Por: Isabel Días González
“Hoy vine con confianza, porque sé que aquí me cuidan y me ayudan a seguir viendo el mundo con claridad”, expresó Juan Carlos Dubed, paciente beneficiado con el Servicio de Glaucoma en La Habana.
Es uno de los cientos de adultos mayores de todo el país que acuden al Servicio de Glaucoma, ubicado en el Instituto de Oftalmología Ramón Pando Ferrer. Buscan las manos milagrosas de esos profesionales de la salud, en su hacer por la vida. Héroes de bata blanca que viven difíciles jornadas de trabajo, ocasionadas por ese cerco energético que se ensaña contra los cubanos, pero que no detiene su inmensa obra de amor.

Cada consulta es muestra del cuidado y entrega hacia una especialidad hermosa y consagrada, según afirma el Dr.C Francisco Fumero González, Profesor e Investigador Titular y Especialista de II Grado en Oftalmología.
“El Servicio de Glaucoma surge prácticamente desde que se creó el hospital —explica— como una de las subespecialidades de mayor prioridad, pues constituye la segunda causa de ceguera en Cuba y la primera de ceguera irreversible en el mundo”.

A propósito del Día Internacional del Glaucoma, comenta sobre el impacto de ese padecimiento en la calidad de vida, principalmente del adulto mayor. A ellos se dedica ese equipo que le acompaña allí, formado por médicos, optometristas, enfermeros, personal técnico y administrativos, entre otros que contribuyen a una salud ocular óptima en Cuba.
Al respecto agrega que el servicio se encarga no solo del tratamiento y seguimiento a los pacientes con glaucoma, sino que trabaja como unidad rectora en el desarrollo de esta subespecialidad en el país y como centro de referencia en la región, dado el avance alcanzado en este ámbito.
Desde cada consulta se evidencia la prioridad que recibe su vitalidad en el Ministerio de Salud Pública, como parte de las políticas de inclusión y equidad que distinguen al sistema sanitario nacional.
“En Cuba lo enfrentamos con un programa integral de diagnóstico y tratamiento. La clave está en la pesquisa temprana y en el acompañamiento constante al paciente”, subrayó.
Una entrega que mucho agradecen esas familias que encuentran apoyo y esperanza en difíciles momentos, durante su estancia en el Instituto de Oftalmología Ramón Pando Ferrer.
“Ver a Juan Carlos conservar su visión y su autonomía es un regalo inmenso. Agradecemos al equipo médico por su entrega y por devolvernos tranquilidad. No solo atendieron a un paciente, atendieron a toda una familia”, expresa emocionada Mercedes Dubed.
Una gratitud eterna, como ella misma asegura, que crece justo allí donde se tejen ciencia y humanidad, donde Cuba confirma que cuidar la visión es también cuidar la vida, esencia de la medicina revolucionaria.
