Por: César Gómez Chacón.
Fotos: Tomadas de Cubadebate.
Nuevamente, el gobierno de los Estados Unidos de América se muestra tal y como es: el gendarme del planeta, el mayor peligro que asecha a la humanidad y a la paz mundial.
El ataque militar norteamericano, sin declaración de guerra alguna, esta madrugada del sábado 3 de diciembre contra Caracas y otras ciudades venezolanas, pone nuevamente al planeta ante la cruda realidad: el régimen encabezado por el presidente Donald Trump actúa nuevamente como poder arrogante y desestabilizador, dispuesto a violar el Derecho Internacional y a sembrar el caos con tal de apoderarse de recursos estratégicos que no le pertenecen.
La República Bolivariana de Venezuela está hoy en la línea de fuego. La presencia militar de una inmensa flota militar yanqui desde hace varias semanas en las costas del Caribe venezolano no fue lo suficientemente condenado por la comunidad internacional. El resultado es hoy el inicio de una nueva guerra imperial.
Las autoridades venezolanas han denunciado una operación de agresión que apunta directamente contra el presidente constitucional Nicolás Maduro Moros y su esposa, la primera combatiente Cilia Flores. Ante la gravedad de los hechos y el silencio cómplice de Washington, la vicepresidenta ejecutiva de la República bolivariana, Delcy Rodríguez ha exigido públicamente al gobierno de Estados Unidos fe de vida inmediata del jefe de Estado venezolano y de su esposa, y responsabiliza de manera directa al poder imperial por cualquier daño que pudiera ocurrirles.
La agresión de hoy es la consecuencia directa de años de ataques sistemáticos contra Venezuela: sanciones criminales, bloqueo financiero, sabotaje económico, intentos de golpe de Estado, planes de magnicidio y una permanente guerra mediática destinada a deslegitimar a las instituciones bolivarianas y quebrar la voluntad de su pueblo.
El petróleo: botín histórico

Conviene decirlo con absoluta claridad: el verdadero objetivo de esta agresión no es el presidente Maduro, ni siquiera el proceso político bolivariano en sí mismo. El objetivo central es el petróleo venezolano, considerado la mayor reserva energética del planeta. La historia del imperialismo yanqui huele a petróleo, sangre y mentiras.
Venezuela y su decisión de no arrodillarse, es hoy el objetivo prioritario de esa misma lógica imperial.
Pero Venezuela no está sola ni indefensa. El pueblo venezolano ha demostrado una y otra vez que sabe resistir, que sabe organizarse y que no se deja engañar por las mentiras fabricadas en los laboratorios de propaganda de la CIA y el Pentágono.
Las denuncias realizadas por Caracas han provocado reacciones de alarma y condena en diversas capitales del mundo. Gobiernos, líderes políticos, movimientos sociales y fuerzas progresistas han advertido que esta agresión directa contra Venezuela representa una amenaza grave para la paz regional y para la estabilidad internacional.
Lo que ocurre desde esta madrugada con Venezuela es una advertencia clara para todos los pueblos del mundo. Si se permite que Estados Unidos actúe impunemente, mañana cualquier nación rica en recursos naturales, o que no se arrodille ante el poder imperial, puede ser la próxima víctima.
El imperialismo vuelve a mostrar su verdadero rostro. Venezuela resiste, denuncia y alerta. La historia, más temprano que tarde juzgará a los verdaderos agresores.
El mundo amaneció más vulnerable que nunca. Y solo ese mundo unido logrará detener la agresión que hoy amenaza a todos.