Respecto a los deplorables acontecimientos que condujeron al golpe de Estado del 10 de marzo de 1952 es necesario repasar sus antecedentes en el gobierno de Carlos Prío Socarrás, escenario en que se gestó aquella arremetida antidemocrática que cambio la historia de Cuba.
Las condiciones precarias en que se desenvolvió el ejercicio de la democracia bajo las administraciones del Partido Auténtico, tanto de Ramón Grau como de Carlos Prío, generaron el caldo de cultivo en que Batista pudo socavar los cimientos de las libertades contempladas en la Constitución de 1940 para hacer valer sus ambiciones de poder.
La muerte del líder del Partido Ortodoxo Eduardo Chibás, tras llevar al clímax sus campañas de denuncias contra las malas prácticas de las administraciones auténticas, generó una conmoción en la ciudadanía que tuvo eco en los fundamentos del orden social cubano. De hecho se puede afirmar que el vacío que dejo Chibás tuvo relación directa o indirecta en la posterior asonada golpista de Fulgencio Batista.
El país estaba abocado a una nueva consulta popular para elegir democráticamente un nuevo gobierno. Una encuesta pública de diciembre de 1951 realizada por la revista Bohemia daba cuenta que el candidato del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), Roberto Agramonte, era el favorito para ganar las elecciones generales previstas para 1952 con un apoyo del 29,29 % al que seguían más de cerca el candidato oficial Carlos Hevia con un 17,53 % y Fulgencio Batista por el Partido Acción Unitaria con un 14,21 %. Los políticos auténticos estaban a punto de perder el poder a pesar de las ingentes gestiones que realizaron para cooptar aliados de otras agrupaciones políticas mientras que Batista tenía opciones muy pobres no solo de ser electo sino también de ganar espacios de importancia en el congreso.
A los pocos días Batista se reunió con sus seguidores políticos en las oficinas del PAU, situadas en la calle 17 No. 306 en el Vedado, e invitó a varios militares retirados como el general Tabernilla, Manuel La Rubia, Ugalde Carrillo , Cruz Vidal y Pilar García. En ese conclave se comenzó a conspirar y estudiar posibles pasos a seguir para dar un golpe de Estado.
En aquellos momentos difíciles para ejercer la hegemonía burguesa en la sociedad cubana, Batista gestó una burda maquinación política que justificase un avieso golpe de Estado. El otrora líder del 4 de septiembre, tras una fachada de candidato respetuoso de las leyes, se dedicó a fomentar una campaña subversiva dirigida a profundizar la crisis de las instituciones públicas mediante la guerra de pandillas.
Por otro lado, el capitán del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) , Salvador Díaz Versón, hizo llegar un informe a sus superiores sobre posibles acciones que comprometían la seguridad dentro de las fuerzas armadas.Todas esas advertencias habían llegado al despacho del Presidente Prío quien tenía su atención dirigida principalmente en las elecciones convocadas y en utilizar a Batista para dividir el voto de la Ortodoxia. Lo más que hizo el mandatario fue solicitarle al jefe de Ejército, Ruperto Cabrera, que le siguiera los pasos a Batista pero Cabrera no dio pasos firmes en la detección del complot en marcha.
El 7 de febrero algunos conspiradores que actuaban dentro de las fuerzas armadas se presentaron en la Finca Kuquine de Batista para ultimar detalles del golpe de Estado que fraguaban. En ese encuentro se les orientó aumentar la propaganda para demostrar que el gobierno no podía imponer el orden y tranquilidad ciudadanas ni garantizar los derechos de propiedad y libre empresa.
Al mismo tiempo, dentro de las filas del ejército se venía gestando otra asonada golpista en paralelo a la de Batista. Desde 1951 el Capitán Jorge García Tuñón comandaba una conspiración de jóvenes oficiales para producir un cambio de gobierno mediante la fuerza. En 1952 uno de los alistados dirigidos por García Tuñón fue contactado Batista con el propósito de que colaborasen en su proyecto de golpe de Estado y aunque al principio dudaron, terminaron aceptando la oferta.
Con posterioridad se desataron varios incidentes violentos como parte la guerra entre las bandas gansteriles que generaron una creciente inestabilidad política. Se produjo así una cadena de atentados personales que formaban parte de una maquinación estimulada por Fulgencio Batista.
La directiva del PAU planificó un atentado a Alejo Cossío, quien había ostentado un alto cargo en el gobierno de Grau. A esos fines actuaron de conjunto con un grupo gansteril conocido como Acción y Trabajo por un Orden Mejor (ATOM) para lo cual captaron a su jefe, el periodista Ernesto de la Fe. A partir de entonces el PAU y la ATOM comenzaron a actuar de forma coordinada y a esos efectos los de la ATOM aprovecharon que José Jesús Ginjaume jefe de la banda gansteril Unión Insurrreccional Revolucionaria (UIR), tenía pendiente un ajuste de cuentas con Cossío para proponerle una alianza. En virtud de ese pacto fue que se produjo la muerte de Cossío que sirvió de motivación para activar el golpe de Estado. [1]
Ante el asesinato de Cossío, el presidente Prío le solicito a Orlando Puente, Secretario de la Presidencia, que elaborase un proyecto de ley para suspender las garantías constitucionales y otro para ordenar un cambio en la jefatura de la Policía Nacional. Sin embargo la mayoría de los presentes decidió que no era conveniente suspender las garantías constitucionales ya que pudiera parecer una medida acordada para favorecer a Carlos Hevia como candidato electoral del gobierno, o también una digresión para ejecutar un autogolpe del gobierno.
No obstante ante los continuos mensajes que por distintas vías le llegaban a Prío sobre el complot golpista en marcha, el presidente se reunió con todos los altos mandos de las fuerzas armadas para confrontarlos y darles a conocer que sabía que Batista estaba conspirando. En dicho encuentro los jerarcas del Ejército le aseguraron que eso no era cierto y que ninguno de ellos se pondrían a las órdenes de Batista.
Por otro lado, un seguidor cercano de Batista, Anselmo Alliegro, se hizo eco de un rumor que circulaba a partir de un presupuesto falso de que el presidente Prío estaba preparando un autogolpe de Estado. El 9 de marzo Batista realizó una campaña proselitista para recaudar votos en la provincia de Matanzas lo cual no era más que una maniobra encubridora a pocas horas de que activase el plan de golpe de Estado. Cerca de la medianoche arribó a la capital rumbo a Kuquine, la finca de su propiedad, para concertar los últimos detalles del cuartelazo.
El grupo de asalto dirigido por Batista, y los oficiales retirados Francisco Tabernilla, Martín Díaz Tamayo y Roberto Fernández se dirigieron a tomar Columbia, primer objetivo a cumplimentar dentro del cuartelazo en marcha. Seguidamente el general Tabernilla recibió la encomienda de tomar la fortaleza de la Cabaña acompañado de otros oficiales, clases y soldados logrando su propósito de tomar esa importante instalación militar.
La cadena de campamentos militares en poder de los complotados se extendió a la toma de la fortaleza de la Punta, sede del Estado Mayor de la Marina de Guerra, la cual fue ocupada por fuerzas al mando del ex capitán de fragata en retiro de la Marina, José Eduardo Rodríguez.
El golpe se consolidó más todavía partir de la toma de la jefatura de la Policía Nacional por fuerzas al mando del teniente Rafael Salas Cañizares. Después de eso Salas Cañizares, logró controlar otros puntos claves de La Habana. Tras el exitoso operativo golpista en la capital, los conspiradores trasmitieron mensajes al resto de las unidades del ejército y la Policía de todo el país para que se pusieran a las órdenes de Batista.
En ese sentido, salvo en los casos de las fuerzas de Matanzas y Oriente, que no se plegaron inmediatamente, las demás no ofrecieron resistencia y acataron la orden de La Habana. Sin embargo, llegado el mediodía los cuarteles que habían resistido se rindieron.
En tanto Prío, que esa madrugada pernoctaba en su finca La Chata, tras recibir la noticia, se trasladó hacia el Palacio Presidencial. El Presidente, tras un breve encuentro que sostuvo con dirigentes de la FEU a quienes les prometió armas para resistir el golpe, se transportó a Matanzas para articular algún tipo de resistencia al golpe sin resultado positivo alguno.
Notas:
[1] Revista Espacio Laical Número 4, 2019 VER: https://espaciolaical.net/quienes-y-por-que-asesinaron-a-cossio-del-pino-el-golpe-de-estado-de-batista/
Tomado de Cubadebate.
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