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Salud sin brechas de género

Por: Valia Marquínez Sam.

Mayo es el mes de la salud de las mujeres desde 1987 y el tema precisa una mirada global. La ciencia médica avanza a pasos agigantados, pero millones de mujeres siguen fuera de esa fotografía.

El mundo cuenta con vacunas, cirugías robóticas, terapias génicas, pero, millones de mujeres siguen sin acceso siquiera a una ecografía a tiempo o a una consulta de planificación familiar.

¿Por qué cerrar la brecha de salud femenina es una de las tareas más urgentes del desarrollo sostenible?

Solo el 7 % de la investigación sanitaria mundial se enfoca en enfermedades exclusivas de las mujeres. Eso significa que condiciones como la endometriosis, los trastornos del embarazo o ciertos cánceres ginecológicos han sido, históricamente, invisibilizados.

El resultado práctico es que las mujeres viven un 25 % más de su vida con problemas de salud en comparación con los hombres. En tanto, 270 000 mujeres mueren cada año por causas evitables durante el embarazo y el parto, y una de cada tres jóvenes en países en desarrollo tiene su primer hijo en la adolescencia, según datos publicados por Naciones Unidas.

António Guterres, Secretario General de la ONU lo ha resumido así: “La igualdad de género es el gran proyecto pendiente de los derechos humanos”. Y sin salud integral, la igualdad se queda solo en titulares.

Cuba también tiene ese desafío. El embarazo en la adolescencia no es un asunto menor, está muy vinculado a la ruralidad y a las brechas de escolaridad. Cuando una niña de catorce o quince años se convierte en madre, no solo interrumpe su proyecto de vida, también vulnera el derecho a decidir sobre su cuerpo y su futuro, como bien lo cuenta Camila, testimonio publicado en las redes sociales de UNFPA Cuba.

El Programa Conjunto “Prevención y atención al embarazo y la fecundidad adolescente en Cuba”, es una iniciativa conjunta del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia y el Fondo de Población de las Naciones Unidas en Cuba (UNFPA), con financiamiento de la Unión Europea. Se puso en marcha con una duración de 36 meses en diez municipios de la zona oriental de Cuba. La elección no fue casual porque provincias como Camagüey, Las Tunas, Holguín y Granma tienen tasas de embarazo adolescente por encima de la media nacional.

La idea es tener una fotografía precisa de las causas reales del embarazo temprano y orientar mejor las estrategias territoriales de prevención y atención. El Fondo de Población de las Naciones Unidas trabaja en Cuba con tres metas para 2030: eliminar las necesidades insatisfechas de planificación familiar, acabar con las muertes maternas evitables y erradicar la violencia de género y las prácticas nocivas.

La fecundidad adolescente no puede entenderse únicamente como un evento demográfico

El 6 de mayo la Gaceta Oficial  de la República de Cuba divulgó la Resolución 174 de 2025 del Ministerio de Salud Pública. La norma regula los servicios de salud sexual y reproductiva específicamente para enfrentar el embarazo en la adolescencia con apoyo comunitario.

Julio Guerra Izquierdo, viceministro de Salud Pública, informó que en 2025 el 18% de las embarazadas en Cuba eran adolescentes y,  precisó,  que la natalidad no puede depender de ese grupo etario porque sus embarazos conllevan riesgos físicos, emocionales y sociales.

Por su parte, la doctora Catherine Chibás Pérez, jefa del Programa Materno-Infantil, explicó que aunque Cuba realiza acciones de educación sexual, ahora este programa agrupa a todos los organismos y organizaciones que deben involucrarse. Desde el sector educacional y la Federación de Mujeres Cubanas, con sus acciones bien delineadas hasta la Fiscalía General de la República, los tribunales populares y el Ministerio del Interior.

Cuidar de la salud de la mujer es la inversión más rentable para el desarrollo humano porque genera sociedades más justas, resilientes y prósperas. Cerrar la brecha de salud de las mujeres significaría un billón de dólares anuales para la economía global, millones de vidas salvadas y generaciones enteras con autonomía para decidir su futuro. Cada adolescente con acceso a educación sexual, cada embarazo atendido con dignidad y cada parto respetuoso son pasos concretos hacia el desarrollo sostenible.

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