insumos importados, Cuba impulsa bioproductos, semillas resistentes, compost, humus de lombriz y sistemas de riego con energía solar.

En la producción arrocera, una de las más golpeadas por el déficit de combustible, ya se implementan secaderos que funcionan con biomasa y cascarilla de arroz, mientras avanzan contratos cooperados entre empresas estatales y nuevos actores económicos.

La ganadería tampoco escapa al impacto del asedio energético. La falta de electricidad redujo la capacidad de enfriamiento y conservación de leche en cientos de centros de acopio, mientras los costos y la inflación presionan a productores y consumidores.

Sin embargo, en varias provincias cubanas se buscan soluciones locales para sostener entregas destinadas a niños, adultos mayores y personas enfermas, sectores priorizados dentro de la política alimentaria cubana.

En medio de este panorama agrícola, la cooperación internacional también se convierte en semilla de resistencia y soberanía. La solidaridad de México vuelve a extender la mano al campo cubano con una nueva experiencia.

Sembrando Vida está presente en más de seis municipios de la oriental provincia de Santiago de Cuba y es ejemplo de solidaridad para lograr mayor producción agrícola, seguridad alimentaria y beneficio de las comunidades rurales.

En medio de esta compleja geopolítica alimentaria, el desafío vuelve a ser producir más, depender menos y proteger a las poblaciones más vulnerables. La FAO propone abrir rutas comerciales alternativas, evitar restricciones a las exportaciones y fortalecer reservas regionales de alimentos.

Son medidas urgentes en un mundo donde el hambre ya no depende solo de la tierra o el clima, sino también de decisiones políticas y de conflictos internacionales que repercuten directamente sobre la mesa de millones de personas.

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