Por: César Gómez Chacón
Una vez más, desde determinados círculos de poder en Estados Unidos se intenta construir una narrativa falsa contra Cuba. Esta vez, el pretexto es el programa de salud Medicare, utilizado como arma política en un intento burdo por desacreditar a la Isla. Un comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores, fechado este 8 de abril en La Habana, afirma que se trata de “una calumnia más promovida por sectores anticubanos en ese país”.
“Recientes declaraciones de funcionarios del Gobierno de Estados Unidos especulan, sin evidencia alguna, que el Gobierno de Cuba podría estar involucrado en fraudes al programa estadounidense de salud Medicare, en el sur de la Florida”, denuncia la cancillería cubana.
Nuevamente, el patrón se repite, ya con alarmante frecuencia: acusaciones sin pruebas, declaraciones ambiguas de funcionarios y una maquinaria mediática lista para amplificar cualquier insinuación que apunte contra Cuba. Lo grave no es solo la falsedad del señalamiento, sino la intencionalidad política que lo sustenta.
La mentira como política
Resulta particularmente revelador que estas acusaciones se lancen “sin evidencia alguna”. Cuando no hay hechos, se fabrican percepciones. Cuando no hay pruebas, se construyen sospechas y la mentira cobra nuevas y viejas víctimas.
El comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX) es claro y contundente: los funcionarios estadounidenses “faltan a la verdad conscientemente”. Y eso, en términos políticos y diplomáticos, tiene un peso enorme. Acusar a un Estado de participar en fraudes a un programa federal estadounidense implica una responsabilidad internacional que no puede sostenerse sobre conjeturas. Sin embargo, esa parece ser la lógica de quienes, incapaces de demostrar sus afirmaciones, apuestan por el ruido mediático.

La historia que desmiente la calumnia
Lo más contradictorio de esta nueva campaña es que el propio Gobierno de Estados Unidos conoce perfectamente la postura de Cuba frente a delitos como el fraude financiero. Son hechos verificables.
Durante años, ambas naciones han sostenido intercambios y coordinan acciones en áreas sensibles: terrorismo, asistencia judicial, tráfico de drogas, ciberdelitos, lavado de activos, entre otros. Es decir, existe un historial concreto de cooperación que desmiente cualquier insinuación.
Cuba no solo rechaza estos delitos, sino que actúa contra ellos. El comunicado lo deja claro: se han procesado personas en territorio nacional vinculadas a fraude al Medicare estadounidense. No hay tolerancia, sino acción firme por parte de las autoridades cubanas, que más de una vez han compartido información y han solicitado colaboración para enfrentar delitos de todo tipo, que involucran a personas en los dos países vecinos.
Falta de reciprocidad: el silencio como respuesta
Pero hay un punto especialmente revelador en la denuncia cubana: la ausencia de reciprocidad por parte de Estados Unidos. Mientras Cuba coopera, investiga y actúa, del otro lado prevalece, en la mayoría de los casos, el silencio o la inacción.
Este desequilibrio responde a una lógica política en la que la cooperación se subordina a los intereses de presión contra la Isla rebelde. Se comparte información cuando conviene, se ignora cuando no encaja en el relato anticubano.
Así, se configura un escenario en el que Cuba, aunque cumpla, es acusada; aunque colabore, es señalada; y cuando actúa, es ignorada. Se trata de la justicia yanqui a conveniencia.
El sur de la Florida: laboratorio de la manipulación
No sorprende que estas acusaciones se centren en el sur de la Florida, un territorio donde históricamente han operado los más recalcitrantes sectores anticubanos, al amparo de gran influencia política, económica y mediática. Desde allí se articulan muchas de las campañas de desinformación que luego escalan a nivel federal y se convierten en calumnias mundiales.
En ese contexto, el tema del Medicare se usa hoy como una nueva herramienta útil, en medio de las más duras amenazas del propio “impresidente” Trump y su Secretario de Estado, el señor “Narco” Rubio, de emprender acciones militares contra el país antillano.
Cuba responde con coherencia
Frente a esta nueva arremetida, la respuesta del MINREX cubano ha sido firme, serena y coherente. Se reitera la “voluntad de enfrentar de manera conjunta los delitos transnacionales”. Es (otra más) invitación abierta a la cooperación real, basada en el respeto y en el intercambio mutuamente beneficioso.
El daño mediático ha sido nuevamente inoculado, pero ante él existe el antídoto más eficaz: la verdad. Pero tal vez suceda nuevamente como con los buenos medicamentos fabricados en el archipiélago, que nunca llegan a beneficiar al pueblo estadounidense, tristemente bloqueado por el odio anticubano.