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El béisbol y la vida

Por: César Gómez Chacón

Será que el beisbol se parece a la vida/ Será que sin él no podemos soñar (Grupo Buena Fe)

Las dos bien luchadas victorias del equipo nacional de Cuba en el Clásico Mundial de Béisbol, aún en su fase clasificatoria, son mucho más que carreras anotadas en una pizarra.

Para los cubanos dentro y fuera del archipiélago los triunfos de estos días recientes tienen un significado más profundo: recuerdan la capacidad de resistencia de un país que, incluso en los momentos más difíciles, encuentra fuerzas para seguir adelante, y anotar entrada tras entrada.

El actual equipo de la nación caribeña, como en ocasiones anteriores, tiene una característica especial: reúne a peloteros que juegan en la Serie Nacional con otros que desarrollan sus carreras en ligas extranjeras.

Son hombres que viven realidades distintas, entrenan en escenarios diferentes y cargan historias personales muy diversas. Sin embargo, cuando se ponen el uniforme de las cuatro letras, todos empujan con fuerza mayor en la misma dirección.

Algo parecido ocurre con el pueblo cubano. La nación enfrenta hoy un escenario muy duro, acentuado por el prolongado bloqueo económico yanqui y por las nuevas medidas de extrema presión impulsadas por la administración del fallido Donald Trump.

Esa política de asfixia intenta cerrar caminos, limitar recursos de todo tipo y generar desaliento. Pero, como en el béisbol, la historia demuestra que un partido –como gusta decir un conocido comentarista deportivo– no termina hasta que termina.

En el terreno, los peloteros cubanos han mostrado disciplina, entrega y una convicción que no siempre se mide en estadísticas. Han sabido crecerse, ajustar estrategias, confiar en el compañero que está a su lado y en su grupo de dirección encabezado por Germán Mesa, ese director que como pelotero dejó muchas veces el pellejo en el terreno.

Es la misma lógica que se repite en la vida cotidiana de millones de cubanos, quienes con creatividad, esfuerzo y confianza enfrentan carencias de todo tipo, y junto a la dirección del país buscan y encuentran las mejores soluciones para seguir avanzando.

Cada victoria del equipo no borra las dificultades que todos conocen, pero sí envía un mensaje poderoso: la unidad multiplica la fuerza. Así como un batazo oportuno puede cambiar el rumbo de un partido, la voluntad colectiva puede transformar la adversidad en impulso para correr base por base hasta llegar a home.

Nadie puede predecir cuánto logrará avanzar el “team Asere” en este Clásico que reúne a los mejores peloteros del mundo. Pero cada paso, cada juego ganado por ese equipo que algunos descartaron de antemano, proporciona una alegría tal en los cubanos que por momento borra los momentos de tensión cotidianos y hace soñar con nuevas victorias. Lo imposible se hace posible.

Porque, al final, tanto en el béisbol como en la vida nacional, Cuba ha demostrado una y otra vez que sabe jugar los partidos difíciles, sin rendirse hasta el último out.

//llhm

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