Por: Isabel Díaz González.
Los cubanos evocan este 27 de febrero, a 152 años de su desaparición física, a Carlos Manuel de Céspedes, quien llegó a ocupar el cargo de Mayor General del Ejército Libertador y primer Presidente de la República de Cuba en Armas. Así lo recordaba Fidel, líder histórico de la Revolución.
Considerado por sus heroicas acciones como el Padre de la Patria, ocupa un lugar cimero en la historia de Cuba, como el iniciador de la guerra por la independencia, que marca hasta nuestros días la obra de la Revolución.

Céspedes fue el primero que liberó a sus esclavos, fue el primero en tomar el machete con el grito de ¡Viva Cuba Libre! y el iniciador de una obra inmensa en la Mayor de las Antillas.
Como recordara Fidel Castro, Céspedes fue el hombre que supo colocar los intereses colectivos por encima de los personales, y que con su gesto de valentía y compromiso forjó la única Revolución cubana, iniciada el 10 de octubre de 1868.
La historia lo reconoce como Mayor General del Ejército Libertador, pero sobre todo como el patriota que, desde su ingenio azucarero La Demajagua, encendió la llama de la independencia. Su vida y su muerte heroica constituyen un legado que se mantiene vivo en la memoria nacional y en las nuevas generaciones. Por eso desde escuelas y centros laborales hoy se le recuerda con respeto.
En su honor se entrega, además, el Premio Nacional de Derecho cada año a destacados juristas del país.
En este 2026, Año del Centenario de Fidel Castro Ruz, la evocación de Céspedes adquiere un significado especial: se enlazan dos figuras cardinales de la historia cubana, el iniciador de las guerras de independencia y el líder que llevó a la victoria definitiva los sueños de justicia social y soberanía. Ambos, desde épocas distintas, representan la continuidad de la lucha por la libertad y la dignidad de Cuba.

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