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El regreso de la vieja cruzada anticubana en América Latina

Por César Gómez Chacón

Las decisiones en menos de dos semanas de Ecuador y Costa Rica de romper relaciones con Cuba marcan un punto de inflexión preocupante en el panorama político regional.

Se trata, sin duda alguna, de señales claras que reviven con nitidez la política anticubana impulsada por Estados Unidos en los años 60 del pasado siglo, tras el triunfo de la Revolución del 1ro de enero de 1959.

Como antecedente más reciente está el convite organizado por Washington a principios de marzo, bajo el rimbombante título en inglés de «Shield of the Americas» (Escudo de las Américas), que reunió a 12 obedientes presidentes latinoamericanos con Donald Trump.

En ese contexto, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez calificó el encuentro como una amenaza para la estabilidad del área y denunció que algunos de sus participantes han asumido compromisos que podrían legitimar intervenciones externas.

“Es un atentado contra la Proclama de América Latina y el Caribe como zona de Paz”, afirmó el también Primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, al tiempo que alertó sobre el retorno a los postulados de la Doctrina Monroe.

Como la caída en cadena de las fichas de un dominó, varios paises latinoamericanos se suman a una agenda que, en esencia, retoma los mecanismos de presión y aislamiento característicos de la Guerra Fría.

Lo que hoy ocurre con decisiones como las de Ecuador y Costa Rica no es más que la prolongación de esa lógica. Se reedita el viejo guion: castigar a Cuba por haber llevado adelante un proyecto socialista independiente en el hemisferio occidental y en las propias narices de los Estados Unidos, como en su momento afirmara el Comandate en Jefe Fidel Castro.

En los años 60, esa “osadía” fue respondida con bloqueo económico, exclusión de organismos regionales y una política sistemática de hostilidad. Hoy, aunque los métodos se presenten con un ropaje más diplomático, la esencia sigue siendo la misma.

El alineamiento de estos gobiernos de la región a la política imperial compromete la soberanía de sus propias decisiones y pueblos, al tiempo que erosiona los principios que América Latina ha defendido durante décadas, entre ellos la no injerencia y la autodeterminación de los pueblos.

Por ello, la advertencia de Cuba trasciende su propio caso. Es un llamado urgente a la memoria histórica de la región. Porque lo que está en juego no es únicamente la relación con la Isla, sino el modelo que América Latina se está reconstruyendo para sí: uno nuevamente subordinado a las viejas doctrinas del poder imperial.

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