Por César Gómez Chacón
La decisión del gobierno ecuatoriano del pasado 4 de marzo, de expulsar a toda la misión diplomática de Cuba en Quito, constituyó un hecho lamentable en la historia reciente de las relaciones entre ambos países, y en el contexto latinoamericano en general.
Algunos días después, merece la pena ahondar sobre el tema.
La medida, dada a conocer de manera abrupta, fue una señal política que reveló hasta qué punto algunos gobiernos están dispuestos a sacrificar vínculos históricos en nombre de alineamientos coyunturales.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba lo expresó con claridad al rechazar “en los términos más enérgicos la decisión arbitraria e injustificada”.
Más aún, La Habana lo calificó como “un acto inamistoso y sin precedentes, que daña significativamente las históricas relaciones de amistad y cooperación entre ambos países y pueblos”.
«La decisión del gobierno ecuatoriano no es casual. Responde al alineamiento con la política exterior de los EE.UU., y se produce en un momento en que Donald Trump ha desplegado ataques militares contra Venezuela e Irán y ha declarado que Cuba es el siguiente país en su lista», agregó el MINREX cubano.
No es fortuito que solo un día después de la ruptura de relaciones con Cuba se le viese a Noboa junto a Trump en la llamada Cumbre Escudo de las Américas en Miami. Paralelamente, el mandatario ecuatoriano anunció que el 13 de marzo firmará el acuerdo comercial recíproco con EE.UU., que baja notoriamente los aranceles entre ambos países.
El Ministerio de Exteriores de Cuba señaló que: “no parece casual que esta decisión haya sido tomada en un contexto caracterizado por el reforzamiento de la agresión de los Estados Unidos contra Cuba y de las fuertes presiones del gobierno de ese país a terceros Estados para que se sumen a esa política”.
Algunas reflexiones…
Analizar este episodio sin considerar sus antecedentes históricos sería cuando menos injusto.
La medida del gobierno servil de Noboa hiere una relación que se construyó desde la cooperación y la cercanía entre pueblos.
Durante décadas, Cuba y Ecuador construyeron lazos basados en la cooperación y la solidaridad. Brigadas médicas cubanas atendieron a comunidades apartadas del país andino; cientos de jóvenes ecuatorianos se formaron como médicos en la Escuela Latinoamericana de Medicina; miles de personas recuperaron la vista gracias a la Operación Milagro.
Por otra parte, la ruptura diplomática deja a los cubanos residentes en Ecuador sin servicios consulares y dificulta vínculos familiares y administrativos básicos.
El regalo de Noboa a Trump apunta a una tendencia que recuerda la posición de la mayoría de los países latinoamericanos ante el triunfo de la Revolución cubana el 1ro de enero de 1959.
Cuba en el corazon de los ecuatorianos
Pero detrás del conflicto diplomático hay también historias humanas. Cuando fue declarado persona non grata, el embajador cubano Basilio Gutiérrez expresó con sencillez y emoción: “Ecuador es mi segunda patria”. Así lo publicó en su portal de Facebook la periodista y escritora cubana residente en Ecuador, Yurien Portelles.
Durante nueve años de su carrera diplomática Basilio trabajó en ese país, construyendo relaciones con autoridades, organizaciones sociales y ciudadanos comunes.
Antes de abandonar Quito, el diplomático recordó algo esencial: “Cuba se va con el deber cumplido de haber ofrecido educación y salud a los hijos de este pueblo hermano solo a cambio de servir a la humanidad, sobre todo a los hijos de los hombres y mujeres más humildes de este país de los Andes”. Y añadió una verdad difícil de negar: “Cuba está sembrada en el corazón del pueblo ecuatoriano”.
Las palabras del embajador son fruto de una convicción que trasciende las coyunturas. Como afirmó su cancillería, “Cuba está convencida de que el pueblo ecuatoriano sabrá defender los lazos de solidaridad y hermandad con Cuba”.
Ciertamente, los gobiernos pasan, la diplomacia de los sumisos puede arrodillarse ante determinadas presiones. Pero la memoria de la amistad y la solidaridad entre los pueblos de Cuba y Ecuador es imperecedera.
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