Por: César Gómez Chacón.
Cada nueva evidencia confirma que el bloqueo económico, comercial, financiero y ahora energético impuesto por Estados Unidos contra Cuba no solo persigue asfixiar la economía de la Isla. Sus consecuencias alcanzan también a la educación, la ciencia y la cultura, en un intento por limitar el desarrollo de sectores esenciales para la identidad y la soberanía nacional.
Un reciente artículo de la publicación mexicana “La Jornada” da cuenta de la campaña emprendida por la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV) de San Antonio de los Baños, en las afueras de La Habana, para avanzar hacia su autonomía energética.
En una muestra elocuente de resiliencia, la prestigiosa institución, reconocida en el mundo por formar a generaciones de realizadores audiovisuales, trabaja por incorporar paneles solares, baterías y estaciones de energía que le permitan sostener la docencia y la posproducción frente a las afectaciones del sistema eléctrico nacional, agravadas por el cerco que impide a Cuba acceder con normalidad a combustibles, financiamiento y tecnologías.
Apagar la energía es intentar apagar las historias
En la EICTV conviven estudiantes de numerosos países, incluyendo de los Estados Unidos, que encuentran en Cuba un espacio para aprender, crear y compartir experiencias. Cada interrupción eléctrica retrasa clases, pospone proyectos audiovisuales y dificulta los procesos de edición y producción. En otras palabras, afecta la posibilidad de que nuevas voces cuenten sus propias historias.
Es una clara evidencia de que el bloqueo norteamericano, agravado por los golpes de cerco energético, también limita el acceso a herramientas indispensables para la creación artística y obstaculiza el intercambio cultural entre los pueblos. La cultura, como la salud o la educación, también paga el costo de una política de asfixia que Estados Unidos mantiene desde hace más de seis décadas.
El mundo vuelve y vuelve a rechazar el bloqueo
Frente a esa realidad, la comunidad internacional volvió a expresar con claridad su rechazo. En la más reciente votación de la Asamblea General de las Naciones Unidas, 136 países –una abrumadora mayoría de los Estados miembros– respaldaron nuevamente la semana pasada la resolución que exige el fin del bloqueo contra Cuba. De nada valieron las presiones ejercidas por Washington para impedir que el tema llegara al debate o para influir sobre el voto de numerosos gobiernos.
Ese resultado demuestra que cada vez son más las naciones que reconocen el carácter injusto, anacrónico y violatorio del Derecho Internacional de una política cuyo impacto alcanza incluso a instituciones culturales de reconocido prestigio internacional.
Desde la cultura también se resiste
Los esfuerzos de la Escuela Internacional de Cine y Televisión son mucho más que una búsqueda de soluciones energéticas. Es un acto de resistencia creativa y una demostración de que la solidaridad puede imponerse a las dificultades.
Porque cuando el bloqueo intenta apagar la electricidad de una escuela de cine, en realidad busca limitar la creación, el pensamiento y el intercambio entre culturas. Y, sin embargo, la respuesta sigue siendo la misma: mientras existan artistas, estudiantes y pueblos dispuestos a defender el derecho a contar también desde el celuloide sus propias historias, ninguna política de bloqueo conseguirá apagar la luz larga de la cultura cubana.
//kbm