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La Isla que no se doblega

Por: Julio César Mejías

Cuba volvió a salir airosa en el ámbito de las relaciones internacionales, no sin antes tener que enfrentar y asumir varios hechos adversos para la isla.

Uno de ellos, aconteció al término de la presentación del proyecto del proyecto de resolución contra el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Washington desde hace más de 60 años.

Resultó, la trigésimo tercera ocasión consecutiva en que la Asamblea General de Naciones Unidas sometió a votación tal documento y Cuba consiguió una nueva victoria cuando 165 países respaldaron la resolución presentada por la nación antillana, pese a la brutal y feroz campaña de presiones político-diplomáticas orquestada por altos funcionarios estadounidenses, en particular el secretario de Estado, Marco Rubio, y el cuerpo de embajadores desplegado por todo el planeta.

El canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, denunció que el gobierno estadounidense intentó imponer su torcida e injusta voluntad a gobiernos soberanos, especialmente en Europa, mediante una ofensiva tóxica en redes sociales y canales oficiales del Departamento de Estado.

Sin embargo, decenas de representantes de países de todos los continentes y diversas organizaciones internacionales alzaron su voz durante el segmento de alto nivel del 80 período de sesiones de la Asamblea General de la ONU para pedir el fin del bloqueo y la salida de nuestro país de la infame lista de Estados patrocinadores del terrorismo.

No obstante, se abstuvieron 12 naciones que históricamente han apoyado el reclamo de Cuba, en tanto votaron en contra otras 7, algunas de las cuales nunca lo habían hecho: Argentina, Hungría, Macedonia del Norte y Paraguay, que esta vez se unieron a las habituales: Estados Unidos y su acólito Israel, así como Ucrania. Los votos de Argentina y Ucrania no sorprendieron en tanto su actual alineamiento con Washington.

Otro momento adverso en el ámbito internacional aconteció previo a la fallida Cumbre de las Américas que debió realizarse en República Dominicana. El presidente de la nación quisqueyana, Luis Abinader, decidió no invitar a Cuba, Venezuela y Nicaragua en evidente complacencia con las ordenanzas recibidas desde Washington.

De responder, se encargaron gobiernos dignos, auténticos y soberanos como los encabezados por los presidentes Claudia Sheimbaum de México y Gustavo Petro de Colombia, entre otros, quienes declinaron participar por la injustificada no invitación a La Habana, Caracas y Managua.

El descontento generado tanto en la sociedad dominicana como en otras naciones latinoamericanas y caribeñas escaló de tal manera, que el gobierno de Santo Domingo se vio obligado a suspender la realización de dicha Cumbre.

La afrenta contra Cuba no prosperó en ninguno de los dos casos, gracias al prestigio, dignidad, solidaridad y soberanía que caracteriza al pueblo y gobierno de la mayor de las Antillas.

 

//llhm

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