Por Idalma Moreno Baños
En una apartada zona de la costa Sur en el extremo más occidental de Cuba, existe una hermosa playa con sus cristalinas aguas y arena muy blanca llamada María la Gorda. Sobre ella se entretejen varias historias y leyendas.

Cuentan que en la época colonial los piratas tenían allí su lugar de descanso después de apoderarse de los tesoros de los galeones españoles que navegaban cargados de riquezas rumbo a España.
Según una de las leyendas, María fue una hermosa joven hija de un capitán español que, luego de ser hundido el barco de su padre por los embates de un huracán, logró llegar a esa playa, lugar de refugio de los filibusteros que se reunían para beber y descansar.
Otros aseguran que fue una indígena venezolana, raptada y violada por la tripulación de un galeón pirata y llevada por la fuerza hasta esa playa. Allí se convirtió en especie de sirvienta que cocinaba, servía las bebidas y cuidaba de los heridos cuando regresaban de cometer sus fechorías.
Algunos cuentan también que María era catalogada como una bucanera contrabandista de víveres y de mujeres, mercancías que ofrecía a los barcos filibusteros que llegaban a esas costas para refugiarse durante las tormentas que azotaban o para emboscar a convoyes españoles que transitaban esa área.
Lo cierto es que María creó un burdel donde los piratas, además de beber, comer y descansar, también recibían placer.
Al ser ella una mujer voluminosa y de grandes senos, algunos le apodaron María «la Gorda». Así comenzaron a llamarla los que frecuentaban el local construido frente a la playa. Con el paso de los años, ya todos la conocían por ese epíteto. De esa manera el nombre trascendió en el tiempo y aunque el burdel desapareció, al lugar se le quedó el nombre de María la Gorda.
Entre los piratas más importantes que frecuentaban la playa se encontraba Perjuicio, el Holandés y Pata de Palo. La leyenda también menciona a Sierra y a Resguardo entre otros.
Existe evidencia de unos 200 naufragios frente a la costa Sur correspondientes a esa época.; muchos de ellos son galeones coloniales españoles y cerca de cien aún permanecen hundidos, como se refiere en manuscritos que atesora el Archivo de Sevilla en España. Por parte de Cuba, hace unos años se realizaron investigaciones científicas en el fondo marino de toda esa área de la costa Sur de Guanahacabibes y se comprobó la existencia de los navíos hundidos.
Más allá de piratas y leyendas, un paraíso del buceo

Actualmente la playa sigue siendo atractiva por las condiciones naturales que posee y, además, porque alberga en su espacio el Centro Internacional de Buceo María La Gorda, un sitio atractivo para los aficionados al submarinismo.
Las aguas tranquilas con gran visibilidad y los fondos con sus arrecifes coralinos, así como la presencia de tortugas marinas, lo convierten en uno de los mejores puntos de submarinismo en Cuba. Los amantes del buceo acuden a este sitio por ser considerado entre los diez mejores lugares para realizar este deporte en toda América Latina.

Los buzos profesionales del Centro acompañan a los aficionados y científicos a las distintas áreas de inmersión, especialmente en el Valle de Coral Negro y el Salón de María.
El centro además de acogedor, sigue envuelto en las misteriosas historias y leyendas sobre piratas, corsarios y la joven María la Gorda que dio origen al nombre de esa playa en la costa Sur del extremo más occidental de Cuba.
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