Por Isabel Díaz González
Cuba evoca este 24 de febrero el legado de la Constitución de 1976, primera carta magna con carácter socialista en la historia nacional, aprobada hace medio siglo mediante referéndum popular.
El texto, que consolidó las transformaciones políticas y sociales impulsadas por la Revolución, marcó un hito en la institucionalización del país, en un ejercicio de participación ciudadana que definió el rumbo político de la nación.
Su aprobación significó la formalización de principios como la propiedad socialista sobre los medios fundamentales de producción, el papel dirigente del Partido Comunista y la defensa de la soberanía frente a presiones externas.
Así lo evidencia las palabras del líder histórico de la Revolución, Fidel Castro Ruz, quien en diciembre de 1976 destacaba que la nueva Constitución “era fruto de la voluntad popular y garantía de la continuidad revolucionaria”.
Es un documento trascendental para la Mayor de las Antillas a decir del historiador Eduardo Torres Cuevas, recientemente fallecido, quien subrayó que el texto de 1976 no solo recogió las aspiraciones de justicia social de todo un pueblo, sino que también abrió el camino para posteriores reformas constitucionales, como las de 1992 y 2019.
A medio siglo de distancia, la Constitución de 1976 sigue siendo recordada como un símbolo de la institucionalización socialista en Cuba, como una muestra de la participación popular en el rumbo político de la nación.
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