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El día en que la Tierra aprendió a resistir

Por: Annette Rodríguez Gutiérrez.

​Hay fechas que no se conmemoran con celebraciones, sino con la memoria encendida. Este 30 de marzo, el Día de la Tierra Palestina no es solo una efeméride de resistencia; es un grito de supervivencia que resuena desde las piedras de Galilea hasta las ruinas humeantes de la Franja de Gaza.

​En Cuba, la solidaridad no ha esperado. A través de la plataforma X, las máximas autoridades del país han reafirmado una postura histórica: el acompañamiento irrestricto a un pueblo que, según denunció el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez, enfrenta hoy «el más cruel de los genocidios ante los ojos de un mundo que no puede permanecer indiferente».

Para entender por qué el suelo palestino duele tanto hoy, hay que viajar exactamente 50 años atrás. El 30 de marzo de 1976, seis jóvenes palestinos cayeron bajo el fuego de las fuerzas de ocupación mientras protestaban contra la confiscación masiva de sus tierras en el norte de Israel.

​Lo que comenzó como una huelga general contra el despojo administrativo se convirtió en el símbolo de firmeza. Desde entonces, el olivo —raíz profunda y sombra eterna— dejó de ser solo un árbol para convertirse en el mapa de una nación que se niega a ser borrada.

Sin embargo, este 2026 la conmemoración tiene un sabor amargo a pólvora y hambre. La «filosofía del despojo» que dio origen a esta fecha ha mutado en una «estrategia de exterminio» en la Franja de Gaza.

​Lo que en 1976 fue una orden de confiscación, hoy es un asedio total. La relación es dolorosamente directa. Si hace cinco décadas se robaba la tierra para asentar colonias, hoy se destruye el suelo de Gaza para hacerlo inhabitable.

La tierra que una vez dio frutos hoy es escenario de una hambruna provocada por el bloqueo de ayuda humanitaria, una violación flagrante del Derecho Internacional que Cuba ha denunciado sistemáticamente en foros globales.

El canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, recordó en sus redes que la complicidad internacional —encabezada por el veto estadounidense en el Consejo de Seguridad— es el oxígeno que alimenta esta tragedia. Para la diplomacia cubana, el Día de la Tierra no es un concepto abstracto, es la exigencia de un Estado Palestino independiente con las fronteras anteriores a 1967 y Jerusalén Oriental como su capital.

​La crónica de este día nos dice que Palestina es, ante todo, una lección de persistencia. A pesar de los más de 70,000 fallecidos y la destrucción de la infraestructura básica en Gaza, el espíritu de aquel 1976 sigue vivo en cada familia que se niega a abandonar sus escombros.

​El Día de la Tierra Palestina nos recuerda que, aunque intenten enterrar a un pueblo, este es semilla. Y las semillas, tarde o temprano, rompen el concreto de la opresión para buscar la luz.

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