Por: Ahmed González Franco
El júbilo y la rebeldía, dos componentes esenciales de lo cubano, hallaron un registro inédito con la Caravana de la Libertad en La Habana; y el ocho de enero de 1959 renació la esperanza después de tantos crímenes en aquellas mismas calles.
Habían pasado siete días desde el triunfo de la Revolución. Los barbudos entraban a la capital luego de recorrer todo el territorio nacional. Los tanques y otros equipos blindados del ejército del dictador Fulgencio Batista se convirtieron, por primera vez, en portadores de una buena noticia, esa que guiaba a la Caravana de la Libertad.

Fue un día histórico. Un mar de pueblo inundó las habaneras calles. En la ciudad, la ruta victoriosa se había iniciado en el Cotorro. Luego, la caravana pasó frente al Castillo de Atarés. Más tarde, frente a la sede de la Marina de Guerra; allí, atado al muelle, estaba el yate Granma. Acompañado por oficiales rebeldes, Fidel abordó la embarcación.
El punto final de la histórica ruta iniciada en Santiago de Cuba fue el 8 de enero de 1959 en el campamento militar de Columbia, bastión de la tiranía batistiana. Lo que ocurrió allí lo recuerdan los más veteranos, y los más jóvenes lo han aprendido de la historia de una nación que se niega a olvidar: llegaron las palomas al hombro guerrillero, hasta para alentar posibles alusiones bíblicas en la saga del hombre cuya obra cambió para siempre los destinos y la suerte de su pueblo.

Cuando aquel histórico 8 de enero de 1959 Fidel Castro concluyó su discurso en el antiguo campamento militar de Columbia, aseguró con convicción profunda: «Sé, además, que nunca más en nuestras vidas volveremos a presenciar una muchedumbre semejante, excepto en otra ocasión -en que estoy seguro de que se van a volver a reunir las muchedumbres-, y es el día en que muramos, porque nosotros, cuando nos tengan que llevar a la tumba, ese día, se volverá a reunir tanta gente como hoy, porque nosotros jamás defraudaremos a nuestro pueblo».
La historia vibra cuando se recuerda aquella caravana que fundó una Patria finalmente libre. Y aunque en lo adelante todo resultó más difícil, valió la pena, porque ha sido hermoso.

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