Por: César Gómez Chacón.
Cuatro nombres de la historia cubana se unen, sin que medie el azar, en torno a una misma fecha y a más de un siglo de distancia. En circunstancias distintas, pero con el mismo reto, ellos dieron continuidad al combate por la Cuba libre y soberana que disfrutamos hoy.
José Martí, el delegado del Partido Revolucionario Cubano, y el mayor general Máximo Gómez prepararon durante más de dos años (entre 1893 y 1895) la Guerra necesaria. El estratega político y el estratega militar debieron allanar desacuerdos, incomprensiones personales, e irse por encima de suspicacias y temores de otros líderes de la independencia. Amparados por la fuerza de los principios, el respeto mutuo y la profunda amistad que ambos forjaron, encendieron juntos, en 1895, la llama de la libertad de Cuba, apagada tras la traición del Pacto del Zanjón.
Fidel y Raúl Castro, hermanos de sangre, batallas, tristezas y victorias, de iguales convicciones martianas, estrategas ambos, políticos y militares, líderes de la Revolución cubana y su pueblo, se vieron en febrero de 2008 ante una encrucijada que, no por natural, debió ser menos traumática: la salud críticamente quebrantada de Fidel y su decisión de declinar a sus cargos de Presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe.
Martí le ruega en carta al viejo militar dominicano: “Yo ofrezco a usted, sin temor de negativa, este nuevo trabajo hoy que no tengo más remuneración que brindarle que el placer de su sacrificio y la ingratitud probable de los hombres…”
La Guerra necesaria de Martí, con Gómez, Maceo y otros líderes del Ejército Libertador, machetes y convicciones por delante, estallaría el 24 de febrero de 1895, con el levantamiento de diferentes zonas geográficas en la isla.
Ciento trece años después, el 24 de febrero de 2008, Raúl Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, hace las conclusiones de la sesión constitutiva de la VII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular en el Palacio de las Convenciones de La Habana.
Su discurso de aquel día sembró las pautas de la continuidad de la Revolución, ya con Fidel convertido, por decisión propia, “en soldado de las ideas”.
“Un día como hoy en 1895 –apuntó entonces Raúl–, al llamado de Martí, los Pinos Viejos y Nuevos reiniciaron la lucha por la independencia, frustrada por la intervención militar de los Estados Unidos (…) No fue casual que se escogiera esta fecha, hace 50 años, para la primera transmisión de Radio Rebelde en la Sierra Maestra, ni que fuera el día en que proclamamos nuestra Constitución socialista en 1976.
“En este aniversario 113 del inicio de la Guerra Necesaria, son realmente muchos y difíciles los retos. Ante ellos, tengamos presente lo expresado por Fidel en su Reflexión publicada el pasado 10 de diciembre, cuando nos alertó:
«El rostro ceñudo de Martí y la mirada fulminante de Maceo señalan a cada cubano el duro camino del deber y no de qué lado se vive mejor», apuntó al finalizar su discurso el General de Ejército.
Raúl reafirmó la convicción con la cual acompañó a su hermano Fidel hasta su último aliento: “Asumo la responsabilidad que se me encomienda con la convicción de que, como he afirmado muchas veces, el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana es uno solo (…) Sólo el Partido Comunista, garantía segura de la unidad de la nación cubana, puede ser digno heredero de la confianza depositada por el pueblo en su líder.”
Algunos de los momentos más importantes de aquella alocución a la Asamblea y al pueblo, parecen dichos para hoy. Puede resumirse lo fundamental:
– El apoyo masivo a la Revolución exige cuestionarnos cuanto hacemos para mejorarlo…
– El Partido único tiene que ser más democrático que ningún otro, y con él la sociedad en su conjunto…
– Hay que planificar bien, pues no podemos gastar más de lo que tenemos, después organizar y trabajar con orden y disciplina, que son fundamentales…
– (…) el nivel de vida de cada cual esté en relación directa con los ingresos que recibe legalmente, es decir, con la importancia y cantidad del trabajo que aporte a la sociedad…
– Como nos dijo Fidel en su Reflexión del 16 de enero: «Tampoco debe regalarse nada a los que pueden producir y no producen o producen poco. Prémiese el mérito de los que trabajan con sus manos o su inteligencia» (…) Unidad significa compartir el combate, los riesgos, los sacrificios, los objetivos, ideas, conceptos y estrategias, a los que se llega mediante debates y análisis. Unidad significa la lucha común contra anexionistas, vendepatrias y corruptos que no tienen nada que ver con un militante revolucionario».
– (…) es imprescindible que todos los organismos y organizaciones trabajen con la necesaria integración.
– La institucionalidad, repito el término: la institucionalidad, es importante sustento de ese decisivo propósito y uno de los pilares de la invulnerabilidad de la Revolución en el terreno político, por lo que debemos trabajar en su constante perfeccionamiento. No creernos nunca que lo que hemos hecho es perfecto.
– Pero si alguien lo que pretende es presionar con afán de protagonismo o animado por la ambición, la demagogia, el oportunismo, la simulación, la autosuficiencia u otra debilidad humana de similar carácter, hay que enfrentarlo resueltamente, sin ofensas, pero llamando las cosas por su nombre.
– Nunca olvidar que el enemigo sigue al acecho, permanentemente dispuesto a aprovechar el menor descuido para hacernos daño, aunque haya quien se empeñe en ignorarlo.
– Otros, con matices, se empeñan en condicionar las relaciones con Cuba a un proceso de «transición» dirigido a destruir la obra de tantos años de lucha. ¡Qué poco conocen a nuestro pueblo, tan orgulloso de su plena independencia y soberanía!
– La Revolución es obra de mujeres y hombres libres y ha estado permanentemente abierta al debate, pero nunca ha cedido un ápice ante las presiones ni se ha dejado influir por ellas, ni por las grandes ni por las pequeñas.
La historia de Cuba y su Revolución, la iniciada por Céspedes el 10 de octubre de 1868, la encendida nuevamente por Martí, Gómez y el Ejército Libertador el 24 de febrero de 1895; la marcada para siempre por Fidel, Raúl y el Ejército Rebelde el 1ro de enero de 1959, es apenas una relación de hechos continuos, que nos han traído a la Patria libre soberana e independiente, que sigue aún en pie de lucha, este 24 de febrero de 2026.
¡Independencia o Muerte! ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!
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