¡Gooooolll de Cuba!

El pitazo final encontró a España levantando la Copa del Mundo. A miles de kilómetros del estadio, hacia el Caribe, también hubo aplausos y grandes emociones. En Cuba algunos lamentaron la derrota de la Argentina de Lionel Messi, a quien miles de cubanos acompañaron con la esperanza intacta hasta el último minuto. Otros celebraron el título español como si fuera propio, impulsados por una pasión nacida durante décadas de seguir la Liga, al Barcelona, al Real Madrid y al Atlético de Madrid.

Durante semanas, los cubanos demostraron que las dificultades derivadas de los intentos de asfixia por parte del Imperio no son capaces de apagar la alegría de compartir el fútbol.

Las instituciones, las culturales, deportivas, los gobiernos locales y también actores económicos no estatales unieron esfuerzos para que nadie se perdiera la gran fiesta del deporte.

Salas de cine abrieron sus puertas para transmitir los partidos; parques, plazas y comunidades instalaron pantallas gigantes; el Acuario Nacional recibió a decenas de aficionados y, en numerosos lugares, paneles solares y bancos de baterías garantizaron que la pasión pudiera vencer los apagones.

La imagen se repitió de un extremo al otro del país: familias completas reunidas, niños con camisetas de sus ídolos, vecinos comentando una jugada polémica y abrazos espontáneos después de cada gol. Durante noventa minutos, Cuba se convirtió en una enorme grada donde no importaban las preferencias deportivas, sino la emoción compartida. Y la electricidad fue repartida por todo el país con grandes esfuerzos del sistema energético nacional, a veces herido, siempre resiliente.

Encomiable igualmente el esfuerzo de la Televisión y la radio cubanas por transmitir en vivo los principales partidos del evento.

Y llegamos al pitazo final del Mundial. Cuando España conquistó el título, los aplausos también reconocieron el extraordinario nivel del campeón. Y quienes soñaban con ver a Messi levantar otra Copa despidieron al astro argentino con el respeto reservado para los grandes.

Las canchas del evento quedaron vacías, y en Cuba ganó la certeza de que un pueblo capaz de reunirse para celebrar el deporte, aun en medio de tantas dificultades, nunca pierde la capacidad de disfrutar, de emocionarse y de construir comunidad y de soñar un futuro feliz. Porque en esta isla rebelde el gol más importante no apareció en el marcador del Mundial. Ese lo anotó el pueblo cubano.

//kbm

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Noticias recientes:

Infórmate más: