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Johann Ramos: un versátil actor

Sumario: Johann Ramos, un joven artista quien sobresale por la naturalidad de su interpretación tanto en las tablas como en la pequeña pantalla.

Por: Jeiddy Martínez Armas.

Johann Ramos es un lozano intérprete, de esos que sin pedir permiso y con mucho ahínco ha logrado ganar el cariño del público cubano. Con sus participaciones en distintos medios, destacándose en el teatro, donde obtuvo en el año 2024 el Premio Adolfo Llauradó de Actuación para adultos por su personaje Perkins en “Asesinato en la Mansión Haversham” de Nave Oficio de Isla. En la televisión lo hemos visto en algunos espacios, entre los más relevantes las dos temporadas de la teleserie LCB. La otra guerra donde dio vida al personaje de «Cloro».

En la actual novela cubana Ojo de Agua encarna al carismático Brayan Amador. “Me enteré de que estaban buscando actores y se lo comenté a la directora de casting y actriz Yailín Coppola. Ella habló con Alberto Luberta y finalmente decidieron darme el personaje”. Acerca su aparición en este dramatizado y otros de sus proyectos actuales y futuros conozcamos más en esta entrevista exclusiva para Cubavisión Internacional.

—Tu personaje, Brayan, es músico. ¿Cómo te apropiaste de esos saberes artísticos para interpretarlo?

Brayan, “El Pitirre”, es un joven artista aficionado cuyo mayor deseo es triunfar en la música. Para mí fue un reto grande, porque implicaba enfrentarme al estudio de instrumentos, algo que requiere habilidades que no domino completamente. Incluso, una cosa aparentemente sencilla, como tocar las maracas, resultó más complejo de lo que imaginaba. Mantener el ritmo y el tiempo fue todo un desafío.

—Brayan es también una especie de influencer ¿Cómo construiste esa arista del personaje?

Las redes sociales son fundamentales en la vida de Brayan. Él ve en ellas una vía para alcanzar el éxito, por lo que comienza a promocionar su música y su grupo.

Para construir esta faceta, consumí mucho contenido digital, especialmente videos del fenómeno conocido como “cubacringe”. Eso me ayudó a alejarme de mi propia manera de ser y a crear un personaje más auténtico dentro de ese universo.

—¿Qué fue lo que más disfrutaste al encarnar a Brayan?

Su soltura y energía. Es un personaje muy dinámico, muy distinto a mí, y eso me permitió explorar otras formas de comportamiento y preguntarme cómo me comportaría si yo fuera así.

—¿Cómo es la relación con los actores que interpretaron la familia de tu personaje en Ojo de agua?

A la mayoría ya los conocía, especialmente porque varios venimos de LCB. Eso facilitó mucho la comunicación y el trabajo en equipo.

Con Rolando Rodríguez, en particular, tengo una relación muy cercana: nos conocemos desde hace casi diez años, y ya somos como familia; sin embargo, con los que hicieron de mis padres, no había coincidido antes y fue hermoso hacerlo aquí.


—Algunas escenas musicales parecen muy divertidas. ¿Podrías compartir alguna historia graciosa de mientras realizaban las filmaciones?

Hay muchas anécdotas. En las escenas del trío siempre la pasábamos muy bien. Se creó una química muy bonita entre Damián Alonso, Rolando Rodríguez y yo, lo que hizo que el proceso fuera muy disfrutable. Podría decir que solo “toqué” los bongos porque el día que tuve que hacerlo, ni bajo la supervisión de Enid Rosales, aquello mejoró, entonces fue que decidí comenzar a tocar las maracas.

—Habías estado en otros espacios televisivos dirigidos por Alberto Luberta. ¿Qué es lo que más aprecias de trabajar con este director?

La primera vez que coincidí con Alberto Luberta Martínez fue en la temporada inicial de LCB: La Otra Guerra. Ojo de Agua es el segundo proyecto en el que coexistimos juntos.

De él admiro, sobre todo su paciencia y claridad. Es un director que sabe muy bien lo que quiere, está muy pendiente del desempeño actoral y cuida mucho los detalles. Del mismo modo tiene una sensibilidad especial y una manera muy particular de elegir y concebir cada uno de sus trabajos.


—En el teatro tienes una trayectoria sólida a pesar de tu juventud. ¿En qué estás implicado actualmente en este ámbito?

En teatro continúo con mi grupo en la comunidad creativa Nave Oficio de Isla, donde seguimos desarrollando un arte con vocación sanadora.

Asimismo, estaré bajo la dirección de Eme Fonseca en una comedia muy divertida. También haremos temporada de una nueva obra dirigida por Eduardo Eimil, donde asumo por primera vez el rol de codirector, además de actuar.

Por otra parte, con Perséphone Teatro, bajo la dirección de Adonis Milán, estrenaremos Cymbeline, de Shakespeare.

—Te graduaste como productor en la FAMCA. ¿Cómo han influido esos saberes en tu carrera artística?

Mi paso por la FAMCA ha sido muy importante. En Nave Oficio de Isla igualmente colaboro desde la producción, y he participado en varios proyectos audiovisuales en ese rol. Esa formación me ha dado herramientas valiosas para comprender mejor los procesos y aportar desde distintas áreas.

—¿Qué mensaje quisieras dar al público?

Estamos viviendo tiempos difíciles, y creo que el mayor reto es ser felices. Les invito a encontrar la felicidad en los pequeños detalles, en cada instante. A vivir el presente, el ahora, porque es lo único que realmente tenemos seguro.

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