Por: Carlos Manuel Gallardo Escalona
Volver al lugar donde comenzó todo —a la tierra que forjó su carácter artístico y lo vio germinar como músico— es para el pianista cubano Nachito Herrera mucho más que un simple regreso. Es un reencuentro íntimo con las raíces que alimentan su arte, una fuente de regeneración espiritual y un acto de gratitud hacia la formación y las personas que lo hicieron quien es hoy.
En esta entrevista, Herrera no solo comparte la profunda emoción de pisar nuevamente suelo cubano para presentarse en el Festival Internacional Jazz Plaza, sino que también reflexiona sobre el inquebrantable compromiso moral que lo vincula a su isla, un lazo fortalecido tras superar una grave enfermedad.
Con la ilusión de estrenar obras inéditas y rendir homenajes significativos, nos invita a recorrer, a través de sus palabras, los sentimientos y proyectos que trae consigo en esta visita, donde la música se convierte en el lenguaje perfecto para expresar amor, resiliencia y una promesa de regreso perpetuo.
¿Qué representa volver a la tierra que la vio nacer y formarse como músico?
Regresar es la manera que uno tiene de regenerarse y de volver a sus raíces. Es hermoso llegar y encontrarse con tanta gente maravillosa, con colegas de tantos años con quienes compartí en la Escuela de Música. Para mí significa muchísimo traer mi arte y el amor que siento por la cultura cubana, y recuerdo a todas las personas que contribuyeron a formar a Nachito Herrera —son tantas que nombrarlas llevaría un día entero—, porque gracias a ellas hoy puedo recorrer el mundo ofreciendo mi piano y mis conciertos.
Nachito es uno de los artistas cubanos residentes en el exterior que ha realizado donaciones a varias escuelas de música del país. ¿Cree que es un compromiso que tienen los connacionales cubanos con su isla?
No me atrevería a hablar en nombre de otros artistas, pero puedo decir que yo siento un compromiso inquebrantable con la Isla. Es una promesa que me he trazado desde siempre, pero que se profundizó tras una experiencia vital: después de pasar una COVID muy grave, con casi 14 días en coma, pude recuperarme gracias a la colaboración de médicos cubanos, norteamericanos, griegos e indios. Volver a la vida y al piano convirtió ese compromiso en algo moral y permanente.
Incluso si, algún día, actividades profesionales impidieran mi presencia física, me ocuparía siempre de conocer las condiciones en las escuelas de música y los hospitales, porque creo que es un deber hacerlo. Vengo de una formación familiar que, como decimos en Cuba, está entre lo guajiro y lo académico, y en el campo se dice que hay que dar un paso al frente cuando hay problemas.
Ahora, sabiendo que hay situaciones difíciles, creo que es el momento de actuar por el desarrollo de la cultura y de la salud. Eso es lo que, Dios mediante, aspiro a seguir haciendo, además de regresar siempre a mi isla y a mi país para ofrecer mi música al piano. Es todo lo que quiero.
¿Qué novedades traes para el Festival Internacional?
Fue idea de nuestra productora general —y mi esposa— Aurora González, invitar este año a la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba, que bajo la dirección del maestro Igor Concuera nos acompañará en la gala. Con ella realizamos más de 48 conciertos en 2012, durante la primera gira de la Sinfónica por Estados Unidos.
Al pensar en algo distinto para Cuba Vive, recordamos una obra que nunca se ha interpretado en Cuba y es muy poco conocida en el mundo: la Segunda Rapsodia de George Gershwin. Tengo el honor y el placer de estrenarla en mi país, en un concierto que también rendirá homenaje a su música —mi maestro Frank Fernández cerrará la primera parte con Rhapsody in Blue—.
Como siempre, para nosotros es esencial contar con la participación de estudiantes. Me han confirmado que habrá una pequeña intervención de niños músicos de la convocatoria, lo que suma aún más sorpresas a este gran concierto.
Los espero este domingo 25, a las 11 de la mañana, en la Sala Covarrubias. Junto a la Sinfónica Nacional nos acompañarán Niurka Reyes, estudiantes de la ENA, la Orquesta de la Amadeo Roldán bajo la dirección de Jorge Seggio, y otros artistas que, con gran alegría, me han confirmado su presencia.
Estoy lleno de felicidad. Decía recién, al llegar al aeropuerto, que todavía no aterrizaba del todo, porque me emociona profundamente llegar a tocar mi piano para el público. Los invito a todos a celebrar la música, un lenguaje que une, que transmite pasión y amor. Eso es lo que quiero dar a mi país: el amor que les tengo y la promesa de seguir regresando, siempre que me lo permitan, para seguir tocando para ustedes.
¿Hay alguna propuesta especial?
Tenemos la gran responsabilidad de cerrar el Festival Jazz Plaza el próximo 1 de febrero en Holguín. Allí, además, rendiremos un homenaje especial a mi maestro, Frank Fernández —nacido en Mayarí—, que iniciaremos aquí en La Habana el día 25 a las 7 de la noche, y concluiremos con un tributo a su música en Holguín.
El concierto de clausura será, como es tradicional, una fusión entre músicos profesionales y la Orquesta Sinfónica Juvenil de Holguín. Hemos visto los videos de sus ensayos y la dedicación que ponen a pesar de las dificultades, lo que a mi esposa y a mí nos ha emocionado profundamente.
Aprovecharemos esta gala también para rendir tributo a compositores que han elevado la música cubana, como Guayabero, y tendré el placer de tocar con el Conjunto de los Taínos de Mayarí, interpretando el repertorio original, aquel que incluso muchas personas de mi generación no conocen.
Será un espectáculo para celebrar que estamos juntos, vivos y bien. Como dice una frase que leí hace poco: “Cuando las palabras fallan, la música habla”. Ese es el mensaje que quiero llevar. Y, humildemente, quería que este cierre del Jazz Plaza en Holguín fuera un tributo de respeto y consideración hacia los músicos de esta tierra, como Juanito Márquez. Así que los espero en Holguín, donde me dicen que hace un calorcito muy acogedor, para celebrar juntos a través de la música.
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