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Crónicas de un guajiro en Türkiye: Vuelo

Por: Duanys Hernández

Resulta para mí un inmenso privilegio formar parte de la delegación cubana que participará en la primera Copa Mundial Juvenil de Baseball5 de la WBSC Ankara, 2023. ¿Quién le hubiera dicho a un guajiro de Riquelme, en Quemado de Güines, Villa Clara que cumpliría sus sueños como periodista deportivo, y volaría a Türkiye?

Aquí estamos, y trataremos de contarles a través de estas crónicas nuestras peripecias.

La primera es referida a un vuelo de 17 horas Habana-Estambul, con parada técnica en Caracas, y después hora y media de Estambul a Ankara. ¿Cuántas crónicas no pueden escribirse en un viaje así?

Pero, el vuelo comienza la noche antes con la reunión para informar a los muchachos que tienen edades entre 14 y 18 años.

Adolescentes, que solo han visto aviones en películas, no paran de preguntar. Adis, la bebé del grupo con apenas 14 años soltó: ¿Y en los aviones no hay cocina? Parece que pensaba en el hambre que pasaría tanto tiempo allá arriba. Esa pregunta emula con la afirmación del olor del lituano en el mundial de mayores el año pasado en la capital mexicana. Los campeones mundiales entenderán la semejanza.

Ya en el aeropuerto no hubo problemas, y a la hora de los asientos fuimos regados por todo el avión.


Me tocó estar al tanto del santiaguero Alexander, El Piri, otro personaje que no sale de su asombro. Y fila 13. Allá va eso. El Piri abre grande los ojos y asiente en todo lo que le pregunto. Nadie imagina que golpea con su mano la pelota de baseball5 a más de setenta millas por hora.

Mi asiento era en el medio de tres, pero descubro que la ventanilla está vacía, y el guajiro siempre hala para el cristal, pero en Caracas terminó el sueño: emparedado en el medio hasta Estambul.

Mi vecino desde La Habana es un ruso calvo con la barba entre roja y canosa, que me mira con cara de pocos amigos cada vez que salgo al pasillo. Su gorra es muy peculiar, y parece un soldado de una película soviética aunque modernizado.

Para colmo se rompió su pantalla y no quiso cambiar de asiento. El venezolano que se incorpora en Caracas lo hace con una bella gorra de Venezuela del Clásico Mundial. Es amante de los deportes, y hablamos de la Vinotinto, el retiro de Miggy, la hazaña de Acuña Jr, y la extraterrestre Yulimar. Fila 14 premiada.

La merienda es otra historia, y el idioma de las aeromozas: inglés. A mí que solo aprendí la lección de: “Tom is a boy. Mary is a girl”.

Aprovecho que entiendo “sandwich” y eso mismo pido. Nunca me enteré de la otra opción. El “Orange” de las lecciones básicas me salvó con el jugo de naranja.

El baño es otro momento que mejor ni cuento. No soy primerizo, y siempre me asombra. Que si luz verde o roja como los semáforos. Coño, yo no soy chofer, y siempre me confundo. Por otra parte, la disyuntiva de qué hacemos con el papel.

Ahí recuerdo otra pregunta de los muchachos la noche previa: ¿ Y lo que evacuamos en el baño para dónde va? ¿Para el mar? Descubro que siempre me he preguntado lo mismo.

Las comidas y el suspenso de las muchachitas con los audífonos da para otra crónica.

Todavía queda vuelo. Me quito las zapatillas, y me pongo las chancletas. En el aire, para Türkiye y sin zapatos. ¡Qué buena sensación! Ah, y Türkish Airlines es como La Habana: LO MÁS GRANDE.

De la conexión Estambul- Ankara, y la cantidad de sandwiches que se comió el Piri podemos escribir un tratado.

Estas son las primeras peripecias. Un vuelo siempre es una escuela, pero que vengan más para graduarnos en la Universidad del Aire, como aquel famoso programa.

El cubano siempre fantasea con el pájaro de aluminio. Ya les contaremos en otras crónicas. Esto apenas comienza. La meta: el título mundial y unas cuántas historias por escribir.

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