Por: César Gómez Chacón
La tierra africana está abonada con sangre internacionalista cubana. En sus amplias sabanas, en sus montañas y en la memoria viva de sus pueblos quedó sembrada una historia común de lucha, dignidad y emancipación. Por eso, cuando África levanta su voz en defensa de Cuba, habla el corazón de un hermano.
En Addis Abeba, por decimoséptima ocasión consecutiva, la Asamblea de Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Africana aprobó una resolución que condena el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el gobierno de Estados Unidos contra el archipiélago rebelde.
Más que un gesto protocolar, se trata de una posición firme frente a una política que por 64 años ha intentado asfixiar el desarrollo de la mayor de las Antillas y quebrar la voluntad de su pueblo.
El texto adoptado reclama, por tercera vez, la exclusión de Cuba de la espuria e injustificada lista de países supuestamente patrocinadores del terrorismo, y denuncia el carácter arbitrario de esa designación.
Asimismo, expresa preocupación por el recrudecimiento del bloqueo, su alcance extraterritorial —incluida la aplicación del Título III de la Ley Helms-Burton— y por medidas recientes que buscan impedir el suministro de combustibles a la Isla.
La resolución reafirma los lazos históricos y políticos que unen a África y Cuba, y refuerza el reclamo casi unánime de la comunidad internacional a favor del levantamiento de una política ilegal y contraria al derecho internacional.
Por su parte, una vez más, Cuba agradece profundamente este respaldo, como muestra de los históricos y fraternales vínculos que existen entre ambos pueblos y de la permanente solidaridad con la mayor de las Antillas en la batalla por la eliminación de esta injusta e ilegal política.
Las autoridades y el pueblo cubanos agradecen el tradicional reclamo de la organización continental y el firme rechazo africano a la Orden Ejecutiva del presidente Donald Trump que busca bloquear totalmente el suministro de combustibles a Cuba, como parte de sus medidas de asfixia económica y su agresividad contra la soberanía, la paz y el bienestar del pueblo cubano.
Cuba también reitera su voluntad de continuar estrechando los lazos históricos, de amistad y cooperación con los pueblos y gobiernos africanos, que acortan cualquier distancia geográfica.
Cuando hay historia y sangre común, cuando hay memoria, habrá siempre pasado, presente y futuro. Mientras exista esa hermandad indestructible, ninguna agresión podrá borrar la certeza convertida en himno de combate: ¡La lucha continúa! ¡La victoria es cierta!
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