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Jorge Gómez y el legado Moncada

Por: César Gómez Chacón.

Murió como había vivido: sin grandes aspavientos. Le gustaba jugar cartas en las noches de apagón, que últimamente ocurrían casi a diario en esa zona poco privilegiada de la Quinta Avenida. La madrugada del pasado 23 de marzo, a la luz de una lamparita recargable, frente a las barajas, dejó de latir su corazón de 83 años, golpeado desde hacía mucho tiempo por los demasiados palos y las grandes pasiones que le dio la vida.

Músico, compositor, economista, filósofo, profesor universitario, subdirector del Teatro Nacional de Cuba, recogedor de yucas en la Columna Juvenil del Centenario, comentarista y realizador de programas de radio y televisión, promotor cultural, premiado guionista de cine, miembro del Parlamento cubano durante cuatro legislaturas, y presidente del Cubadisco, el más importante evento de la industria musical cubana, Jorge Gómez Barranco es todo eso, aunque en una entrevista aún inédita prefirió resumirse a sí mismo como: “Un tipo que ha tenido la dudosa suerte de vivir en tiempos tormentosos, y que, tal vez por eso, se ha visto obligado a luchar desde muchos frentes… en todos esos lugares y en todos esos oficios.”

Y agregaba: “He trabajado mucho, muchísimo, a cualquier hora y todas las horas. Cada uno de esos ‘oficios’ que enumeras, se me fueron convirtiendo en razones de vida. He estudiado todo lo que me ha permitido el tiempo. He tratado de ser honesto con todos, incluso conmigo mismo.”

Jorge nunca tuvo el dinero suficiente para comprarse un auto ni una casa. Su principal propiedad material fue la colección de discos (tal vez la mayor de Cuba en manos de alguien) que acumuló al paso de los años y periplos por el mundo. Sus maletas de regreso, desde aquel viaje del Grupo Moncada a los Estados Unidos en 1978, venían siempre repletas de discos. La mayoría de las cosas que poseía, además de premios, diplomas, y otros de los llamados estímulos morales, eran regalos de amigos, incluidas las “gratuidades” otorgadas por la Revolución y personalmente por la sensibilidad de ese otro amigo, o padre, o hermano… llamado Fidel Castro.

Jorge insistió en no ser cremado. El Ministerio de Cultura le encontró un espacio en su panteón en la necrópolis de Colón. Sus restos fueron depositados allí donde descansan muchos de los grandes músicos cubanos recientemente fallecidos, aunque él, en aquella entrevista, reafirma sin rubor alguno: “soy el peor músico del mundo”. Así fue su vida, de paradoja en paradoja.

Carlos Tablada, reconocido intelectual, filósofo, economista e historiador cubano, a raíz de la partida física de su amigo de los años, afirmó que considera a Jorge Gómez entre los filósofos más notables del siglo XX en Cuba. Por cierto, en los últimos meses y hasta el mismo día de su partida física ambos estuvieron trabajando en la culminación de un libro que recoge todos los escritos, entrevistas, publicaciones y el pensamiento crítico de Gómez, y que será próximamente publicado en formato digital por Ruth Editorial bajo la presidencia de Tablada.

Pero su principal legado, ese que no heredará familia alguna, sino el pueblo de Cuba y los amigos de la cultura cubana en el mundo, es y deberá seguir siendo el Grupo Moncada, fundado por él en la Universidad de La Habana en octubre de 1972 y que forma parte importante de la banda sonora de la Revolución cubana. Durante casi seis décadas, varias generaciones de jóvenes de todo el país y del mundo, desde Francia hasta Japón, desde Italia a Venezuela, corearon con emoción sus textos y bailaron hasta el agotamiento sus sabrosas melodías.

Los más recientes conciertos de Moncada se sucedieron hasta hace unas pocas semanas en el Bulebar 66, centro cultural enclavado en el corazón de Centro Habana. Con esa disciplina y tenacidad que lo caracterizaba, Jorge acudía allí cada sábado, aunque en los últimos tiempos ya no subía a tocar. Pero semana tras semana saludaba a amigos y desconocidos, y defendía con su presencia la condición de director-fundador del grupo, mientras sus dos hijos, con cuarenta años de diferencia entre ellos, actuaban en el escenario.

“Los dejo con el Grupo Moncada

Es sabido que Jorge fue el sobrino mimado del poeta y periodista de la Generación del Centenario, Raúl Gómez García, asesinado en las mazmorras del Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953. Raúl, de quien lo separaban pocos años, era su guía, maestro de cabecera, y el amigo que le enseñaba a escribir poemas de amor y a la Patria, y lo llevaba al Latinoamericano a disfrutar la pelota, allá en las gradas altas donde siempre se sentaban. Su muerte fue una pérdida que Jorge nunca logró superar.

Muchos años después… Dejemos que sea él quien cuente (en esa entrevista aún por publicarse), quién bautizó al Grupo Moncada:

Fue Melba (…) Habíamos ido a tocar a un acto que se haría para la inauguración del pequeño poblado al que habían decidido llamar “Ben Tre”. Melba era la Presidenta del Comité de Solidaridad con Vietnam, Laos y Cambodia. Le tocaba hacer el discurso de clausura del acto. Le habían dicho que después tocaría un grupo universitario que era muy popular entre los estudiantes. Se acercó a donde estábamos. Con ella, me identifiqué, porque ya habían pasado algunos años. “Sobrino”, me dijo. “¡Qué maravilla encontrarte aquí! ¡De artista!”. “Y, ¿cómo se llama el grupo?”. Le dije que no tenía nombre. Por razones personales, y por aquella Canción del Moncada, había pensado en ese nombre, pero temía que pudiera resultar irreverente. “Ya. Te entiendo. Pero creo que, a Fidel y a todos nosotros, nos gustaría que hubiera un grupo con ese nombre”. Esa noche, cuando terminó su discurso, decidió presentarnos ella misma. “Bueno, ahora los dejo con el Grupo Moncada”.

Los tiempos han pasado. Los lugares de presentaciones musicales han ido cerrándose en la medida que el país sufre el asedio al combustible impuesto por la locura y la sed de venganza del actual gobierno imperial.

A los funerales de Jorge Gómez Barranco, donde fueron recibidas sendas coronas del general de Ejército Raúl Castro y del presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez, acudieron muchos de los músicos que durante casi sesenta años pasaron por el Grupo Moncada. A los fundadores Alberto Faya y Manolo Calviño se unieron David Blanco, Mayito Rivera, Emilio Vega, y también técnicos, sonidistas, utileros. Desde varios lugares del mundo otros ex-moncadas mandaron mensajes, hicieron llamadas, publicaron en las redes sociales sus sentimientos de dolor y agradecimiento al maestro, hermano y padre de todos ellos.

 “… Tenía 29 años (al fundar Moncada). Lo hice, como trato de hacer siempre, con toda la pasión posible. Pero no tenía ninguna visión de que eso marcaría mi futuro.”

Vete tranquilo, querido Jorge. Tu futuro está bien protegido. Somos muchos para defenderlo y dar continuidad a tu legado mayor. Moncada volverá de nuevo a los escenarios. Y su historia ¡crecerá!

//kbm

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